Una historia verde

La espinaca solía ser utilizada en el pasado como un laxante, antes de que se conociera su alto contenido de hierro.

DATO. Las espinacas frescas se pueden encontrar en las secciones de vegetales de los supermercados de la ciudad capital.Thinkstock DATO. Las espinacas frescas se pueden encontrar en las secciones de vegetales de los supermercados de la ciudad capital.Thinkstock
DATO. Las espinacas frescas se pueden encontrar en las secciones de vegetales de los supermercados de la ciudad capital.Thinkstock

La espinaca se llama Spinacia oleracea. Proviene de la antigua Persia, y su nombre español viene del persa aspanakh, por medio del árabe ispinaj.

Para cuando el escritor árabe Ibn al Awam escribió sobre ella en el siglo XII, ya era considerada la “princesa de los vegetales”, y para el siglo VII ya había viajado a China y Nepal. Cuando los árabes invadieron la península Ibérica, la llevaron consigo a Europa, donde poco a poco fue desplazando a otros cultivos, como la acedera, la acelga y el ceñiglo.

Al igual que muchas otras plantas, antes de ser valorada como alimento, era utilizada para fines medicinales, no por su alto contenido en hierro (Popeye no había nacido, vamos) sino como laxante.

¿Quién quita que Catalina de Médicis haya ordenado servir espinacas en todas las comidas por esa cualidad? Lo cierto es que la infame reina, de cuna florentina, fue quien la popularizó en la corte francesa en el siglo XVI.

Desde entonces, si pides un plato “a la florentina”, te encontrarás con espinacas. En todas partes, excepto en Florencia, por supuesto, donde una bistecca a la fiorentina no te traerá espinacas, sino un trozón de T-bone.

Pero volviendo a las cualidades de la espinaca, además de ser rica en vitaminas A y K, tener hierro, magnesio y manganeso, se han identificado no menos de 13 compuestos flavonoides que funcionan como antioxidantes y anticarcinógenos: algunos extractos flavonoides han demostrado ralentizar la división celular del adenocarcinoma gástrico, y en ratones poder reducir papilomas dérmicos.

Un estudio realizado en Nueva Inglaterra, a finales de la década de 1980, mostró que su consumo es directamente inverso a la incidencia de cáncer de mamas.

Las espinacas se consiguen en latas de 27, 13.5 y 8 onzas, o congeladas en bolsas de 10 onzas o 1 libra.

Frescas se pueden encontrar en las secciones de vegetales de los supermercados, ya sea importadas o cultivadas en tierras altas: eso sí, son mucho más caras que las criollas.

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