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06 sep Freddy Krueger y Wes Craven: pesadillas en lo profundo de la noche

El realizador estadounidense Wes Craven falleció el pasado domingo en su casa de Los Ángeles a los 76 años a consecuencia de un tumor cerebral.

El pasatiempo preferido de Freddy Krueger es eliminar a gente joven. El pasatiempo preferido de Freddy Krueger es eliminar a gente joven.
El pasatiempo preferido de Freddy Krueger es eliminar a gente joven. Cortesía

Una cara hecha añicos. Viste jersey de rayas verde y rojas. Usa sombrero de ala ancha para ocultar sus múltiples cicatrices. Más que manos, tiene garras de acero. 

Los demonios le permiten eliminar a los chicos y adultos desde los linderos del inconsciente, y aquellos que sobreviven a su ataque nunca olvidan el miedo, la ansiedad y la desesperación que Freddy Krueger les provoca.

Wes Craven, el creador de Krueger, sembró en los espectadores de los últimos 40 años una semilla del terror que nunca los abandonará.

Las salas de cine del mundo han sido testigos de los gritos y la intranquilidad de millones de personas que sufren al ver las películas de este director y guionista, que falleció el pasado 31 de agosto a causa de un cáncer cerebral.

Su mayor contribución al género del pánico no fueron solo los filmes Las colinas tienen ojos, La última casa a la izquierda o la serie de terror cómico Scream (cinco entregas), sino que su boleto a la inmortalidad fue precisamente el temible personaje de la saga diabólica Pesadilla en la calle Elm (A Nightmare on Elm Street), el señor Freddy Krueger, uno de los miembros más destacados de ese subgénero cinematográfico denominado Slasher.

DESDE LA VENTANA

En la obra The Nightmare Never End’s, de William Schoell y James Spencer,  Wes Craven explicó que Freddy Krueger nació de una experiencia suya cuando era estudiante de secundaria.

Un día escuchó un ruido extraño afuera del edificio de apartamentos donde residía junto con su familia.

Por la ventana de su dormitorio vio a “un hombre muy parecido a Freddy, andando por la acera. Debió sentir que alguien lo miraba y se paró y me miró directamente a los ojos. Me aterrorizó y salté de regreso a las sombras. Esperé y esperé a oírle marcharse. Finalmente, pensé que se habría ido, de manera que me acerqué a la ventana de nuevo. El tipo no solo seguía mirándome, sino que inclinó la cabeza como si dijera: ‘Sí, aún estoy mirándote”.

Como el futuro Krueger, el sujeto hizo como que se marchaba, pero de repente “giró y se introdujo en la entrada del edificio. Corrí por todo nuestro apartamento hasta la puerta delantera mientras él caminaba por el piso de abajo. Le oí comenzar a subir las escaleras. Desperté a toda la casa. Mi hermano, 10 años mayor que yo, agarró un bate de béisbol y salió al corredor, pero se había ido”.

Desde entonces, la presencia de ese misterioso individuo estuvo estacionada en su mente como “lo hizo lo aterrorizador que un adulto extraño puede llegar a ser. No era tan solo aterrorizador, sino que estaba divertido por el hecho de serlo y era capaz de prever mis pensamientos”.

Como una prueba de su valor, el Festival Internacional de Cine de Venecia homenajó Wes Craven con una proyección especial, ayer sábado a medianoche, de A Nightmare on Elm Street. " Craven era un gran director que está en el corazón de todos los públicos. Supo renovar un género histórico como el del terror", afirmó a las agencias de noticias el director de la Mostra, Alberto Barbera. 

SUEÑO SIN RETORNO

El otro elemento que hizo posible que surgiera el cazador de los sueños de La pesadilla en la calle Elm, es que años más tarde de aquel temible recuerdo infantil, Wes Craven leyó una serie de reportajes que publicó el periódico Los Angeles Times de personas que morían mientras dormían.

El artista nacido hace 76 años en Cleveland (Ohio, Estados Unidos) no olvida el caso de un chico que tuvo una pesadilla y que se negaba a dormir. Por más que sus padres y los médicos le dijeron que nada le iba a pasar, él se negaba a dormir y menos ingerir tranquilizantes.

