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25 sep La paz en Colombia y la obligación panameña de apoyarla

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El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (Izq.), saluda al jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño (2° Der.), alias Timochenko, junto al presidente de Cuba, Raúl Castro (c), después de la firma del acuerdo alcanzado entre el Gobierno colombiano y las FARC el miércoles 23 de septiembre de 2015. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (Izq.), saluda al jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño (2° Der.), alias Timochenko, junto al presidente de Cuba, Raúl Castro (c), después de la firma del acuerdo alcanzado entre el Gobierno colombiano y las FARC el miércoles 23 de septiembre de 2015.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (Izq.), saluda al jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño (2° Der.), alias Timochenko, junto al presidente de Cuba, Raúl Castro (c), después de la firma del acuerdo alcanzado entre el Gobierno colombiano y las FARC el miércoles 23 de septiembre de 2015. EFE/Orlando Barría

La firma del acuerdo para la creación de una jurisdicción especial para la paz es solo el comienzo de un proceso largo, que seguramente sufrirá retrasos y sobresaltos. Sin embargo, es el camino correcto para la convivencia pacífica de nuestros vecinos del sur y, posiblemente, sirva de mecanismo para tranquilizar a una parte importante de América Latina y el Caribe.

Durante el siglo XIX, Nueva Granada padeció de múltiples guerras civiles, la gran mayoría vinculadas a conflictos entre el Partido Conservador y el Partido Liberal. Cuando el país adoptó el nombre de Colombia, siguió la tradición de guerras fratricidas. Quizás para los panameños, la más famosa de ellas, la Guerra de los Mil Días.

El siglo XX colombiano se vio marcado por nuevos conflictos, y a partir del 9 de abril de 1948, con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, empezó una larga época de violencia, represión, insurrecciones y, finalmente, guerrillas y paramilitares. Estas fuerzas mezcladas con el tema del narcotráfico han definido las décadas más recientes de Colombia.

Panamá siempre tuvo un rol preponderante en el conflicto colombiano. Desde las fortunas criollas edificadas con el lucrativo negocio del contrabando de armas, hasta la función de refugio seguro que el país ofreció a los capitales colombianos, guerrilleros y narcotraficantes, e incluso para uno que otro intento de iniciar un proceso de paz.

Lo cierto es que para que la paz en Colombia sea viable y sostenible, Panamá debe colaborar activamente en este esfuerzo en cuatro frentes específicos:

1. Intercambio Judicial. La cooperación en las investigaciones y en materia judicial para ayudar a identificar a las víctimas, colaborar en la captura y procesamiento de aquellos responsables de acciones tan serias que son consideradas como de lesa humanidad. Se necesitará que, por ejemplo, el Ministerio Público designe a un fiscal para apoyar las investigaciones requeridas por la Jurisdicción Especial para la Paz en Colombia

2. Asistencia en la recuperación de bienes y fondos. Uno de los compromisos fundamentales de los acuerdos de paz es la reparación económica de las víctimas o sus familiares. Es evidente que, en muchos casos, los bienes y fondos que distintas organizaciones y personas dispusieron de forma ilícita tuvieron como destino Panamá. Basta saber que, por ejemplo, 70 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Alemania e Israel todavía están buscando bienes derivados de los saqueos de los nazis.

3. Concordancia en la política comercial y de seguridad regional. Panamá va a tener que enseriarse en materia aduanera y en temas como el tráfico de armas y/o de sustancias, tales como explosivos o precursores de narcóticos. De esta forma, el país evitaría que los nuevos controles de armas y la destrucción de armamentos en Colombia sean letra muerta. Igualmente, Panamá debe tener mucha claridad sobre la política de asilo, sobre todo porque quienes se pueden beneficiar de ella pudieran ser aquellas personas responsables de grandes crímenes o testigos claves en investigaciones judiciales.

4. Colaboración con la Comisión de la Verdad. Uno de los aspectos más novedosos de la Jurisdicción Especial para la Paz en Colombia es el hincapié en documentar la verdad histórica de los hechos acaecidos en Colombia. Sobre este tema, hay mucha información dispersa en Panamá. La bibliografía reciente, con libros como Pablo Escobar, mi padre hasta el Cartel de los Sapos involucra sustancialmente a Panamá en capítulos clave del conflicto armado colombiano.

En conclusión, para que los acuerdos de paz funcionen plenamente, Panamá deberá ser un actor serio y responsable comprometido con el ideal de la paz. Bien podría ser que, de esta experiencia, nosotros mismos aprendiéramos a resolver nuestros propios conflictos.

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