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26 abr Svetlana Alexiévich habla sobre Chernóbil, Putin y la Unión Soviética

Svetlana Alexiévich es  una de las 14 mujeres que han obtenido el Nobel de Literatura, premio que la Academia Sueca otorga desde 1901.

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Es la primera vez que la no ficción gana un Nobel de Literatura, distinción que recayó en la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich. Es la primera vez que la no ficción gana un Nobel de Literatura, distinción que recayó en la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich.
Es la primera vez que la no ficción gana un Nobel de Literatura, distinción que recayó en la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich. La Prensa

La familia de Svetlana Alexiévich residían en Bielorrusia cuando ocurrió la explosión de un reactor de la central de Chernóbil, uno de los más virulentos accidentes industriales de toda la historia, un desastre que ocurrió un día como hoy, pero de hace 30 años.

A causa de los altos niveles de radiación de aquel desastre del 26 de abril de 1986, la nube tóxica no solo condenó a la muerte a la mayoría de los 12 mil habitantes de Chernóbil, ubicada a 16 kilómetros de los límites con Bielorrusia y a 120 kilómetros de Kiev (capital de Ucrania), sino que esa nube tóxica cubrió Ucrania, Bielorrusia, Rusia y hasta llegó a sectores del Reino Unido.

La madre de la ganadora del premio Nobel de Literatura 2015 terminó ciega y su hermana falleció. Ambas vivían en Bielorrusia.

Esta periodista, de 67 años, fue una de las figuras de la versión 29 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá ( FILBO 2016), Colombia, actividad que termina este 2 de mayo.

Entre sus participaciones, una ocurrió en la Biblioteca Virgilio Barco, donde charló no solo sobre lo ocurrido en Chernóbil en su libro Voces de Chernóbil, sino que también conversó sobre los temas que ha desarrollado en el resto de su obra: los sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial ( La guerra no tiene rostro de mujer), el conflicto bélico en Afganistán ( Los muchachos de zinc), y el derrumbe de la Unión Soviética ( El fin del Homo soviético).

CONSEJOS POR UNA NOBEL DE LITERATURA

La meta de Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura 2015, no es reportar los hechos de acuerdo con la visión oficial, sino que busca los testimonios de los que siempre pierden a causa de las guerras y las crisis sociales, políticas y económicas.

Señala que no desea darle voz a los imperios ni a los gobernantes de turno, sino que anhela retratar en sus textos periodísticos el alma de los perdedores.

Opina que la gente no debería morir por tener ideas contrarias a los que tienen el poder político. Pone como ejemplo que más de una persona fue desterrada o asesinada porque estaba en contra del proceder de la extinta Unión Soviética.

FAMILIA

Su amor por las letras es una grata herencia que recibió de sus padres, quienes eran maestros de escuela, comenta Alexiévich, quien nació el 31 de mayo de 1948 en la comunidad ucraniana Ivano-Frankivsk.

Tener a su familia como modelo de compromiso social, le permitió ser solidaria con los oprimidos, indica a la vez que agrega que encontró en el periodismo el vehículo para denunciar lo que debía ser arreglado en el mundo.

Resalta que su padre, hasta el día de su muerte, era un fiel creyente del sistema soviético, incluso pidió que lo enterraran con el carnet del partido comunista.

Ella, al contrario, dice que el comunismo es una ideología cuestionable, quizás no al inicio cuando se enfrentó a la burguesía de la épica y que buscaba darle un puesto digno a los de abajo, sino que progresivamente sus líderes fueron contradiciendo los planteamientos con los que convencían al pueblo de una igualdad para todos.

Plantea que de joven fue dura con sus progenitores, en particular por tener los tres planteamientos políticos diferentes, algo de lo que se arrepiente porque manifiesta que primero está la patria y la familia, y después las intenciones ideológicas de cada quien.

Cuando era muchacha le cuestionaba a sus adultos por qué habían dejando crecer figuras cuestionables como Joseph Stalin y Leonid Brézhnev, que se creían dioses cuando eran mortales como cualquier otro, anota.

Ahora, como la vida es cíclica, le preocupa que su nieta le recrimine cuando crezca que por qué Svetlana Alexiévich permitió que gobernara el presidente ruso Vladimir Putin.

Opina que no solo los dictadores y los pésimos presidentes electos de forma democrática tienen la culpa de los males cometidos a sus respectivos países, sino que también la responsabilidad recae en la propia población que los ayuda a subir la cúspide o les permite que cometan sus excesos.

Por eso, no le sorprende ni le preocupa, que su obra fuera en su momento considerada como antisoviética y que varios de sus libros estén prohibidos hoy día en Bielorrusia porque le indican que está haciendo bien su trabajo de informar sobre lo que otros desean ocultar.

RUSIA

Le causa intranquilidad que una parcela de la sociedad rusa del presente añore los tiempos de la dictadura comunista, pues tienen la concepción, errada, de que aquellos tiempos eran mejores que los actuales.

Entiende que estén molestos porque los avances de la democracia rusa no ha beneficiado a muchos como esperaban, pero no cree que la solución sea que regrese la época en la que los gobernantes bolcheviques supuestamente tomaban decisiones a partir de sus lecturas de Friedrich Engels, Carl Marx y León Trotski.

Lo indica porque tantos aspectos negativos tuvo la cúpula comunista, como equivocaciones ha cometido Putin, a quien calificó como un símbolo de una derrota que se viene cocinando en Rusia y alrededores desde más de 30 años.

Propone que se debe leer siempre, tanto sobre el ayer como lo que se da en el presente, para que los individuos tengan todos los costados de una misma situación y luego entonces emitan su veredicto.

Le pide a todos que no dejen de luchar, que defiendan sus posiciones, siempre con tolerancia y respeto hacia el otro.

Cree que la libertad no se consigue en un día, que es un esfuerzo colectivo y permanente. Que dejen atrás la Guerra Fría, aunque aprendiendo las lecciones que ese ciclo histórico les brinda.

CHERNÓBIL

Le da tristeza que el accidente de Chernóbil no sirvió para aprender que el hombre no puede sentirse superior a la naturaleza.

Que el mundo se volvió arrogante y se quedó en acusar políticamente a la Unión Soviética sobre la forma equivocada como manejó el desastre, cuando debieron concentrarse en ayudar a las víctimas y a sus familiares de manera inmediata, y que recordaran que se debe proteger al medio ambiente.

Algo que no se aprendió, porque si así hubiera sido no hubiera ocurrido el accidente nuclear de Fukushima I ( Japón) el 11 de marzo de 2011, y porque uno de los objetivos de los responsables de los ataques terroristas en el aeropuerto de Zaventem y en una estación de metro, el pasado 22 de marzo de 2016, era también atacar las centrales nucleares belgas.

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