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Turismo a la estación espacial tiene los días contados
 
Sábado | 19.04.2008
 

Por: Ignacio Ortega
Redacción de EFE

 
 
AP/Archivo

El turismo espacial como se ha entendido hasta ahora, unos 20 millones de dólares a cambio de un asiento en una de las naves Soyuz rusas con destino a la plataforma orbital, podría tener los días contados.

"El turismo espacial es una actividad obligada. Lo siento, pero tenemos que construir la Estación Espacial Internacional (EEI) no para los turistas sino para satisfacer las necesidades de los habitantes de la Tierra", aseguró Vitali Lopota, presidente de la corporación cósmica Energuia.

El director de la Agencia Espacial Rusa (Roscosmos), Anatoli Permínov, ya le ha puesto fecha de caducidad a los pasajes a la plataforma orbital: 2010. "Me temo que a partir de 2010, deberemos interrumpir el turismo espacial tal y como se practica actualmente", dijo.

Permínov explicó que "según los acuerdos internacionales, cuando se lanzan los módulos científicos japoneses y europeos, la tripulación (de la EEI) deberá ser de seis personas. En ese caso, no habrá sitio para turistas espaciales", añadió.

REUTERS/Archivo

Eso sí, matizó, "todas las personas con las que ya hemos firmado un contrato volarán a la estación", según la agencia Interfax.

El jefe de Energuia, el consorcio encargado de la construcción de los cohetes Soyuz, explicó que si el programa espacial ruso recibe la financiación necesaria, ya no tendría que recurrir al turismo como fuente de ingresos, según la agencia oficial Itar-Tass.

De lo contrario, añadió, en un futuro "tendríamos que seguir reservando espacio en las Soyuz para los turistas". Con todo, no todo está perdido para los multimillonarios que quieran gastarse parte de su fortuna en cumplir su sueño de surcar el espacio sideral, ya que Roscosmos les ofrece otra alternativa: la compra de una de las naves.

"Si un multimillonario ruso o extranjero alberga el irrefrenable anhelo de volar al espacio y residir durante una semana en la EEI, pueden adquirir una Soyuz", señaló Vitali Davidov, subdirector de Roscosmos.

Davidov reconoció que una Soyuz costaría "mucho dinero", por lo que, además de los turistas, compañías y Gobiernos también podrían adquirir las naves con el objetivo de desarrollar sus respectivos programas espaciales.

AP/Archivo

Rusia recurrió al turismo espacial a principios de esta década debido a la grave crisis de financiación que afectó a su programa especial tras la caída de la Unión Soviética, la primera potencia en enviar un hombre al espacio exterior en 1961.

Al principio, la decisión rusa de enviar turistas al espacio fue muy mal recibida por la NASA estadounidense, que consideraba que la presencia de neófitos en la plataforma distraería a los inquilinos permanentes de la EEI.

Desde el año 2000 un total de cinco turistas han viajado a la EEI a bordo de una Soyuz acompañados de otros dos astronautas profesionales. El primero de todos fue el estadounidense Dennis Tito, empresario financiero y antiguo científico de la NASA, que viajó a la plataforma en mayo de 2001, y confesó que no hacía falta ser un "superhombre" para volar al espacio.

Su ejemplo fue seguido en 2002 por el sudafricano Marc Shuttleworth, quien efectuó a bordo de la ISS algunas pruebas científicas relacionadas con el sida. Les secundó en octubre de 2005 el millonario estadounidense Gregory Olsen, un científico de 60 años, que siempre rechazó el apelativo de "turista espacial".

REUTERS/Archivo

La primera mujer en poner su pies en el ingenio espacial como turista fue Anoush Ansari, una empresaria de telecomunicaciones estadounidense de origen iraní, que se hospedó en la plataforma orbital durante nueve días, lo que supuso un nuevo récord.

El último turista en disfrutar del privilegio fue en 2007 el millonario estadounidense de origen húngaro Charles Simonyi, de 58 años, uno de los fundadores de la empresa Microsoft, creador del editor de texto Word y la hoja de cálculo Excel. El sexto turista espacial será el también estadounidense Richard Garriott, creador de juegos informáticos e hijo del ex astronauta estadounidense Owen Garriott, de 46 años, que ha tenido que desembolsar 30 millones de dólares.

Al parecer, el hombre más rico del mundo, Bill Gates, también sueña con viajar a la EEI, aunque no es seguro que vea cumplido su sueño debido a que los billetes para esa aventura parecen haberse agotado.

El multimillonario ruso Román Abramovich también se ha manifestado dispuesto a pagar 300 millones de dólares por volar a la Luna, aunque su proyecto no se hará realidad a corto plazo. Según una encuesta, un 29% de los rusos desearía viajar al espacio como turista, aunque reconoce que carece del dinero para pagarse el pasaje.

 
 
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