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08 ene 'Árbol de la vida', hermosa reflexión sobre la existencia humana

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Hoy los miembros de la Sociedad Nacional de Críticos de Cine de Estados Unidos compartió lo que para ellos fue lo más relevante del séptimo arte en  2011 y sus títulos no coinciden del todo con lo ya anunciado por el Globo de Oro o el Sindicato de Actores de Estados Unidos, para mencionar dos casos de colectivos influyentes dentro del mundo del entretenimiento.

Para mis colegas norteños, la película más relevante del año fue el drama Melancholia, de Lars von Trier y consideraron que Kirsten Dunst, la figura central de esta cinta, fue la mejor actriz del año pasado.

Los integrantes de este selecto grupo, integrado por 58 críticos de cine de la Unión Americana, le otorgó el premio al mejor actor a Brad Pitt por partida doble, por Moneyball y The Tree of Life (Árbol de la vida), y como mejor actriz de reparto a Jessica Chastain también por The Tree of Life

Precisamente esta cinta sobre la redención obtuvo una distinción más, su realizador, Terrence Malick, fue escogido como el director más destacado de 2011. Un aplauso para los críticos norteños que no se han dejado seducir por campañas mediáticas que muchas veces solo saben nublar el entendimiento.

Cada premio otorgado a Árbol de la vida está más que merecido. Estamos ante una película profundamente espiritual. Es lo más grande que ha hecho Malick (Illinois, 1943) en su corta, pero extraordinaria carrera. Estamos ante el Juan Rulfo del séptimo arte.

Serán pocas las películas firmadas por este genio, pero cuánta emoción, humanismo y calidad estética ofrece en producciones como Badlands (1973), Days of Heaven (1978) y The Thin Red Line (1998).

Malick es el Stanley Kubrick que todavía nos queda en esta Tierra plagada de artesanos que juran ser el nuevo Hitchcock o la reencarnación de Kurosawa o los sustitutos de Lean.

Hoy ningún director estadounidense vivo tiene una mirada tan exquisita y penetrante como la suya. Yo adoro lo hecho por viejos maestros como Scorsese, Spielberg, Eastwood y Jarmusch e igual hago reverencia a la nueva camada de fueras de serie como Nolan, Fincher y Tarantino, pero a la hora de contar una historia con imágenes cargadas de belleza, con pocos y precisos parlamentos y con una hondura moral, nadie le gana a Terrence Malick.

Del Árbol de la vida se puede discutir si Malick supo justificar los dinosauros con un drama rural que ocurre en la década de 1950 o que si las tomas prolongadas sobre el origen del mundo desvían la atención o la paciencia del espectador, pero nadie puede negar que sus imágenes son hermosas, idílicas, como si fuera poesía compuesta de imágenes extraordinarias.

Casi cada cuadro de esta inolvidable película es una obra maestra en sí misma, es una pintura hecha de fotogramas que debería colgar de las paredes de los principales museos del mundo.

En su guión, también de la autoría de Malick, se habla con delicadeza y rudeza del amor, el odio y el perdón. Maneja un sinfín de temas con una sencillez contundente: la tirante relación de parejas, sobre cómo se debe educar a los hijos (¿a partir de la ternura o la disciplina?), sobre la convivencia humana entre seres cercanos y la evolución de la maldad, los miedos, la envidia y la esperanza.

Qué tristeza verla en una pantalla de televisor. Qué maravilla sería disfrutarla en una sala de cine tipo Imax. Qué lástima que las distribuidoras nacionales sean tan miopes y los dueños de sala tan faltos de valentía, pues es culpa de ambos que no se puedan ofrecer este tipo de ofertas a la audiencia istmeña tan necesitada de ver cine de verdad y no de cartón como nos tienen acostumbrados.

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