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15 mar Natalie Portman se merecía el Óscar por 'Jackie'

Natalie Portman ganó el Óscar por 'Black Swan' y debió obtenerlo de nuevo por 'Jackie'.

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La actriz Natalie Portman hizo un trabajo sobresaliente en el encomiable drama biográfico 'Jackie'. La actriz Natalie Portman hizo un trabajo sobresaliente en el encomiable drama biográfico 'Jackie'.
La actriz Natalie Portman hizo un trabajo sobresaliente en el encomiable drama biográfico 'Jackie'. Cortesía

Si hubo una distinción inmerecida en la pasada, y en parte desastrosa, ceremonia número 89 del Óscar, fue otorgarle la estatuilla dorada a Emma Stone en la categoría de mejor actriz principal por La La Land.

Aunque Emma Stone sabe bailar, cantar y actuar en este encantador musical ganador de seis Óscar, la verdad es que Natalie Portman hizo un trabajo mucho más sobresaliente en el encomiable drama biográfico Jackie.

Esta película se enfoca en la presidencia estadounidense de John F. Kennedy, en particular en los días posteriores al asesinato de este mandatario, hecho ocurrido el 22 de noviembre de 1963 en Dallas.

Si bien este triste momento histórico es conocido por más de uno, y más allá de si fue Lee Harvey Oswald el responsable único de la muerte del carismático mandatario demócrata, Jackie tiene como plus que narra este suceso desde los ojos de la viuda de Kennedy, Jackie, encarnada por una extraordinaria Natalie Portman, quien sostiene con propiedad y rigor esta producción firmada por Pablo Larraín.

Su labor en Jackie iguala, y por momentos, supera lo que hizo Natalie Portman en el thriller psicológico Black Swan (2010), por el que obtuvo un incuestionable Óscar y un Globo de Oro.

Nunca Portman cae en el calco, ni en la copia superficial de quien fue Jacqueline Kennedy. Ella logra usar su cuerpo, su voz y cada partícula de su organismo para que resucitara esta dama que fue popular a nivel mundial en una época donde no existía internet, ni las redes sociales que convierten en fugaces figuras públicas a gente sin mayor mérito.

Si quiere saber cómo se enfrentó esta valiente mujer a la pérdida de su esposo en una esfera política marcadamente masculina, así como la tras escena de Washington tras la ausencia del líder caído, entonces debe ver Jackie.

Además, debe disfrutar Jackie para que sea testigo de qué manera Portman supo adentrarse en un ser humano reservado y cautivador, quien aprendió, a la brava, a estar en la mirada de todos, a enfrentarse a la poderosa familia Kennedy, a los medios de comunicación social que parecían buitres y encaró al propio Lyndon B. Johnson (sucesor en la Casa Blanca de su marido), quien cuanto antes quería ser partícipe de la historia en mayúscula.

UNA BRILLANTE CARRERA

El chileno Pablo Larraín ( Santiago de Chile, 1976) aporta en Jackie una mirada desde afuera de los acontecimientos, la del extranjero que estudia un caso alejado a su historia personal como es el asesinato de John F. Kennedy, aunque su cámara, a la par, sabe adentrarse en la mente de Jacqueline Kennedy (1929-1994) con una intimidad, una fortaleza y una delicadeza no solo única, sino que también es admirable.

Estamos ante uno de los directores más completos y versátiles que hay en el séptimo arte contemporáneo de América Latina, ya que no hay una tendencia clara de lo que podría ser la huella Larraín en sus propuestas.

Claro, unen todos sus filmes recientes la enorme capacidad de Larraín para contar historias potentes, aunque sus tramas no tienen un aparente parecido en común.

Antes de la destacada Jackie, su genial debut dentro de las filas del cine en inglés de Hollywood, Larraín firmó Neruda (2016), que prácticamente la hizo a la par que la biografía sobre la pareja presidencial.

Neruda, en un tono de novela negra con algo de realismo mágico, comparte la historia verídica de cómo el poeta Pablo Neruda, ganador del Nobel de Literatura, es perseguido en su propio país como si fuera un delincuente.

Aunque es una producción correcta, Neruda no está a la altura de Jackie.

Otro salto a la gracia absoluta para Pablo Larraín es cuando nos estremece con el drama religioso El Club (2015), esa clase de largometrajes que te dejan intranquilo y que te perturba al ingresar a la casa donde habitan sacerdotes responsables de miserables casos de abusos sexuales.

Antes de Neruda, ya había visitado la realidad brusca de la dictadura chilena en la muy recomendable No, en la que retrata la convulsionada década de 1980 en su país, así como el poder absoluto que tenía la televisión antes de la llegada de la internet y la fuerza de la publicidad cuando se enfrenta a un gobierno militar.

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