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26 jun ´Blade Runner´, clásico eterno

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E.T., de Steven Spielberg, que batió todos los récord de taquilla. Fue también una buena cosecha para el drama con Sophie´s Choice, de Alan J. Pakula, y Missing, de Costa Gavras.

El 25 junio de ese año, hace hoy 30 años, se estrenó en mil 295 salas de la Unión Americana una de las más influyentes películas de ciencia ficción de todos los tiempos y casi nadie se dio cuenta: Blade Runner.

La adaptación de la demencial novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, y una alucinante puesta en escena del director Ridley Scott, fueron suficientes para que el público y parte de la crítica se sintiera desorientada por una historia suntuosa, fría y asfixiante que hablaba sobre qué hace ser a un humano.

La oscura ciudad de Los Ángeles en 2019 y la amoral misión del detective Rick Deckard (una de las mejores actuaciones de Harrsion Ford) de detener a replicantes rebeldes no capturó al público, que hace 30 años prefirió otras tres producciones de ciencia ficción: el sentimentalismo de E.T., las nuevas aventuras de la tripulación de la Enterprise en Star Trek II: The Wrath of Khan y la superficial emoción que brindan los ordenadores en Tron.

El thriller futurista de Scott costó 28 millones de dólares y recaudó en casa 27.5 millones de dólares. Ahora su recaudación norteña llega a 32.8 millones de dólares tras reestrenarse en 1993 y 2007.

Referente

Blade Runner consolidó un subgénero cinematográfico que nació de la literatura, el cyberpunk.

Sin la película de Ridley Scott no existirían otras joyas fílmicas que amalgaman la ciencia con la tecnología en el séptimo arte como Matrix, Akira, Code 46, Dark City y Videodrome

Esta producción, además, utilizó los recursos imaginativos de la ciencia ficción para abordar lo que se denomina hoy como neo noir.

Es decir, usa elementos de las películas noir (movimiento que se construyó en el celuloide entre las décadas de 1940 y 1950) como ambientes deprimentes, acción dramática concentrada en antihéroes y la denuncia de una justicia endeble y una moral cochina, y las desarrollan en el presente como hicieron Memento o Fargo.

De allí que Blade Runner nos muestra qué ha sido de la Tierra después de una guerra atómica: ciudades húmedas, oscuras y sucias, donde todos sus habitantes son culpables de algo, donde nadie es lo que aparenta, donde ya no hay árboles ni pájaros, donde la vida humana vale muy poco y los avances materiales nos han transformado en una especie lúgubre, patética y huérfana de esperanzas.

Blade Runner es sobre los hombres y mujeres que han perdido la fe en ellos y de robots o replicantes que desean ser como los humanos que los construyeron para volverlos esclavos.

Scott ofrece una visión espiritual en su película, en la que los habitantes artificiales desean conocer a sus creadores (¿o dioses?), aunque sean eliminados por vigilantes del orden que representan a sus inventores.

Al ser tan interesante era obvio que sería un fiasco de taquilla. Por eso, la Warner Brothers decidió hacerle algunos cambios al argumento, que se conoce como el montaje para Estados Unidos, pero los espectadores igual prefirieron a E.T., que encima se estrenó el mismo mes que Blade Runner.

Lo que se vio en Europa tenía unos minutos extras de momentos violentos en tiempos posindustriales y se le llama versión internacional. Luego, en 1992, Scott ofreció su propia edición y en 2007 el realizador le mejoró el sonido y el color.

Los premios tampoco fueron de gran ayuda. Blade Runner recibió solo dos nominaciones al Oscar (dirección artística y efectos visuales), pero no ganó ninguno. Obtuvo una nominación al Globo de Oro por su banda sonora original (tardó una década en volverse un clásico la música de Vangelis) y logró tres BAFTA (el Oscar inglés) en las categorías de fotografía, vestuario (obra del dibujante Moebius) y dirección artística.

A pesar de todo, Blade Runner nos sigue cuestionando en su propuesta moderna de Frankestein y Pinocho, invita a pensar sobre quiénes somos y qué nos hace personas a partir de los defectos que nos hacen imperfectos y continúa inquietándonos ese futuro opresivo no tan lejano.

En Twitter: @DanielDomnguez1

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