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Lunes | 22.09.2008
 

Por: Jonathan Gurwitz
The New York Times News Service

 
 

SAN ANTONIO (EU). -Empezaron a llegar el invierno pasado, correos electrónicos y cartas manuscritas que supuestamente revelaban la verdad oculta sobre el candidato presidencial estadounidense Barack Obama: sobre su ciudadanía, sobre su escolaridad y especialmente sobre su supuesta fe islámica. Estos mensajes a menudo contenían epítetos inmencionables.

En estilo y certeza ignorante, no eran diferentes de las misivas que durante años han afirmado que los atentados del 11 de septiembre fueron un trabajo interno o que detrás de la guerra contra el terrorismo hay un motivo de lucro.

Si piensa que ese tipo de ignorancia está reservada para extremistas derechistas, reconsidérelo. Durante las primarias de Estados Unidos (EU), leí cartas al editor y "hechos" reenviados a mí por hombres y mujeres, blancos e hispanos, cristianos y judíos de todas las clases sociales. En ese entonces, con mayor frecuencia provenían de contrariados simpatizantes de Hillary Clinton.

Los periodistas de opinión, por definición, trabajan en un campo que está cargado de minas terrestres sociológicas. Si se tiene una dirección de correo electrónico pública, es de esperar encontrar una buena parte de burlas explosivas improvisadas.

En un año electoral, hay mucho más material explosivo como el C4 y la Hexolita que lo común por ahí. Lo que es deprimente, pero no sorprendente, es cuántas de estas cargas contienen intolerancia de miras estrechas.

¿Piensa que sabe quiénes son estas personas? ¿Piensa que el prejuicio sobre la raza, el género, la edad o la religión no juegan un papel en esta elección? Reconsidérelo.

Antes de que yo formara parte de un gran jurado, pensaba que conocía sobre la delincuencia en mi ciudad, San Antonio, quiénes eran los criminales y dónde vivían; hasta que escuché la enorme cantidad de casos que los fiscales presentaron.

Los tipos que golpearon a sus esposas y molestaron sexualmente a sus hijastras, los vendedores de drogas y los drogadictos; no vivían solamente en el otro extremo de la ciudad. También vivían en vecindarios ricos y llevaban vidas aparentemente respetables.

En el fondo, siempre había querido creer que el comportamiento antisocial no conocía fronteras sociales o económicas. Prestar servicio en un gran jurado confirmó esa creencia. También me preparó para trabajar en las páginas de opinión.

En ocasiones los mensajes de "verdad" que leo son enviados de manera anónima. Otras veces son firmados por personas que viven en barrios ricos, son profesionistas exitosos y llevan vidas al parecer respetables.

Frecuentemente me río. La mayor parte del tiempo siento pena por ellos. Pero con mi impreciso mapa de comportamiento criminal, constantemente estoy revisando mi atlas mental de ignorancia e intolerancia.

Ahora Sarah Palin es el blanco de una campaña de veracidad de internet en gran medida relacionada con su fe cristiana. No repetiré las denuncias, no hay espacio suficiente. Repetiré lo que escribió en una columna rechazando las mentiras infundadas contra Obama: Hay tanto material real público que reprochar a Obama -- o Joe Biden o John McCain o Palin -- que no hay necesidad de recurrir a la ficción personal.

¿Por qué tantas personas inteligentes ayudan a perpetuar esa basura? ¿Por qué tantos individuos de otro modo imparciales son susceptibles en privado a la intolerancia, o algo peor?

Parte de lo que entra en juego aquí es la antigua psicología del partidismo: en tanto algo sea remotamente factible, es totalmente aceptable en la promoción de un propósito político más grande.

El internet añade un nuevo factor. Da a las personas decentes la capacidad de leer artículos intolerantes y francas mentiras -el tipo de basura que anteriormente aparecía solo en boletines mal mimeografiados de grupos extremistas- y luego de reenviarlos inocentemente. Así es como esas ideas pasan de lo marginal a la corriente dominante.

No lo haga. Cualquiera que sea su partido, cualquiera que sea su candidato favorito, no propague mentiras basadas en el odio y la ignorancia. No se sume a la incivilidad que ha infectado a nuestra política.

Cuando tenga duda, revise sitios web como FactCheck.org y Snopes.com, que hacen un buen trabajo separando las falsedades de internet de los hechos.

Mejor aún, aproveche la función más poco utilizada en el teclado: el botón de borrar.

 
 
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