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06 ago Chavela Vargas, la grande

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Chavela Vargas era un macho alfa a niveles superlativos.

Fue más hombre que muchos caballeros a la hora de interpretar canciones de rancheras y música tradicional mexicana, géneros que hasta su llegada al pentagrama eran propiedad de los señores, pero vino ella y se les impuso con bravura.

La cantante nacida en Costa Rica, pero mexicana de todo corazón, fue una líder a la hora de convertir la vida en una fiesta permanente.

La intérprete, que murió ayer domingo en un hospital del centro de México a los 93 años, enamoró a cuanto ser humano (hombre y mujer) su corazón le pedía y se dejó llevar por los calurosos y adictivos brazos del alcohol cuando lo consideró adecuado.

Era ama absoluta de la noche. Se sabía el sabor de cada trago, no perdía oportunidad para una bailada y tenía por segunda casa los bares y cantinas del Distrito Federal mexicano.

De muchacha, en vez de usar trajes de florecitas y peinetas coloridas en la cabeza, iba vestida de pantalones y tenía dos fieles compañeras: una guitarra y una pistola.

Chavela era algo más que una devota de la alegría y una enemiga férrea de la amargura y la hipocresía moral, era una intérprete de primer orden, cuya voz potente, grave, honda y ronca destacó en un mundo musical marcado por las caritas lindas y escasas de talento.

La que interpretó como pocos los temas románticos y sentidos de José Alfredo Jiménez y Agustín Lara, tenía a la muerte rondándole la cabeza desde hacía varios días, y bueno, tarde o temprano los seres humanos siempre perdemos esa batalla.

Su ida causa dolor entre sus admiradores, pero no debió sorprender a ninguno de ellos, ya que la salud la fue abandonando desde hacía un tiempo.

“Vargas había sido internada en un hospital de la céntrica ciudad de Cuernavaca hace una semana a causa de una insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular paroxística, falla renal crónica y neumopatía intersticial”, informa la agencia de noticias DPA.

La vitalidad se le iba apagando después de un viaje que hizo en julio pasado a España, “para cumplir uno de sus últimos deseos: regresar tras siete años y presentar su último trabajo discográfico, La luna grande, con el que rindió un homenaje a su admirado poeta Federico García Lorca”.

¿Arrepentida de la decisión que pudo costar el fin? Seguro que no, porque Chavela Vargas era de esas que lo gozado nadie se lo quita. Además, sabia singular, dijo hace unas semanas: “Yo no me voy a morir porque soy una ´chamana´ y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos”. Tal cual querida artista.

VIDA DIVERTIDA Y DOLOROSA

Chavela Vargas vino a la Tierra para ponernos contentos cuando la felicidad dice nuestro nombre y para llorar por los amores perdidos.

Para eso nació en Costa Rica el 17 de abril de 1919, aunque fue en México donde abrió sus alas creativas cuando era apenas una adolescente y voló alto.

“Fue una niña poco querida por sus padres, que al divorciarse la entregaron a unos tíos, con los que vivió ´cosas horrorosas”, según se desprende de un reporte de la agencia de noticias DPA, que a su vez extrajo de la biografía de Chavela Vargas, que ella tituló con una línea de una canción del compositor José Alfredo Jiménez, Un mundo raro.

Antes se llamaba María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano y pronto se dio cuenta de que ese nombre largo no le iba y que el pueblo tico de San Joaquín de Flores era pequeñito para su enorme talento, y a los 14 años marchó rauda y veloz rumbo a tierras aztecas.

Al principio, para ganarse el mendrugo y tomarse sus traguitos, tuvo que ser cocinera, chofer, costurera y vendedora de ropa de niños.

LA FAMA

Cuando un promotor de espectáculos la contrataba, la joven Chavela vestía obligada traje con escote y tacones altos.

Esto lo permitió hasta que decidió ponerse ´ropa de escándalo´, es decir, ´pantalón de manta, una blusa blanca muy sencilla y un jorongo´, el uniforme que ya siempre la acompañaría aunque le gritaran ´marimacha´ cuando estaba de parranda con sus ´cuates”, explicó en una ocasión la que recibió más de un aplauso por darle sentimiento a piezas como Volver, volver, Amanecí entre tus brazos y Sabor a mí.

Tenía 30 años cuando la fama le permitió que la llamara por su nombre, y su padrino fuera de apuesta fue el compositor mexicano José Alfredo Jiménez, “muerto en 1973 víctima del alcoholismo, una adicción que compartieron y que fue la marca trágica en la vida de ambos artistas”, indica la agencia DPA.

“Fue la lucha más difícil que he librado”, dijo en una ocasión Vargas sobre su gusto excesivo por la bebida, una dulce amargura que dejó de forma definitiva a los 79 años, luego de haberse tomado “todo el alcohol del mundo”, según declaró.

Chavela, que pasó por primera vez por un estudio de grabación en 1961, era prima hermana del Ave Fénix, pues en la década de 1970 se retiró por voluntad propia como muestra de luto y respeto por Jiménez, a quien acompañó, codo a codo, a cuanta juerga eran invitados o colados.

En los años de 1990 regresa la Chavela como si nunca se hubiera ido. En total, en 80 álbumes participó como principal o voz invitada.

Aunque no moría por los reconocimientos que a veces dan recelos y causan problemas, aceptó que en España la Universidad de Alcalá de Henares la distinguiera como Excelentísima e Ilustrísima Señora.

En 2000, el presidente José María Aznar le impuso la Gran Cruz de Isabel la Católica y su nombre fue propuesto en 2012 para el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

Para que nadie dudara que ella era la que mandaba, en 2007 le dijo: “no gracias” a los que otorgan el Grammy, que deseaban darle uno honorífico, y ella dijo que no, porque merecía habérselo ganado en una categoría por cuenta propia y no por olvido como a veces se dan estos títulos honoríficos.

La lista de amistades de la intérprete de canciones como La llorona y Macorina causaba cochina envidia a cualquiera.

Entre sus íntimos estuvieron los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera, los cantantes José Alfredo Jiménez, Agustín Lara y los escritores Pablo Neruda y Carlos Monsiváis, sin olvidar que otros de sus incondicionales eran los cineastas Pedro Almodóvar y Werner Herzog, la actriz Salma Hayek y el cantautor Joaquín Sabina.

Twitter: @DanielDomnguez1

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