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Pequeños aferrados al celular
 
Domingo | 16.03.2008
 

Por: Norberto Gallego y Alicia Rodríguez de Paz y Beatriz Navarro
The New York Times Syndicate

 
 
MCT/Direct

Para los operadores de telefonía móvil, los más pequeños son una reserva, una promesa de lo que será su mercado en el futuro: hay en España más de cuatro millones de niños de entre 5 y 14 años, y que son consumidores reales o potenciales.

Y el umbral de edad en el que un niño dispone de su primer teléfono móvil desciende: en noviembre, una encuesta revelaba que el 64.8% de los niños de 12 a 14 años tiene su propio móvil y que otro 17.3% usa uno prestado; la novedad es que la proporción de usuarios entre los niños de 9 a 12 años supera el 35%.

El uso de los teléfonos móviles entre los más pequeños está más extendido en el resto de Europa que en España. Tres de cada cuatro niños europeos tienen teléfono móvil desde la tierna edad de nueve años, según un estudio cualitativo realizado entre mil niños de 29 países europeos por la Comisión Europea, un Eurobarómetro sobre las actitudes de los niños hacia internet y el teléfono móvil. Con estos datos, es evidente que se trata de un mercado.

¿Una necesidad?

“A los 12 años, el uso de los móviles se dispara”, dice Gemma Zaragoza, gerente del segmento júnior de Movistar. A esa edad, lo normal es que los niños no puedan comprar un móvil, y lo pidan a sus padres o lo obtengan subrepticiamente. Pero el deseo de imitación empieza antes.

En la mayoría de los casos, el móvil es un regalo de la familia, como una concesión ante su insistencia justificada por un segundo factor: ejercer el control. Pocos de los niños encuestados por el Eurobarómetro señalaron razones de salud entre los argumentos de sus padres para no comprarles un teléfono móvil, que consiguen cuando los consideran “suficientemente maduros”. Los niños se sienten entonces satisfechos e incluso orgullosos: es un símbolo de estatus social que les da acceso a una especie de “nuevo grupo” entre sus amigos, aunque el problema del gasto limite fuertemente su uso durante los primeros años.

MCT/Direct

“Vivimos en un mundo en el que el móvil es un hecho cotidiano en la vida de las familias, pero puede no ser el instrumento más adecuado para comunicarnos con los niños”, sintetiza Marta Pons, de Imaginarium.

Esta empresa ha diseñado un móvil simplificado, el Mo1, para cuya venta en España se ha asociado con Movistar.

“A todos nos preocupan los riesgos de uso inapropiado de la tecnología, pero luego vemos que los fabricantes no comparten esa preocupación”, explica Pons.

Son muchos los padres que se resisten, hasta cierto punto, por miedo a incitar a sus hijos en usos abusivos del móvil; y, sin embargo, los mismos padres suelen traspasarles un teléfono que ellos han dejado de usar. Según Gemma Zaragoza, el Mo1 es eficaz como objeto iniciático, pero llega un momento en el que hace falta tener en catálogo teléfonos corrientes, con prestaciones atractivas para los niños y que, a la vez, den garantías a los padres.

Juguetes

PlayPack responde a ese criterio. Es un móvil de marca variable, sobre el que se ha implementado un servicio que conjuga la localización y las restricciones con la gestión del gasto. Tanto en este como en los móviles “heredados”, los padres pueden configurar a través de una página web los grados de libertad que dejan a sus hijos en el uso del terminal: números autorizados, límites de consumo y de contenidos.

También Vodafone tiene una estrategia para el público infantil, los móviles de la gama Mini, definida como “una solución responsable, que garantiza seguridad, simplicidad y control”. Los modelos disponibles son dos, con 4 y 12 teclas, con carcasas intercambiables, personajes, animaciones y melodías de Disney; lo esencial es la posibilidad de bloqueo de llamadas y mensajes a y desde los números no registrados en la agenda definida por los padres. Bajo una apariencia lúdica, todos estos móviles infantiles están pensados en función de los progenitores. Para los operadores, son medios de preservación de la fidelidad de su clientela, y una apuesta por del futuro.

MCT/Direct

El modelo sirve para los niños de 9 y 10 años, que usan el móvil sobre todo para hacer y recibir llamadas y estar localizables por los padres, algo que en general aprecian. Esto cambia a partir de los 12, cuando el teléfono se convierte en un espacio privado más que quieren alejar del escrutinio familiar. Su principal utilidad pasa a ser comunicarse con los amigos y tienden a rechazar el control que la familia ejerce a través del móvil, muy inferior al que tienen cuando usan internet. Se imponen además los mensajes de texto (“llamas a tus padres, pero mensajeas a tus amigos”).

