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16 sep Cuando nos describen como resentidos ambientales

No podemos planificar la suerte. Quizás por eso alguien en la radio pensó que los “resentidos ambientales” se aprovecharían del desastre para lucrar políticamente y avanzar su ideología anti-empresarial.

Según datos del Sinaproc, 2 mil 266 personas resultaron afectadas por las lluvias. En la foto una residente de Juan Díaz. Según datos del Sinaproc, 2 mil 266 personas resultaron afectadas por las lluvias. En la foto una residente de Juan Díaz.

Según datos del Sinaproc, 2 mil 266 personas resultaron afectadas por las lluvias. En la foto una residente de Juan Díaz. Foto por: LA PRENSA/Roberto Cisneros

Mil personas afectadas, dos lesionados, 250 vehículos inundados, 40 deslizamientos y 12 árboles caídos dejaron las fuertes lluvias registradas este jueves en las provincias de Panamá y Panamá Oeste, según el balance preliminar dado a conocer por la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC). Mil personas afectadas, dos lesionados, 250 vehículos inundados, 40 deslizamientos y 12 árboles caídos dejaron las fuertes lluvias registradas este jueves en las provincias de Panamá y Panamá Oeste, según el balance preliminar dado a conocer por la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC).

Mil personas afectadas, dos lesionados, 250 vehículos inundados, 40 deslizamientos y 12 árboles caídos dejaron las fuertes lluvias registradas este jueves en las provincias de Panamá y Panamá Oeste, según el balance preliminar dado a conocer por la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC). Foto por: LaPrensa/Roberto Cisneros

Corría el año de 1975 o 1976 cuando una copiosa lluvia inundó mi casa. A una cuadra del edificio AVESA, mi madre corría eufóricamente para tratar de salvar alfombras, mientras que mi padre trataba de evitar que la fuerte corriente se llevara los tanques de gas de la cocina. No recuerdo con exactitud quien me subió a la mesa del comedor donde, junto a pailas y cajas de documentos, divisaba los estragos del agua.

Cuando bajó el nivel del “vital líquido”, es decir la mañana siguiente, descubrimos los daños causados a nuestra vida familiar. Cuarenta años de libros de mi padre quedaron totalmente destruidos, así como la lavadora y numerosos otros objetos cuyo valor material era probablemente insignificante pero cuyo valor emocional era infinito.

Mi padre perdió casi todas las fotos de su madre y familia. Mi madre perdió una gran cantidad de sus escritos, de los que no había otra copia en el mundo. Yo perdí casi todas mis gallinas de patio pero gané una gigantesca tortuga que quedó varada en la casa, muy posiblemente desplazada de algún sitio lejano y que encalló a unos metros de la Vía España.

Mi padre y otros vecinos fueron en grupo a recorrer el barrio para ver los daños sufridos en la comunidad. Recuerdo que el viejo musitó algo sobre unos edificios que estaban construyendo a un costado de la iglesia del Santuario. En lo que sería muy similar a lo que afirmarían los vecinos de Juan Díaz, las construcciones nos taparon los riachuelos y nos castigaron por ser vecinos del progreso.

Meses más tarde, un juez civil y unos peritos junto a unos señores ensacados caminaban frente a mi casa, buscaban el sitio donde debería estar la tapa de la alcantarilla pero no la encontraban. Finalmente, uno de los funcionarios preguntó a mi madre que divisaba todo desde el pequeño portal de nuestra casa, ¿Dónde estaba la alcantarilla? Mi madre le indicó que a unos pasos, en medio de la vía, solía estar pero que le habían puesto asfalto por encima. Con pico y pala y bajo un sol candente, varios trabajadores recuperaron la alcantarilla, levantaron la tapa y empezaron a limpiar. Nunca supe cómo terminó aquel caso de justicia ambiental urbana en que el lucro privado representaba una fracción insignificante del daño social causado.

Mientras escuchaba la radio, el fin de semana posterior al 10 de septiembre, escuché el comentario que capturó mi imaginación. Palabras más palabras menos, el comentario iba de que había que evitar que las inundaciones fueran utilizadas como excusas por los “resentidos ambientales” para detener los proyectos de inversión que generaban mucho empleo y modernizaban a nuestra sociedad.

Pensé que alucinaba, me parece justo que esté resentido si vive en Condado del Rey, Juan Díaz, Pedregal o en Punta Pacífica y súbitamente su casa o su negocio se inundan porque las nuevas construcciones en el vecindario han tapado el río, han rellenado su terreno creando en la práctica una meseta que canaliza toda el agua hacia las viviendas de sus indefensos vecinos.

¿Cuál sería su reacción? Me imagino que lo último que tendría cualquiera de las víctimas de semejante atropello, sería sentimientos de profunda admiración hacia los promotores e ingenieros que le hicieron la torta.

