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09 ago The Big C: alegría triste

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Cathy Jamison tiene 42 años y se está muriendo. Marlene tiene 79 años y quisiera irse de este plano porque su esposo y varios de sus amigos de su edad ya no están entre los vivos. Ambas son vecinas y se sienten solas en un suburbio de clase media de Estados Unidos. Las dos tratan de esconder sus miedos y desesperanzas con una actitud ruda, agresiva e irónica. La mayor entiende el dolor y el desamparo que embarga a la menor, pues su esposo Eddie murió de cáncer en el colon.

Esa es parte de la premisa de la serie televisiva The Big C, cuya primera temporada acabó de terminar. Voy con demora, pues esos 13 maravillosos capítulos son de 2010 y ahora voy en busca de adquirir la segunda temporada mientras que se transmite la tercera en este momento.

Esta propuesta de la cadena Showtime hace lo que parecía difícil en términos argumentales en la pantalla chica: mostrar una comedia dramática sobre el cáncer. Aunque este programa, creado por Darlene Hunt, realmente es un homenaje a la vida y sobre cómo debemos valorar en su justa medida el poder respirar y estar rodeado de la gente que uno quiere.

Se trata de una tierna propuesta sobre cómo dentro del dolor hay espacio para el sentido del humor y para sonreír, y eso lo hace este programa sin ridiculizar a los enfermos de cáncer ni a sus familiares. Es sobre una verdad que pocos reconocemos o nos planteamos de frente: tarde o temprano, todos nos vamos a morir. Cada episodio te lleva a preguntarte aspectos varios: ¿qué has hecho con la vida que se te dio?, ¿has sido feliz y has hecho feliz a los demás?, y si tuvieras un año de vida, ¿qué harías en ese tiempo por ti y por los que quieres?

El personaje de Cathy la encarna una de las mejores actrices de su generación, Laura Linney, quien también ejerce como productora ejecutiva de este espacio televisivo. En cine quizás la recuerden por sus excepcionales trabajos en películas como The Truman Show (1998), Mystic River (2003), Kinsey (2004) y The Squid and the Whale (2006). Yo la conocía en 2003 durante el Festival Internacional de Cine de Berlín cuando ella presentó en la capital alemana el drama The Life of David Gale. Algún día les contaré sobre esa experiencia de ver tantas estrellas a metros de distancia y además poder hablarles.

Volvamos a The Big C. Cathy, al recibir la noticia de su enfermedad, decide darse ciertos lujos que antes no se le hubiera pasado por la cabeza, desde comprar un champán de 450 dólares hasta adquirir un automóvil deportivo descapotable.

Enfrentarse ante la posibilidad de irse antes de tiempo, la lleva a darle un nuevo valor a los hechos. Por ejemplo, antes una mancha en un sofá era el fin del mundo, pero ahora sabe que solo es un objeto que tiene un valor económico y poco más. Por otro lado, antes era una aburrida consumada y una predecible notable y ahora, con su nuevo yo, es sorpresiva y se atreve a todo. Ahora es más franca y realista que en el pasado reciente, sabe que casi todo es posible y en ocasiones es cruel porque comprende que el tiempo no se detiene ante nada. Ayer era organizada y tenía todo bajo control, pero ese orden pierde su equilibrio cuando un diagnóstico le cambia el eje de forma radical.

Cathy es la confirmación de que cambiamos gracias a algo bueno o malo que nos ocurre, pero lo importante es tratar de modificar el rumbo por un sendero positivo, cada vez que se pueda. Ella es el ejemplo de cómo una enfermedad te hace consciente de quién eres, y te invita, a la fuerza, a evaluar qué has hecho con tu vida.

El resto de los seres que habitan The Big C son igualmente interesantes. Está Paul, el esposo de Cathy, encarnado por el solvente Oliver Platt, quien sabe darle esa pinta de hombre grande, inmaduro y cómico que este personaje requiere.

John Benjamin Hickey es Sean, el hermano mayor de Cathy, un idealista que está en contra del sistema, no cree en el consumo ni en las inversiones ni en el sentido de propiedad. Se define como un guerrero ecológico, por lo que no sigue el camino que el consumismo rapaz nos seduce a recorrer, y admite tener una ira justificada porque la modernidad nos ha hecho seres incapaces de no hacer más de cuatro cosas porque no tenemos a la mano inventos como el automóvil, el control remoto o la electricidad. Aunque la personalidad de Sean es distinta a la de su hermana, cuando comienzan a acercarse se dan cuenta de que no son tan diferentes como pensaban al principio.

Cathy también tiene una simpática relación médico/paciente con su doctor, Todd (Reid Scott), quien es noble y compasivo como a veces no son los galenos después de años de ejercer su oficio.

Mientras que Marlene (una estupenda Phyllis Somerville) a simple vista parece racista, grosera y ordinaria, pero todo es fruto de sentirse triste y sola, de tener a sus hijas lejos de ella, aunque tiene una fiel mascota, un perro, que le hace compañía.

El cáncer terminal que sufre la figura central se convierte en el proceso de maduración para todos los personajes.

¿Has visto The Big C? ¿Qué te gustaría alcanzar lograr antes de morir? En un capítulo, Cathy le pregunta a Marlene: “¿no hay nada que hayas querido comprarte solo porque sí?” ¿Qué responderías tú?

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