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13 feb Spinetta, un flaco muy querido

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Nunca estuve en un concierto de Luis Alberto Spinetta y me duele mucho no tener nunca la oportunidad de escuchar en directo a uno de los iconos del rock argentino y latinoamericano. Hace casi una década estuve en la ciudad de Buenos Aires por un corto tiempo y vi anunciado en un periódico un recital suyo, pero ocurría días después de que me iba de la Argentina.

Ya saben, como uno no es un cómodo millonario ni un valiente con espíritu libre, tuve que resignarme a volver a mi vida de trabajador asalariado de clase media y olvidarme de la idea de extender mi visita a unos de los países más interesantes de este continente americano.

Quizás los que no son seguidores frecuentes del rock argentino estén distantes del magnífico y experimental trabajo del Flaco Spinetta. A lo mejor hayan escuchado alguna canción de otros maestros más mediáticos de este género musical como Fito Páez, Charly García o Soda Stereo.

Spinetta, fallecido el miércoles pasado en Buenos Aires a causa de un cáncer de pulmón, era el más filósofo, surrealista, poeta e intelectual de todos los que conforman el gran Olimpo del rock en el sur de América. 

Ahora vuelvo a estar por unas horas en Buenos Aires rumbo aun tour vinícola en las provincias de Mendoza y Santa Cruz, organizado por el Instituto Nacional de Promoción Turística, y vuelvo a estar cerca y lejos al mismo tiempo de Spinetta. Cuando me entero de la noticia me pongo triste en el hotel, casi lloro, no porque no lo escuché en un concierto sino porque se marchó otro genio y hay tanto malandro en todas las clases sociales que viven hasta los 90 años y a veces los buenos se van jóvenes.

Se nos fue pronto el Flaco Spinetta, a los 62 años. Me gustaba más como compositor y guitarrista que como cantante. Su bagaje era amplio y su cultura inmensa. Su labor dejaba notar sus mayores influencias, que iban de los discos de los Beatles a los acordes de Led Zepellin, pasando por los libros del teatrista Artaud y los del psicólogo Carl Jung.

Era un artista que inspiraba el Spinetta, que no se metía en problemas ni lleva una vida excéntrica, que no le gustaba tampoco llamar la atención de los medios de comunicación social ni andaba de rock star por allí; aunque lo era. Era un creador, punto.

A quien sabe poco o nada de Spinetta le recomiendo que se vayan a ese inusual gran invento tecnológico llamado internet y busquen temas suyos como Muchacha (ojos de papel) y Laura va y escuchen tanto el ritmo rock (a veces con influencias del jazz) y sus hermosas letras que nos hablan de amor y paz. No por menos le decían algunos colegas que era el John Lennon del rock argentino y vaya que tenían razón.

En el libro Mastropía (2006) hizo una declaración de humildad: “yo me aproximo a la música como lo hace una cascarita de nuez a la orilla de un océano interminable. Con ella me expreso y siento que sólo soy un parlante”.

A la revista Pelo (1977) comentó que “quiero crecer hasta que mi alma siga viajando. Quiero crecer para que mi viaje no se corte, no quede en el vacío. Quiero conocer a Dios”. De seguro el Flaco ya está charlando con el Señor y le está compartiendo su buena música.

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