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02 ago Gore Vidal, refinado y brutal

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El estadounidense Gore Vidal, en alguna medida, era familia cercana de su compatriota Truman Capote.

Vidal y Capote eran escritores de fama, les encantaba ser celebridades y estar rodeados de estrellas de cine y de la política norteña, no podían vivir sin llamar la atención gracias a unas personalidades llamativas, desconocían por completo el significado de la palabra pena, convirtieron el espectáculo en uno de sus temas creativos preferidos y tenían una pluma más que filosa.

Ambos artistas fueron los que consolidaron a los narradores de su generación como verdaderas figuras tipo rock star, que si bien no eran cantantes ni actores, sí supieron atraer las miradas y los oídos tanto de la comunidad lectora como de aquellos que no se pierden las páginas de eventos sociales de los periódicos.

De Capote, Vidal dijo en una ocasión que era "un animal sucio que encontró la forma de entrar a la casa". Igual habló de forma negativa de sus colegas Ernest Hemingway y Norman Mailer, así como de presidentes como Franklin D. Roosevelt y George Bush,

aunque adoraba a Jacqueline Kennedy y William Burroughs.

"Vidal se refería a sí mismo como una 'perra caballero' y fue tan egoísta y cáustico como elegante y brillante", indica la agencia de noticias Reuter.

Gore Vidal murió ayer miércoles a los 86 años en su casa en Hollywood Hills, a causa de una neumonía, dejando una obra que incluye novelas como Lincoln, Burr, The Golden Age, Myra Breckenridge y The City and the Pillar, y piezas teatrales como The Best Man.

Su primera obra que pasó por la imprenta fue Williwaw, que escribió cuando tenía 19 años y era un soldado de 19 años en Alaska.

Vidal también fue valioso por ser uno de los pioneros en escribir historias cuyos protagonistas eran abiertamente gays, lo que causó la indignación del sector conservador de su país. Fue en su tercer libro donde aparece por primera vez esa temática, The City and the Pillar.

Prácticamente, no hubo tema que el refinado y agreste Vidal no abordara en sus libros y en sus columnas en los diarios, en especial aquellos donde podía invitar a la reflexión y a despertar la polémica entre sus adversarios: el poder, la economía, la democracia, el sexo, las religiones y las guerras.

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