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22 feb La buena educación necesita recursos

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Nuestro sistema educativo tiene muchos vacíos por superar. Nuestro sistema educativo tiene muchos vacíos por superar.
Nuestro sistema educativo tiene muchos vacíos por superar. LA PRENSA/Archivo

Estamos en las fechas en que se manifiestan las letanías de escuelas sin mantener, maestros con bajos salarios, estudiantes desmotivados, y un sistema educativo disfuncional. La gran verdad es que lo más simple de resolver, el mantenimiento de las infraestructuras, es imposible para el Estado panameño, que carece de una cultura de mantenimiento preventivo y de las capacidades institucionales para poder enfrentar estas tareas. De allí, que la mayoría de los edificios públicos se vean deteriorados e incluso pueden ser peligrosos para sus usuarios.

Alguna vez, existió en Panamá un ente llamado Ministerio de Obras Públicas (MOP) que tenía entre sus tareas el mandato de darle mantenimiento a las escuelas y otros edificios gubernamentales. Con el aumento del número de las escuelas, el propio Ministerio de Educación (Meduca) desarrolló una Dirección de Mantenimiento que se encargó de asumir las necesidades de sus propias escuelas. El sistema funcionó muy bien, al punto que el Colegio Artes y Oficios fabricaba y reparaba las sillas y pupitres, incluso los tableros que usaban las escuelas panameñas.

Esto terminó cuando la cultura del botín se apropió del MOP y del Meduca: El MOP es un despacho que existe para dar contratos ineficientes para darle mantenimiento y construir infraestructura pública que muy posiblemente el Estado panameño no tenga capacidad de cuidar para las próximas generaciones. El Ministerio de Educación, donde uno de cada cuatro empleados del Estado panameño trabaja, existe esencialmente como un mecanismo de transferencia a los gremios educativos, y en segundo lugar, su misión formar y capacitar a los estudiantes panameños debe competir por recursos destinados a su gigantesca burocracia. El MEDUCA tiene aproximadamente un administrativo por cada cuatro educadores.

¿Cómo transformar esta situación verdaderamente tercermundista en una realidad institucional que potencie el talento de la gran mayoría de los panameños?

La principal barrera a superar es el ciclo presupuestario del Estado panameño. Este problema lo comparte el MEDUCA con todas las otras instituciones. Pero en el tema educativo y en el de salud es donde más se evidencia que el asunto no va bien. El presupuesto se aprueba a finales de año para que, con suerte, los actos públicos de contratación se den en enero y mágicamente las escuelas queden reparadas para febrero.

Además, el sistema educativo presume que los directores de escuela son una versión tropical de los superhéroes de Marvel y poseen poderes fantásticos que les permiten administrar, supervisar, orientar y desarrollar todas las tareas complejas que requiere la gestión de un centro educativo, con pleno conocimiento y el mejor manejo burocrático. Por cierto, al reducirse el tiempo de descanso del verano de tres meses a dos, eso también le quitó un mes más a las tareas de mantenimiento.

El problema presupuestario se puede resolver de dos formas. La primera sería adelantando la fecha del año fiscal al primero de octubre, lo que permitiría poner el presupuesto en línea en noviembre y realizar los actos públicos de mantenimiento para que empezaran a mediados de diciembre, justo cuando los estudiantes se han marchado de las escuelas y colegios. Esto le daría casi dos meses y medio para realizar todo tipo de mantenimiento a los centros educativos y con ello empezar en mejores condiciones el año escolar. Sin embargo, tengo la impresión de que aunque lo propuesto en el párrafo anterior ayudaría, el océano de problemas que enfrenta la educación panameña requiere de una solución mucho mayor.

En la parte de gestión de recursos, hay que ser sumamente innovadores y pensar fuera de la caja, es más, si es posible reciclar la caja y sacarla por completo del escenario, podemos empezar a reconstruir el sistema educativo. Vamos a crear dos instituciones que acompañen a la gestión del sistema educativo. Por un lado, establezcamos un Patronato Nacional de Educación (Panamá Educa), que administrará el Fideicomiso Nacional para la Educación.

¿Para qué sirve el fideicomiso?

Para financiar de manera continua e ininterrumpida el mantenimiento y construcción de centros educativos y la generación de nuevas capacidades educativas para el país que explicaré más abajo.

¿Cómo se financia el fideicomiso?

