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18 oct 'Crónica del fin del mundo', ejemplo de cine independiente

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El cine producido en Hollywood ha creado un subgénero denominado de catástrofes, en el que se presentan aquellas producciones de grandes presupuestos económicos, donde el mundo termina debido a un meteorito que choca contra la Tierra o por la invasión de extraterrestres de pésimo sentido del humor o porque un dinosaurio surge de la nada con la insana intención de acabar con todo.

Este año, como pasa cada cierto tiempo, hay una nueva señal de alarma en el plano de lo real y que el séptimo arte comercial le gustaría aprovecharse: el planeta dejará de existir este mes de diciembre de acuerdo con una leyenda maya.

A Mauricio Cuervo Rincón, escritor para televisión y cine, se le ocurrió pensar en términos audiovisuales en las verdaderas pérdidas que tarde o temprano sufren todos los seres humanos, y que distan mucho de la mirada superficial de ciertos productos de Hollywood.

Todos perdemos algo, piensa este director y guionista colombiano en una entrevista con La Prensa, un sueño, un ideal, un ser querido, una relación de amistad o de amor.

Con eso en mente, decidió embarcarse en la odisea de hacer un cine inteligente y emocional, pero con las uñas, lo que define como una costumbre por este lado del globo terráqueo para todo aquel que hace un séptimo arte independiente y propio.

Su película Crónica del fin del mundo es la historia de un padre que añora a su esposa muerta y un hijo que trata de ser un buen marido. 

Crónica del fin del mundo, que cerró la versión 29 del Festival de Cine de Bogotá (Colombia),  parte de la premisa de que “el fin del mundo nos llega a la mayoría de modo cotidiano, doloroso e irremediable”, indica Cuervo Rincón, quien ha firmado los guiones de los filmes Silencio en el paraíso y 72 Grados Norte.

Ese halo de lo finalizado aparece con “la muerte de un ser amado, la separación de la familia y el abandono, que son tragedias habituales y demasiado cercanas”, explica el también docente universitario.

"Un día antes del final de todo, los personajes de mi película enfrentan sus mayores temores”, agrega.

Crónica del fin del mundo “medita en torno al sentido del mundo que cada quien construye y de cómo ese mundo es ligero y frágil, construido de acciones, pero sobre todo, de palabras”.

Proceso

Pablo tiene 70 años y, prácticamente, no sale de su apartamento. Su universo acabó cuando hace dos décadas su esposa murió, debido a una bomba puesta en la ciudad colombiana de Bogotá.

Felipe, su hijo, tiene 35 años, y es padre por primera vez. Sabe cuidar de casi todo, menos de su relación con su esposa Claudia.

Pablo se ha enterado de que el mundo se terminará y decide, entonces, hacer una sucesiva venganza telefónica. Llamará a todo aquel que le ha hecho daño y le dirá sus verdades a los que se hacen de oídos sordos.

Felipe está preocupado, porque la sociedad que recibe a su hijo de tres meses es inestable y conflictiva. Su esposa Claudia espera que la deteriorada situación de pareja entre ambos cambie para bien de la familia.

Esos son los seres que pueblan Crónica del fin del mundo (Colombia, 85 minutos), dirigida y escrita por Mauricio Cuervo Rincón.

Este profesor de una universidad bogotana se planteó que el largometraje con el que debutaría como director tuviera la estética y el ritmo de las películas del cineasta estadounidense Jim Jarmusch y del director español Luis García Berlanga, “aunque esta cinta es muy bogotana, porque es tanto un drama costumbrista como una comedia intimista”, advierte Cuervo Rincón.

Retos

Crónica del fin del mundo es digna representante del cine independiente, ese séptimo arte que se hace con poco, pero dice mucho.

Se hizo con una inversión de 14 mil dólares, cifra que en la práctica es más alta porque hay mucho trabajo gratuito que hicieron a favor del proyecto los miembros de su equipo técnico y actoral.

Los actores Víctor Hugo Morant (Pablo) y Jimmy Vásquez (Felipe) participaron en esta producción en sus días de descanso en sus respectivos proyectos de telenovelas, y ninguno cobró un centavo.

Los escenarios principales fueron en casas de los actores y de los productores.  Editaban de noche cuando les prestaban las máquinas. Las esposas y los hijos de los integrantes del equipo hacían de personajes 

secundarios.

Filmaban al bebé cuando estaba despierto, todos traían sus almuerzos y cenas o la mamá de alguien cocinaba, y el rodaje duró 8 días.

Tanto esfuerzo valió la pena, pues esta película hizo su premier mundial como el cierre de las actividades del Festival de Cine de Bogotá (Colombia). ¿Qué tal?

¿Qué película independiente les ha gustado? ¿Qué opinión tienen de ese lío del fin del mundo antes que termine el año?

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