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02 oct Carreras Clandestinas, 7 años de carcel

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Antes que nada, hay que dejar un punto en claro: las carreras en vías públicas son peligrosas, no solo para los pilotos, sino para los pasajeros, peatones y otros autos.

Con esto claro, entendemos que lo que para algunos es una pasión, es un peligro para todos.

El automovilismo existe desde la primera carrera registrada en 1894. El hombre siente la necesidad de competir, y esta actividad no es una práctica extraña. Está regulada por organismos internacionales, y a su alrededor se mueven miles de millones de dolares.

El día de ayer, el diputado Abraham Martinez presentó un proyecto de Ley que sanciona la práctica de carreras clandestinas con presidio de cinco a siete años, y hoy este proyecto es discutido en la Asamblea Nacional, en algo que parece una locura, dado que la legislación penal ya regula este tema. Además de que la ley es represiva, y el tema de la educación y prevención queda una vez más en el olvido.

La mala praxis de esta disciplina en las calles debe ser penada, por el riesgo que conlleva para la salud y seguridad pública. Pero, ¿siete años de prisión? ¿no es esto caer en un exceso?

El Código Penal actual en el artículo 133 estipula que:

“Quien, culposamente, cause la muerte de otro será sancionado con pena de prisión de tres a cinco años. Si del hecho resulta la muerte de varias personas o la muerte de una persona y la lesión de otras personas, la sanción será de tres a seis años de prisión.”

¿Tiene sentido esto? ¿Es más culpable el que corre en las vías que un asesino?

Lo más curioso es que en el mismo texto del código penal, el tema de las carreras clandestinas ya está penado bajo el siguiente texto:

“Artículo 134. Las sanciones señaladas en el artículo anterior se aumentarán en la mitad de la pena cuando el delito en él previsto sea cometido en accidente de tránsito terrestre, aéreo o marítimo, en cualesquiera de las siguientes circunstancias:

1. Cuando el autor se encuentra en estado de embriaguez o bajo la influencia de droga ilícita. 

2. Cuando es producto de una competencia de velocidad entre vehículos de motor en lugar no destinado para ese fin."

Se entiende que ya existe una pena de cárcel por afectar la salud de una persona o la vida durante esta práctica ilícita, pero equiparar la pena de la práctica con la de sus consecuencia en un accidente parece perder cualquier coherencia.

Más que castigar, la pregunta se encuentra en saber qué está haciendo el Gobierno por eliminar esta práctica por medio de docencia y control.

Las cámaras de velocidad eran una buena política para evitar las carreras clandestinas, pero no fueron colocadas en los lugares donde se realizan estas prácticas, y peor aún, lo triste es que se encontraban de forma oculta, más enfocadas en la represión y no al control.

Los grupos de aficionados organizados tenían hasta hace poco la oportunidad de correr en la conocida pista de Rio Hato, pero esta opción desapareció con el progreso. No se les brindó otra salida, con otras pistas para desarrollar la actividad.

Por otra parte, tratar de satanizar los autos modificados es deprimente. En especial, cuando no existe un marco legal que determine en qué consiste una modificación; de por sí, la Ley de Emisiones nunca se ha puesto en práctica, y el revisado vehicular no es más que un acto protocolar que no cumple con garantizar la integridad y seguridad de los automóviles en la vía.

Sin política que reglamente las medidas de seguridad de autos que son importados al país, ni sus emisiones, tecnología, y la falta de apoyo a los vehículos ecológicos, existen muchos otros elementos que estudiar a la hora de reglamentar el patio automotor en lugar de dejarse llevar por pasiones. Falta orden y un plan de acción.

La mejor forma de evitar estas prácticas es abrir paso a una educación vial integral. Implementar medidas de prevención, no por medio del castigo sino por medio del control y monitoreo de las vías de alta velocidad. Creando una Ley para homologar autos modificados como ya existe en países más avanzados.

El apoyo a los que desean practicar e incursionar en este deporte es importante, y cambiar el enfoque negativo para desarrollar la industria automotriz en el país en conjunto con el espectáculo de los motores, en un país de tan fácil acceso para la región como el nuestro, un autódromo sería un excelente negocio. Turistas, industria y deporte completarían la visión de país, al que ya muchos medios han denominado “el Singapur de las Americas”, pero a diferencia del verdadero Singapur, ellos cuentan con un campeonato de Fórmula 1, que atrae más de 40 mil turistas y deja al Estado cerca de 56 millones de dólares.

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