El viernes 11 de septiembre, moradores de Juan Díaz trataban de salvar algunas pertenencias. Expandir Imagen
El viernes 11 de septiembre, moradores de Juan Díaz trataban de salvar algunas pertenencias. LA PRENSA/Roberto Cisneros

En sus declaraciones después de recorrer el área del desastre, el Presidente Juan Carlos Varela afirmó que no había que buscar culpables sino soluciones.

El asunto es que lo ocurrido fue el producto de un delito no en sentido figurado si no como una conducta calificada por nuestro Código Penal como un ilícito:

“Artículo 414. El promotor o el concesionario que incumpla los estudios de impacto ambiental, auditorías ambientales o programas de adecuación y manejo ambiental, planes de manejo ambiental, planes de manejo forestal, inventarios forestales u otros documentos de naturaleza similar aprobados por la Autoridad Nacional del Ambiente, o la resolución que los aprueba, será sancionado con prisión de dos a cinco años.

Cuando del incumplimiento se produzcan graves daños a la salud humana o al ambiente o a algunos de sus componentes, o a las actividades económicas, la sanción se aumentará de una tercera parte a la mitad.“

Otro supuesto, puede ser el siguiente:

"Artículo 420. Quien incumpliendo la normativa existente construya o urbanice poniendo en grave riesgo al ambiente o la vida de la población será sancionado con prisión de dos a cuatro años."

Estas normas no llegaron al Código Penal de forma accidental, si no que fueron el resultado de la inundación de Prados del Este, que en septiembre de 2004 provocó una crisis humanitaria similar a la que vivimos en la actualidad.

Es cierto que el jueves 10 de septiembre llovió arriba de 160 milímetros en cuestión de un par de horas. Esas son poco más de 6 pulgadas de lluvia, o el equivalente a lo que llueve en un mes en la provincia de Los Santos en temporada de invierno. Este tipo de lluvias serán cada vez más comunes en nuestro futuro cercano. Esta afirmación no es mía es de la NASA. En el 2008 se hizo un estudio conocido como TC4, la agencia espacial de Estados Unidos estudio nuestro clima y los patrones atmosféricos desde el nivel del suelo hasta las altas capas de la atmósfera.

Si mucho de lo que está pasando, tanto las intensas sequías como las megalluvias, se había anunciado con tantos años de anticipación, ¿por qué no hicimos nada? El gobierno anterior tomó la institucionalidad ambiental como un obstáculo al modelo de negocios que pusieron en práctica. Algunos de los mejores técnicos y científicos que ha tenido Panamá fueron despedidos de la ANAM, de ETESA y de SENACYT. El país dejó de financiar importantes monitoreos de la calidad de agua de los ríos, e incluso abandonó el mayor estudio longitudinal sobre las evidencias del cambio climático en Panamá. Ese legado y el saqueo de nuestros ríos para especular con hidroeléctricas, junto al saqueo que representó la minería metálica para jugar a la bolsa en Canadá, nos dejaron totalmente desprotegidos.

Ahora mismo, tengo una pertinaz lluvia encima del techo de mi oficina. Al fondo se escuchan los truenos de los relámpagos muy típicos de Panamá. Estoy seguro que para la gente de Samaria, Pedregal o de muchos otros barrios de nuestra ciudad, existe la doble preocupación de que se les inunden sus casas, o que les caiga encima un muro o un cerro cercano. También estoy seguro que el SINAPROC, la Policía y los Bomberos están monitoreando las áreas críticas para actuar.

De lo que no tengo la más mínima seguridad es si en la Cámara de Comercio o en la CAPAC alguien se está preguntando por mejorar las prácticas inmobiliarias y constructivas del país. Me preocupa que el MOP y el MIVIOT hagan planes y proyectos sin tomar en cuenta al cambio climático y a los hábitos de vida de nuestra gente.

Al menos cuatro veces entre el 2004 y el 2010, las lluvias de Panamá superaron récords centenarios. Tuvimos suerte porque con esos mismos datos Colombia llegó a tener casi 2 millones de damnificados y Costa Rica arriba de 100 mil.

No podemos planificar la suerte ni esperar que siempre tengamos la capacidad de correr para salvar a alguna comunidad. Quizás por eso alguien en la radio pensó que los “resentidos ambientales” se aprovecharían del desastre para lucrar políticamente y avanzar su ideología anti-empresarial. Ojalá a esa persona no se le inunde jamás su casa y no tengamos los demás que ir a salvarlo.

El cambio climático y la injusticia son las dos amenazas más grandes que enfrenta nuestro país. Todavía hay esperanza para que nuestro gobierno las tome en serio, y asigne los recursos y el talento necesarios para atender estos dos retos, antes de que se nos conviertan en uno solo.

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