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12 feb Shirley Temple, la niña de la sonrisa eterna

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Shirley Temple, la primera estrella infantil global que tuvo Hollywood, murió  el lunes a los 85 años en su casa de Woodside, California.

Fue una personalidad mundial en una época donde no había internet, sino que los actores se volvían grandes casi fundamentalmente a través de las salas de cine.

Niña prodigio en un tiempo cuando la Meca del cine era una fauna dominada por adultos. Sus largometrajes arrasaron en taquilla entre 1935 y 1938, superando a colegas suyos como Clark Gable,  Bing Crosby, Robert Taylor o Gary Cooper, y cuando el concepto de producciones familiares no era tan popular como lo es ahora.

Protagonizó clásicos cinematográficos cuando los chicos no eran tan mediáticos en el negocio del entretenimiento, como ahora lo son Justin Bieber y Miley Cyrus.

Inolvidable por ser dulce delante de las cámaras. Y lo hizo en unos días donde triunfar significaba saber cantar, bailar y actuar.

Temple no tuvo necesidad de estar en las portadas de los periódicos y las revistas porque protagonizó un video musical erótico o porque estaba fumando mariguana a bordo de un avión, sino por sus habilidades histriónicas patentes en cintas como Stand Up and Cheer y The Little Princess.

Esta pequeña, como otros tantos de sus colegas, a quien no pudo vencer fue a la edad. A medida que crecía, su estela se hacía cada vez más diminuta hasta quedar relegada a los libros de historia audiovisual y a los canales de películas de antaño.

Dicen que prefirió luego la faena política y la diplomacia, pero la verdad es que su risa contagiosa, sus risos dorados y sus ojos relucientes no fueron suficientes para una audiencia que esperaba que fuera pequeña por siempre.

UNA GRAN ESTRELLA

Shirley Temple fue el rostro de la esperanza de que todo iba a salir bien durante los años traumáticos de la Gran Depresión en Estados Unidos. Fue un respiro en un tiempo donde no abundaban los empleos y sobraban las tristezas. Sus películas fueron una bomba de escape para los desamparados.

Ella siempre da un motivo para reír y no abandonar la fe por el mañana.

Se convirtió en la actriz más joven en obtener un premio Óscar.  Tenía seis años y fue una manera que tuvo Hollywood de darle las gracias por colaborar en la rentabilidad del cine norteño durante la década de 1930 y por ser uno de sus rostros más exportables.

Su carisma y talento hicieron posible que los estudios 20th Century Fox ganasen más de 30 millones de dólares, con lo que consiguió salvarles de la bancarrota.

Fue el actor menor de 21 años con mejor  salario, sin contar lo que obtenía anunciando jabones o muñecas con su rostro. Hasta sus rizos del color del sol eran valorados como pieza de colección para sus fans.

Aunque durante su juventud protagonizó filmes como The Bachelor and the Bobby Soxer, con Myrna Loy y Cary Grant, y Fort Apache, con John Wayne, Henry Fonda y John Agar, su primer esposo, su carrera fue perdiendo esplendor.

El Instituto Estadounidense del Cine la clasificó entre las 50 leyendas más destacadas de la gran pantalla.

Si bien estuvo bastante alejada de las marquesinas nunca abandonó por completo los reflectores, pues fue elegida congresista por el Partido Republicano en 1967, embajadora en las Naciones Unidas (1969-1970), luego en Ghana (1974-1976) y en Checoslovaquia (1989).

¿Qué escena de una película de Shirley Temple recuerdan con más estima? ¿Qué representa esta actriz para la historia del cine?

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