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21 oct Gabo, el señor de Macondo

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Hace 30 años, un escritor dio su discurso de aceptación del premio Nobel de Literatura ante la Academia Sueca de la Lengua, hablando de navegantes, corazones generosos, muertes violentas y del valor de la poesía.
Era un colombiano quien representaba a todas las letras latinoamericanas, miembro distinguido de una nueva edad de oro para la ficción en idioma castellano, padre de Macondo y señor absoluto del realismo mágico que enlaza la hermosura con el absurdo del continente americano.
Su nombre es Gabriel José de la Concordia García Márquez, Gabo para sus amigos y sus lectores, uno de los 11 hijos de Luisa Santiaga y que nació en Aracataca el domingo 6 de marzo de 1927, a las 9:00 a.m.
Al autor de Cien años de soledad se le rinde honores porque García Márquez le permitió “no solo a la literatura, sino al arte en general, la reconquista de la imaginación como eje de la creación”, en palabras de Justo Arroyo, novelista y cuentista.
Es, como indica la docente y académica Berna de Burrel, “el autor de la obra en español que revolucionó la literatura universal del siglo XX y ha propiciado que aún en el XXI, sobre todo la hispanoamericana, ocupe sitio privilegiado en las librerías, bibliotecas y mesas de noche de todo el mundo.
“Sus libros le otorgaron un puesto importante a la literatura latinoamericana en la psique mundial. Al fin el mundo despertaba al genio creativo de América Latina. Luego de su premio Nobel todo cambió para todos los artistas latinoamericanos de diferentes corrientes y géneros”, opina la cineasta Pituka Ortega Heilbron.
Para el escritor Pedro Rivera, la obra de Gabo “no se puede mirar como un hecho aislado, sin antecedentes, a-histórico, venida al mundo por generación espontánea. Se fraguó dentro de la tradición literaria primigenia, luego española, universal, regional, nacional, sujeta a las influencias del entorno cotidiano”.
De niño, Gabriel García Márquez firmaba sus historias fantásticas con el seudónimo de Capitán Araña. Desde entonces, ha explorado la novela, el cuento, el teatro, el relato y el periodismo.
Entre La hojarasca (1965) y Memoria de mis putas tristes (2004), Gabo ha publicado una serie de novelas, unas cortas y otras largas, sobre la muerte, la soledad, el poder, las guerras, el amor y el desamparo.
Que varias de sus novelas sean consideradas brillantes se explica, entre otras razones, a que es un obsesivo en la deliciosa y tortuosa tarea de hacer mejoras a sus textos.
Por ejemplo, redactó nueve veces El coronel no tiene quien le escriba (1961), escribió ocho versiones Del amor y otros demonios (1994). Esperó 30 años para enfrentarse a Crónica de una muerte anunciada (1981) y tardó 17 años para consumar El otoño del patriarca (1975).
NOVELAS

