Las redes ya no traen tantos peces

Felícito, un pescador artesanal panameño, cuenta sus vivencias en la actividad que ha reportado menos ingresos

Felícito tiene 46 años y cuatro hijos menores de 15 años. Vive en Boca la Caja, en “un cuarto alquilado”. Desde la mayoría de edad, el mar es su única fuente de ingresos.

Un sábado por la mañana, Felícito esperó a un equipo de Prensa.com a orillas de la Bahía de Panamá, a 200 metros de su casa. Su hijo Félix, de 14 años, estaba en el puerto para llevarlos hasta la barca de su padre, quien contará cómo ha cambiado la actividad pesquera en los últimos 20 años (en el video encontrará la historia completa).

Rumbo a la faena

Para subir a la embarcación caminamos por encima del conducto de tubería que expulsa los desechos de la ciudad al mar, bajo el Corredor Sur.

Luego de pasar ese tramo pisamos de nuevo tierra y también el lodo negro y maloliente que hay en el lugar.

Felícito estaba allí, en su bote. En la barca también aguardaba su segundo hijo, Luis Fernando. Todos listos, zarpamos.

Ese día, Felícito solo daría un paseo por la zona costera para mostrar el arte de la pesca, aunque usualmente su faena la realiza mar adentro.

El mar estaba en calma y el sol radiante. A medida que la embarcación avanzaba se respiraba un fuerte olor putrefacto.

Mientras, en las aguas de la bahía se veía a los pequeños botes con sus redes en agua, en algunos van menores de edad que también se dedican a la actividad pesquera.

Actividad pesquera

Pero Felícito dice que la pesca ya no se mueve como antes ni deja los ingresos suficientes porque apenas alcanzan para vivir.

Felícito no pesca cerca de la costa de la ciudad de Panamá. Él va hasta Chimán o Tocumen. Atrás quedaron los viajes a Darién, donde también realizaba sus actividades.

¿La razón? Con el alza de la gasolina, el pescador se ha visto obligado a recortar distancias. En un viaje hasta Darién, que podría durar una semana, se gastaría  $700. Según el pescador es mucho dinero para un esfuerzo que parece no recompensarle económicamente.

“Esto no da nada”, repite una y otra vez resignado. “A veces gano $30, otras $20, otras $40 y otras apenas me da para cubrir los gastos”, afirma.

En efecto, la actividad pesquera ha ido mermando. Según datos de la Contraloría, la pesca aportó en el 2010 al producto interno bruto (PIB)  $229.4 millones, casi un 50% menos que en 2008.

Las pérdidas registradas en este sector se iniciaron con la crisis financiera de 2008. A lo que habría que sumar el aumento de los costos de operación y la disminución de los puntos de venta, señaló Valerio de Sanctis, de la Asociación de Panameña de Exportadores.

Es por eso que Felícito mira a sus hijos y no se cansa de decirles: “Lo mejor es que cada uno tenga sus estudios, y luego su trabajo, su seguro, sus vacaciones”. 

Todo indica que quiere que sus hijos lleguen a su edad lejos del mar. “No le recomiendo esto a nadie”, insistió.

Mira hacia la ciudad y observa el perfil de torres que hay en Punta Pacífica y asegura que él quiere dejar la pesca. “Yo quiero dejar esto ya. Me quiero ir a la construcción”.

Cientos antes de él ya decidieron dejar la pesca. “Muchos se han ido como marinos y otros a [trabajar en barcos] atuneros más grandes a pescar”.

Además, reconoce que con el boom de la construcción la mayoría de los pescadores se cambiaron de sector.

Otros, incluso, se han ido a trabajar en el turismo.

Valerio de Santis reconoce que en algunas zonas como en Coclé, los resorts se están llevando gente.

Otros van y vienen

Luis Aponte, inspector en el Muelle Multifunciones, señala que hay un grupo de trabajadores que se les considera grupo flotante, son pescadores que “van y vienen al sector”.

Serían aquellos que si les sale una oportunidad de trabajo diferente, dejarían las redes en casa. Y si después de concluirla se quedan sin trabajo, vuelven a retomar la pesca.

Felícito dice que ha visto a muchos compañeros ir y venir. Pero, a pesar de los altibajos ha seguido en la pesca.

Su barco tiene nombre, se llama “Luis Fernando”, el mismo nombre del segundo de sus hijos. Felícito se hizo con la barca hace diez años. Recuerda que le costó $8 mil.

“Hay mucha gente que dice que llega y tira la red y coge mucho pescado. Yo muchas veces me voy ocho días y cuando venimos sólo tenemos para pagar los gastos. El pescado está duro y mucho bote también”, cuenta Felícito.

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