Las soluciones educativas no son baratas ni pueden estar inspiradas con un criterio de ahorrar gastos. Seguramente hay muchas ineficiencias en el sector educativo que se podrán corregir a mediano y largo plazo. La fuente principal del fideicomiso tiene que venir de otra parte. La población no aguanta más impuestos. El Estado no puede adquirir nuevas deudas mientras estemos en un agujero financiero producto del legado de los proyectos llave en mano y de la lentitud de la economía actual.

Los recursos pueden venir de la venta de las acciones que el Estado tiene en Cable & Wireless Panamá, empresa operadora del sistema de telecomunicaciones y que fue privatizada hace veinte años, quedando el Estado con el 49% de las acciones.

Las utilidades que CW Panamá le produce al Estado se han ido reduciendo paulatinamente en los últimos años producto del cambio tecnológico y la modificación de las conductas de los jóvenes. Este es el mejor momento para salir de estas acciones, ya que en los próximos años el llamado “Internet de las cosas” y la agrupación de servicios de televisión/telecomunicaciones y los nuevos supercelulares acabarán con la telefonía fija y, por lo tanto, con el negocio principal de lo que alguna vez fue el Intel. Calculo que el 49% propiedad del Estado debe valer entre mil 200 a mil 500 millones de balboas. Lo mejor en que se puede invertir ese dinero es en la educación de los panameños. 

El fideicomiso no termina allí. Falta un ingreso más. Lo pondré en palabras simples, la Lotería Nacional de Beneficencia se ha transformado en una cueva de clientelismo y malos hábitos empresariales. Una permanente fuente de frustración para los panameños y una burocracia estatal incapaz de imprimir los billetes de lotería sin errores: Propongo privatizar el 50% más la administración de la LNB. Seguramente, con lo chingueros que somos los panameños, la nueva empresa producirá muchísimas utilidades al Estado y estimo que la venta del 50% de la Lotería debe producirnos unos 750 millones de balboas. 

Entonces el fideicomiso de la educación partiría con dos mil millones de dólares para hacer tres cosas: primero mantenimiento ininterrumpido de las escuelas y colegios a nivel nacional. Segundo, atender el gran agujero negro de la educación panameña, es decir, desarrollar un sistema de educación pre escolar para los infantes de dos a seis años que a nivel nacional no tienen esa oportunidad. Es en esas edades cuando se pierden los cerebros, se adquieren los hábitos de aprendizaje y se previenen la gran mayoría de las patologías sociales. Esto es tan importante que la mitad del fideicomiso debería dedicarse a resolver este enorme problema. Propongo que nos enfoquemos en los 200 mil niños y niñas más pobres de Panamá. Con una buena educación, alimentación y actividades físicas, deportivas/artísticas y el apoyo emocional que recibirían estos chicos a estas edades, derrotaremos a las bandas, acabaremos con los ninis y llevaremos el país hacia una sociedad del conocimiento.

El tercer gran asunto para el fideicomiso es reducir la desigualdad que tienen los chicos que se gradúan de las escuelas públicas frente a sus pares de las escuelas privadas. Aunque dicha desigualdad tiene muchas manifestaciones, la principal para la sociedad y economía en que vivimos, es el dominio del inglés.

La iniciativa de Panamá Bilingüe es maravillosa. Formar a miles de maestros y profesores en países de habla inglesa ayudará enormemente al país a largo plazo. Eso por supuesto hay que hacerlo pero también hay que hacer algo más inmediato con los graduados de las escuelas públicas que ven sus oportunidades de mejorar su nivel de vida restringidas por falta del dominio del inglés.

Aquí el fideicomiso podría enviar al extranjero a los 10 mil mejores graduados de las escuelas públicas cada año, a estudiar un año de inglés fuera del país. Esto permitiría darles nuevas herramientas de conocimiento, cerrar la brecha social que divide al país e impulsar la iniciativa y la energía de los jóvenes a nivel nacional. Mientras Panamá Bilingüe forma a los maestros y profesores, Juventud Bilingüe formaría a los jóvenes de las escuelas públicas.

Existen otros vacíos a superar por nuestro sistema educativo. El rediseño total del curriculum educativo para que el sistema genere ciudadanos responsables, emprendedores, con alta autoestima y capaces de aprender y desarrollar distintas habilidades, requerirá que todos los panameños nos comprometamos para que en los próximos diez años tengamos el mejor sistema educativo de América Latina. Quizás, diez años más tarde, podamos aspirar a tener uno de los mejores sistemas educativos del mundo. Así empiezan a realizarse los grandes sueños.

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