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25 ago Fidel Castro y una pelea en la Feria del Libro

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J.J. Armas Marcelo ( Las Palmas de Gran Canaria, 1946) visitó por primera vez Cuba.

Cruzó el Atlántico para hacer un reportaje para Televisión Española, titulado "La epopeya del tabaco y el azúcar", y quedó prendado con la “profundísima base cultural y los talentos creadores excepcionales” de los habitantes de esta isla caribeña.

Recuerda que durante los 20 días que duró aquella estancia, observaban cada uno de sus pasos. “Me vigilaron Jesús Díaz y Norberto Fuentes, que luego se exiliaron en cuanto pudieron porque no soportaron más la dictadura”, explica el columnista dominical de La Prensa.

Su último encuentro con la tierra de José Martí fue en 2000 cuando cubrió la Cumbre Iberoamericana para la Radio Nacional de España, y entonces, opinó sobre “la mentira revolucionaria de aquella gente, inmoral y abusadora”.

Al principio de la llamada Revolución Cubana, Armas Marcelo fue “muy castrista. De modo que la dictadura franquista me vigilaba por eso en España”.

Pronto su visión del militar cambió. Define a Fidel Castro, quien cumplió 88 años el pasado 13 de agosto, como “un loco, un esclavista, un mentiroso, un abusador y un ególatra enfermizo”.

Antes de morirse le prometió al escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) que “no volvería a Cuba hasta que se muriera Fidel Castro. Y voy a esperar, aunque sentado, visto lo visto, a que eso ocurra y que sea cuanto antes”.

Armas Marcelo regresó a la Feria Internacional del Libro de Panamá con la novela Réquiem habanero por Fidel, que presentó en el salón Chaquira de Atlapa.

Desde siempre la vida de Fidel Castro, que cedió el poder a su hermano Raúl hace ocho años por motivos de salud, le pareció de “tal disparate, que me parece una fuente de novelas inacabables”.

El idealismo que despertó en el narrador el Fidel Castro que luchó contra el régimen de Fulgencio Batista, después se modificó porque descubrió que “todo fue una farsa, un gran escenario, un gran teatro bufo. Hoy todo es ceniza pura, ya nadie puede reparar los errores ni hacerse cargo de ellos”.

Cuando muera Fidel, el tercero de los siete hijos del segundo matrimonio del gallego Ángel Castro, todo será distinto en Cuba, asegura.

Mientras tanto, todo seguirá igual que ahora, “con hipotéticos y falsos cambios que no sirven sino para que los hijos de la nomenklatura tomen posiciones de poder, y la facultad de comprar y vender ellos que pueden y tienen el dinero. Serán los años del mañana, si no lo son ya”.

TERMINÓ COMO UN TAXISTA

A Réquiem habanero por Fidel, J.J. Armas Marcelo la ubica como una pieza melodramática “en clave de humor, porque no se le puede tomar en serio ni un minuto”.

Además de Fidel Castro, el otro personaje de esta novela es Walter Cepeda, un coronel retirado de la Seguridad del Estado en Cuba que terminó como un taxista.

A Cepeda lo describió como una “persona entrañable. Muchos cubanos me han escrito diciendo que lo conocen, pero eso es imposible porque me lo inventé”.

A Cepeda lo tenía pensado “desde antes de escribir la novela, que entonces se llamaba El seguroso”.

Después, en el transcurso de la escritura, la novela “me fue dando el tono y ella misma fue creando este personaje, que en el fondo es un pobre hombre en la vejez, en la tesitura de conciencia de saber si ha hecho bien en seguir a los Castro o todo lo contrario, o se tenía que haber fugado como tantos amigos y tener una vida libre”.

Réquiem habanero por Fidel cierra un ciclo que comenzó con Así en La Habana como en el cielo y El niño de luto y el cocinero del Papa.

SE DIO LA PELEA

"Un altercado que no terminó en mayores, pero que requirió la intervención de la policía se produjo en la presentación de Requiem habanero por Fidel" en la Feria del Libro de Panamá, cuenta un cable de la agencia de noticias ACAN-EFE sobre la presentación de Réquiem habanero por Fidel.

"La situación se produjo casi al final de la actividad cuando esta se abrió a la intervención de los asistentes, entre los que habían partidarios del líder de la revolución cubana, quienes reaccionaron airados por el tratamiento dado en la obra de ficción a Castro y el Che Guevara", agrega la noticia.

"Un hombre, se acercó bastante a la mesa que ocupaba Armas Marcelo y amenazó con liarse a puñetazos molesto con alguien que, según dijo, le empujó. La policía llegó y lo invitó a salir del recinto sin que fuera necesaria su detención".

"Un hombre, se acercó bastante a la mesa que ocupaba Armas Marcelo y amenazó con liarse a puñetazos molesto con alguien que, según dijo, le empujó. La policía llegó y lo invitó a salir del recinto sin que fuera necesaria su detención", añade la agencia informativa.

"Que siete fanáticos totalitarios del castrismo me interrumpan un acto público con un acto de repudio no me había pasado nunca. Parece que en La Habana le están dando importancia a Réquiem habanero por Fidel. Me alegro y lo siento mucho", me dijo J.J. Armas Marcelo.

"Esos actos como el de la Feria del Libro de Panamá me honran y vituperan a quienes los realizan. Con mucha razón decía el Tío Albert, me refiero a Eisntein, que el número de imbéciles que hay en la especie humana es infinito. Un poeta a quien quiero mucho, y que vivió un tiempo en La Habana escribió unos versos geniales que voy casi a repetir: "De dos cosas debe cuidarse el hombre nuevo, de la derecha cuando es diestra y de la izquierda cuando es siniestra", añade el escritor.

El acto de repudio, "y todos los que hacen estas gentuzas en todos lados, es lo mismo que hacía la Santa Inquisición, quemar a los brujos, a los rebeldes, a los hombres libres, a los insumisos, a quienes no tenemos amos ni queremos ser esclavos ni esclavizar a nadie", plantea el autor.

El totalitarismo, agrega, es una "enfermedad de gentes primarias, siempre hay borregos que no saben leer la Historia y que no quieren ni que los pueblos ni los individuos seamos libres y enteros. Por ahí, por la libertad, la educación, el respeto y la cultura debe empezar el hombre libre. Claro que en el animal humano que somos hay especímenes que son muy animales y el componente humano para estos bestias no vale nada".

"Imagínate que, en la realidad, el viejo sátrapa se muera hoy, mañana o pasado, imagínate. Son tan animales que no saben ni lo que es una metáfora literaria. En la pobre Cuba, los niños alumnos saben más que los maestros y a los médicos que cumplen la esclavitud en Venezuela tienen que quitarles el pasaporte y amenazarlos con represalias a su familia para que no se fuguen", indica Armas Marcelo.

No le amedrenta el teatro de estos "primates totalitarios, no hablan, sino que ladran, aunque en esos actos de repudio siempre llevan a una mujer que habla suave y religiosamente, una monjita docente, que trate de ganarse al público. Guillermo Cabrera Infante llamaba a esto una 'parajoda'. La presentación de un libro, inocua y libre, con poco más de treinta y cinco personas presentes, un acto poco importante, se convierte en noticia sustancial de la Feria del Libro de Panamá en todos los medios de comunicación y redes sociales, porque siete crápulas totalitarios que querían reventarla, la hacen noticia de primera página. Encima son unos inútiles, van por lana y salen trasquilados. Como dicen en mi tierra, el conejo me riscó la perra...".

¿Tiene sentido el acto ocurrido en la Feria del Libro de Panamá en torno a Réquiem habanero por Fidel?

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