35 horas para llegar al pozo petrolero en Darién

Un equipo de 'La Prensa' atravesó la selva darienita y encontró yacimientos de crudo. Crónica de un itinerario de 35 horas en auto, lancha y a pie, para comprobar el mito.

El viaje comenzó el pasado domingo 18 de septiembre a las 4:00 a.m. con el abordaje de un autobús tipo chiva por parte del equipo de Martes Financiero en la Terminal de Albrook. 

El primer destino fue Metetí, población de la provincia de Darién. La intención periodística: encontrar petróleo, el líquido negro que pretende explotar el Gobierno a través de una licitación en los próximos meses. 

Todavía amanece y una veintena de pasajeros, de mayoría femenina y niños, pelea contra el madrugonazo. Sus ojeras los delatan. Desde el inicio del viaje se hacía evidente que la juventud del chofer era inversamente proporcional a la velocidad de la chiva. En la radio, a todo volumen, vallenato, bachata y melodías de Menudo. 

El viaje hacia Metetí tiene dos paradas, una en la población de Agua Fría, donde un retén del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) solicita documentos de identificación y revisa el equipaje de los viajeros. La otra ocurre en Santa Fe, un pueblo donde la chiva recoge más pasajeros. 

Son las 10:00 a.m. y llegamos a Metetí. Tomamos otro colectivo más pequeño, de 12 puestos, con dirección a Puerto Quimba. Era tan pequeño que el equipaje se amarra en el techo para que todos vayan sentados un tanto cómodos durante los siguientes 45 minutos. 

La carretera al puerto es similar a las ofrecidas en las noticias de CNN de Libia o Afganistán. Los huecos en la vía obligan a zigzaguear al conductor y evitar el destrozo de amortiguadores y pasajeros. A los costados de la carretera, el ganado pasta indiferente al ruido de los motores. 

En Puerto Quimba hay otro puesto de Senafront, esta vez acompañado de un pequeño quiosco de comida con un improvisado estacionamiento. En este punto de la geografía panameña se toman las lanchas hacia La Palma, capital de Darién. El trayecto tarda cerca de una hora en una embarcación con motor fuera de borda. 

En La Palma la mayoría de las viviendas es de madera. En sus playas la gente no se baña. La razón: el agua de los sanitarios cae directamente en el inmenso mar que los enfrenta. 

En cada rincón hay música. En Darién el vallenato es como el aire... Está en todas partes. 

Los lancheros nos indican que la única manera de llegar a Garachiné, uno de los pueblos inmersos en la leyenda del petróleo, es estar desde las 7:00 a.m. del lunes en el embarcadero a la espera de una embarcación que nos lleve por 18 dólares por persona. 

A la hora aconsejada, estuvimos frente al embarcadero. Después de cuatro horas y media de espera, llega un bote con destino a la población de Sambú, cercano al nuestro. Negociamos con el lanchero, y logramos convencerlo de hacer una parada previa en Garachiné. De no haber aceptado, tendríamos que esperar otras 48 horas en La Palma, pues las embarcaciones solo salen a este poblado los días lunes, miércoles y viernes. 

Antes del viaje los pasajeros, en su mayoría pescadores y profesores, se aseguran de llevar una carga muy preciada en Sambú: decenas de galones de helado. Allá, ninguna empresa vende el "manjar" y son los propios habitantes los encargados de multiplicar sonrisas repartiendo el frío regalo. 

Con la marea baja y luego de hora y media en la lancha, nos bajamos a 400 metros de la orilla de la playa y caminamos descalzos sobre conchas marinas. 

Ya en Garachiné, después de registrarnos obligatoriamente en otro puesto de Senafront, preguntamos en el pueblo por un antiguo campo petrolero abandonado desde 1928 por la empresa Gula, experta en exploración de yacimientos. 

Un hombre cargando cemento en una carretilla nos comenta sobre alguien que nos puede llevar al sitio. Luego de una rápida búsqueda de nuestro guía, emerge de una calle aledaña el campesino Abel López, quien se ofrece gustosamente a llevarnos a un costado de su propiedad "donde el petróleo sale del piso". 

Tras cuadrar el costo del viaje, Abel solicita la ayuda de otros dos campesinos del área para llevarnos en un vehículo de doble tracción. 

El viaje en la parte de atrás de la camioneta se hace de pie. Está lloviendo. Es la 1:00 p.m. y ya se percibe con mayor intensidad que estamos cerca de nuestro objetivo negro. 

El trayecto por el camino de tierra toma media hora hasta llegar al sector de Calle Larga. Allí uno de los lugareños levanta unos troncos que sirven como división de una finca, y comienza otro trayecto de otros 30 minutos atravesando cuatro fincas sucesivas. 

Al hacerse el camino intransitable para el vehículo, los cinco visitantes (los tres campesinos, la fotógrafa y el periodista) comienzan un largo trazado a pie. 

Aunque nativo de estas tierras, Abel no siempre vivió aquí. De 53 desgastados años y machete en mano, abre trocha por los matorrales y recuerda su paso por la policía, cuerpo del cual salió a mediados de la década de 1980 por "descubrir un acto de corrupción". 

A 34 horas de haber salido de Panamá, caminamos por el fango y la cruda realidad es que no hemos visto petróleo. Atravesamos un manglar y nuestros pies se topan con un cangrejal de cientos de miles de crustáceos negros del tamaño de una moneda de 50 centésimos de dólar. 

Cansados y sudorosos, Abel nos sorprende al girar la cabeza. Nos sonríe. 

"¡Llegamos!", comenta con el machete en la mano apuntando a un charco negro. Estira su mano, la sumerge y la saca para enseñar cómo el pegajoso y oscuro líquido se impregna en su palma. 

La odisea de 35 horas ha culminado. 

Aquí está el petróleo. 

Son las 3:17 p.m. del martes y tras un extenuante viaje, el diario La Prensa registra para la historia la emanación del oro negro en tierras darienitas. 

En la edición de Martes Financiero, conozca los planes del Gobierno para licitar a empresas internacionales dos cuencas sedimentarias en Darién y entérese de los riesgos y beneficios incluidos en la búsqueda del llamado oro negro en territorio panameño.

Vea aquí la nota relacionada: Darién huele a petróleo

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