Otros asuntos


Al temor al uso descontrolado del móvil desde edades demasiado tempranas se suman otras preocupaciones asociadas a su uso. Aparte del consumo y el miedo a perder el aparato, los niños de 9 a 10 años mencionan riesgos teóricos a los que aún no se han enfrentando, como engancharse, entrar en contacto con extraños o sufrir engaños.

En cambio, los de 12 a 14 años citaron espontáneamente el riesgo de sufrir acoso, a través de llamadas o SMS o tráfico de fotos.

“Pocos expresan un alto grado de preocupación al respecto”, según el Eurobarómetro. Y mientras los más pequeños hablarían con sus padres del problema, los de 12 a 14 años prefieren arreglarlo entre ellos; solo se lo contarían a algún amigo o hermano mayor. El estudio concluye que los niños minimizan el fenómeno del acoso, aunque algunos citaron casos más dramáticos “que podrían ser la punta del iceberg de un malestar que no se verbaliza y que tiene raíces más profundas de lo que se cree”. Pero para la mayoría no son más que una broma o un juego, aunque con un nuevo juguete, el móvil.

“¿Seguro que el móvil sirve para controlar a los hijos?”

MCT/Direct

“Es para saber dónde están en todo momento”. Este es el argumento recurrente al que acuden muchos padres para justificar la decisión de comprar un teléfono móvil incluso a niños de 8 ó 10 años. Un argumento, según los expertos, que roza más bien la excusa.

“Es aberrante. Los padres deben tener controlados a sus pequeños sin necesidad de un teléfono, sobre todo cuando apenas hacen cosas solos”, afirma Esteban Cañamares, psicólogo especialista en familia. Además, advierte que de la mano del móvil “se introduce a los niños en un mundo adulto, con sus responsabilidades y sus peligros, para el que en absoluto están preparados”.

Cómo van a controlar el gasto, tener en cuenta las llamadas que hacen y a quién pueden hacerlas, saber interpretar los mensajes publicitarios, evitar el contacto con extraños...

En su opinión, para entender por qué se da un móvil a un niño hay que tener en cuenta también las necesidades de los progenitores: “Quieren sentirse triunfadores comprando y comprando para que sus hijos tengan de todo”.

A Susana Cruz, responsable de la escuela de padres de la Federación madrileña de la Asociación de Madres y Padres, le preocupan los valores que se transmiten a los más pequeños. “Se crea una necesidad donde no la había, se les está metiendo en una espiral de consumo, contagiándoles el deseo de tener productos superfluos”.

Sugerencias

Cañamares recomienda no plantear la compra de un móvil hasta por lo menos los 13 años, mientras que Cruz prefiere, antes que hablar de una edad concreta, esperar a que el menor tenga realmente necesidad de mantener el contacto con su familia o las personas que le cuidan. Ambos especialistas afirman que con demasiada frecuencia se trata de una decisión tomada con “ligereza”, sin darle la importancia pedagógica que tiene el hecho de introducir un teléfono en la vida de un niño.

Desde su experiencia como coordinadora de una escuela de padres, está convencida de que en muchas ocasiones la adquisición de un móvil no responde a un decisión meditada. En muchos casos, asegura, los padres solo se cuestionan la utilidad y el uso que sus hijos dan al móvil cuando llega a casa una factura bien abultada o el saldo se agota en un pispás.

Para Susana Cruz, en los niños ha acabado calando la importancia que los mayores dan al teléfono móvil. No es el mejor ejemplo para los escolares la utilización abusiva que a menudo hacen los adultos del teléfono. “Resulta absurdo; en el parque llegas a ver a padres que llaman a sus hijos, aunque estén a pocos metros jugando. Igual que hacemos llamadas sin sentido para que nuestra madre nos recuerde la marca de su gel preferido”.

También pesa el ejemplo de los compañeros en clase. ¿Cómo reaccionar cuando tu hijo se ampara en que todos sus amigos ya tienen teléfono propio? “Hay que explicarle que ahora no lo necesita, que supone un gasto importante y que lo tendrá más adelante cuando de verdad sus padres crean que le conviene tener móvil”, contesta Cañamares.

 
 
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