“Una noche no pudo más y se durmió. La casa estaba tranquila por fin... Entonces oyeron ese horrendo alarido en el dormitorio” y encontraron al chico como luchando en sueños, luego se quedó inmóvil y falleció. La autopsia no pudo revelar la razón del deceso.

Su villano tomó el nombre de un amigo suyo de sus años de juventud, Fred, y la modificación de Krug, uno de los personajes de su filme La última casa a la izquierda. La cereza fue el ingenio de los maquilladores David Miller y Kevin

Yagher y de los actores Robert Englund y Jackie Earle Haley (quienes se turnaron para ser a Krueger).

SLASHER

La serie de películas en torno a La pesadilla en la calle Elm (se han realizado nueve entregas) pertenece a las filas del subgénero Slasher. Se trata de aquellas producciones que tienen como protagonista a un villano cuya distinción es ser un psicópata o un asesino en serie, o ambas “habilidades” a la vez.

La especialidad de estos tipos, además, es torturar a sus víctimas de la manera más cruel que mentes enfermas humanas puedan imaginar.

Las técnicas elaboradas por Freedy Krueger para hacer sufrir a sus víctimas están a la par de las hechas por brutales colegas suyos como el fotógrafo Böhm de Peeping Tom (1960), el perturbado Martin de Twisted Nerve (1968), el letal Michael Myers de Halloween (1978 y 10 más entre secuelas y precuelas) y el sanguinario Leatherface de La Matanza en Texas (1974 y tres secuelas).

El sádico de Freddy tiene como primer pasatiempo eliminar a los muchachos en el plano físico. Cuando es atrapado por las autoridades, un tecnicismo judicial le permite salir libre.

Entonces los padres de las víctimas, en busca de una justicia propia, incendian la casa de Krueger con él adentro.

Años después Freddy reaparece en los sueños de sus víctimas con el único móvil de acabar con cada uno de ellos y regalarles a los que están sentados en la butaca las más horrendas escenas gore.

Los impactantes actos de estos atormentados personajes del Slasher hacen que los crímenes cometidos por el monstruo de Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia y Drácula, todos herederos de la novela gótica de los siglos XVII y XIX, fueran tan peligrosos como dos órdenes de algodón de azúcar durante una fiesta de cumpleaños de un párvulo.

Como buenos y angustiosos villanos del séptimo arte, estos hombres escalofriantes nunca mueren y siempre regresan para vengarse.

Sufren derrotas momentáneas cuando la película llega a su fin, pero esos instantes de alivio duran hasta que un director o un productor decide revivirlos para que cometan hechos tan espeluznantes que los responsables de la Inquisición los convertirían en sus héroes si pudieran regresar del infierno donde esperamos estén.

Son figuras inteligentes, con la fuerza de 12 elefantes, tienen un sentido del humor tan retorcido como sus almas, les satisface dejar cadáveres a su paso, y el perdón, la piedad y la compasión les parecen acciones absurdas.

Por eso, es triste que la obra de Wes Craven, como la de otros directores de culto dentro de las lides del terror como Roger Corman, Darío Argento y George A. Romero, sean vistos con desprecio por más de un crítico y cineasta, aunque el reconocimiento del público por sus seres macabros es extraordinario.

Los inquietantes largometrajes de Craven, quien por un tiempo fue profesor de humanidades, exploran los temas de la muerte y el miedo, lo desconocido y lo sombrío, todo bajo el prisma placentero de ver hechos crueles con la misma satisfacción que un romano en el viejo imperio pagaba para ingresar al Coliseo y observar la lucha fatídica entre hombres y leones hambrientos.

En el cine de terror contemporáneo, al que pertenecen los filmes de Craven, el nuevo demonio no es aquel que huele a azufre y usa tridente, sino la gente común y corriente, en especial los jóvenes, los que en la pantalla grande y en la vida real ingresan a iglesias, cines o escuelas a matar a sus semejantes, o bien son ellos los que están más amenazados de acabar exterminados por hachas, sierras eléctricas y cuchillos de carniceros.

Estamos ante los nuevos depredadores, víctimas ellos mismos de una sociedad igual o más amenazante, represiva, feroz e insegura que estos asesinos que solo repiten un modelo convulso de comportamiento aprendido a la fuerza en sus barrios, en la cárcel o en sus casas.

¿Qué te parecen las sagas de  Pesadilla en la calle Elm y Scream?

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