Cada quien tiene su novela y cuento preferido firmado por Gabo. Algunas personalidades del ámbito literario nacional comparten su parecer.
El escritor Justo Arroyo afirma que lo más destacado es su novela Cien años de soledad, publicada en 1967, “por su parangón con esa otra cumbre de la literatura mundial que es Don Quijote de la Mancha de Cervantes. Ambas novelas representan hitos de la imaginación y la libertad creativa”.
Si a Gloria Guardia, miembro de la Academia Panameña y Colombiana de la Lengua, le toca seleccionar sus predilectas, opta por Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989) y Del amor y otros demonios. Y lo son, porque es un experto a la hora “de la creación, el empleo y de la revitalización de los recursos estilísticos que estrenó Miguel de Cervantes en su siglo”.
En estas obras, indica Guardia, “surge un narrador decantado, profundo, trágico. Hurga en las pasiones y las debilidades del ser, en la soledad del amor y la impotencia del poder, en los sueños, en los deseos y en los tantos interrogantes y misterios que surcan nuestra temporalidad. En estas novelas, nos conduce de la mano al centro mismo, a los ínferos del alma. Aquí y allá están las huellas de Dante y Beatriz, de don Quijote, Sancho y Dulcinea, de Hamlet, Romeo y Julieta y Ricardo III, sin olvidar las voces, a veces delirantes, de Garcilaso y Góngora”.
Sin duda, indica Berna de Burrell, profesora universitaria y directora de la Academia Panameña de la Lengua, la vencedora es Cien años de soledad. La primera vez que leyó esta obra, de la que se han editado más de 30 millones de ejemplares a nivel mundial, supo “a cabalidad la significación de ser americana; sentí que hubo la conjunción perfecta entre obra, autor y lectora; tanto, que, excepto con El Aleph de Jorge Luis Borges, no me ha vuelto a ocurrir con ningún otro libro. El recuerdo de esas lecturas me hace esperar que suceda otra vez siempre que inicio otra. En ese preciso instante comprendo al unísono el sentido de la alegría, la esperanza y el deslumbramiento por algo perfecto e íntimo, casi un oxímoron”.
Pituka Ortega Heilbron, cineasta y directora del Festival de Cine de Panamá, también resalta la historia de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán. “La leí muy joven, era la primera vez que leía a García Márquez y nunca había leído algo así. Recuerdo reír, llorar y sentirme incómoda, porque no importaba cuán extraordinarias fueran las situaciones creadas por el autor, de alguna manera todo era familiar, esos personajes eran perfectamente factibles”.
El ensayista y docente Ricardo Arturo Ríos se queda con El amor en los tiempos del cólera, ya que “nos acerca con Juvenal y Fermina Daza al realismo de las relaciones de pareja. El Magdalena es el Macondo en esa utopía de la vida que el amor propicia en la solidaridad de la ilusión”.
Con Ríos coincide la poetisa y cuentista Consuelo Tomás. ¿Por qué se inclina por El amor en los tiempos del cólera? “Sus descripciones del paisaje, los personajes, la desmitificación del amor. Por supuesto, Cien años de soledad y su grandiosidad para contar un siglo de absurdo y heroísmo, y El otoño del patriarca por su narratividad absoluta”.
La escritora Rose Marie Tapia mantiene la línea de preferencia con El amor en los tiempos de cólera, pues su “temática es conmovedora y realista. Siempre me han gustado las historias de amor. No obstante, esta novela no solo se queda en la historia de amor, sino que trasciende aspectos fundamentales de la vida, como la amistad y la fidelidad. El lenguaje es sencillo y despierta en el lector sus sentimientos más puros”.
Pedro Rivera, novelista y cineasta, disfrutó mucho de El general no tiene quien le escriba, pero si se le obliga a escoger, se inclina por Crónica de una muerte anunciada.
¿Por qué se decide por esa novela basada en hechos de sangre ocurridos en 1951? “Por su depurada técnica. En esta pequeña obra Gabo hace cine con las palabras, juega ajedrez con los personajes, ironiza sutilmente, hace trampa, ensaya movimiento de narración pendular, aguza el ingenio, es más realista que mágica, abre y cierra el círculo donde empezó, el fin y el principio son inseparables, es redonda”.
Si se le pregunta a Orit Btesh, presidenta de la Cámara Panameña del Libro, sus piezas clave son Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada porque “sus descripciones, que van desde la bondad a la inocencia, muestran el alcance que tuvieron los políticos en la historia de América Latina, es la oportunidad de evaluar la influencia global de los políticos y recordarlos como los herejes que son”.
HISTORIAS BREVES
En cuanto a los mejores cuentos de Gabo, Ríos se decide por La luz es como el agua, “es el realismo imaginativo sin coordenadas”.
A Justo Arroyo le es difícil tomar partido. No obstante, se inclina por La increíble y triste historia de la Cándida Eréndida y su abuela desalmada (1972), “en donde un gran horror se sostiene con un gran asombro”.
Gloria Guardia se limita a El rastro de tu sangre en la nieve, ya que es “una narración impecable donde se conjuga un lenguaje que tiene la precisión de un diamante y la lucidez de un sinnúmero de imágenes poéticas; un escenario tan propiamente colombiano –sobre todo costeño- como europeo y cosmopolita”.
Margarita Vásquez y Berna de Burrell votaron por El ahogado más hermoso del mundo. “Por su poesía, por su imaginación, por su temática”, indica Vásquez, académica y docente.
De Burrell lo escoge porque “leerlo es un raro periplo, nos agrada sentir el misterio que emana aun con un tema tan realista. La narración es apasionante, nutrida por el realismo mágico y la oscura belleza que le inflige”.
Consuelo Tomás se inclina por Solo vine a hablar por teléfono, que después fue película, “por su manejo magistral de la técnica narrativa y el lenguaje, el ambiente, es un buen ejemplo de lo que un cuento inolvidable debe ser”.
Pedro Rivera apuesta por En este pueblo no hay ladrones. “Por ser una maqueta del universo humano. Lo repugnante, injusto, racista, estúpido, hedonista, envilecido, sumiso, miserable en el ser humano es manejado por el autor inmisericordemente”.
¿Cuál es tu novela favorita de Gabo y por qué? ¿Qué cuento del autor colombiano destacas?

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