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05 sep ‘The Bourne Legacy’, regular

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La saga de Bourne llegó al cine comercial estadounidense cuando las cintas de acción de espías habían visto pasar su mejor época.

La cámara de Doug Liman le imprimió nuevas fuerzas al mundo del espionaje fílmico gracias a The Bourne Identity, estrenada en 2002, al rodar las escenas de acción como si se tratara de un documental o un reportaje televisivo, es decir, cámara en mano, como si la propia cámara fuera perseguida por los villanos.

Un elenco que combinó sangre joven (Matt Damon, Franka Potente y Julia Stiles) con la de veteranos (Brian Cox y Chris Cooper), más un bastante acabado guión firmado por Tony Gilroy y W. Blake Herron, ayudó a que The Bourne Identity se convirtiera en uno de  los más destacados thriller de intriga  hecho en Hollywood de su año.

Se requirió una inversión de 60 millones de dólares para hacerlo posible y de vuelta recibió 214 millones, dominando en mercados como Estados Unidos, Francia, Alemania y Japón.

Bourne era novedoso, ya que si bien hablaba más de un idioma, sabía de artes marciales y manejaba automóviles como los grandes de su oficio secreto, no deseaba ser atractivo ni locuaz ni conquistador de chicas como su primo James Bond, ni tampoco necesitaba modernos artefactos tecnológicos para sobrevivir como sí requería el funcionario de la corona inglesa para poder salvar el mundo.

En 2004, debido al éxito de crítica y de taquilla recibido, se da una segunda entrega titulada The Bourne Supremacy y Paul Greengrass pasa a ser el responsable de la dirección.

Cuenta con una inversión de 75 millones de dólares y obtiene a cambio 288.5 millones, siendo recibida con entusiasmo en Australia, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Japón y España.

En 2007 regresan Greengrass como jefe del proyecto, Gilroy como autor del libreto (más la ayuda recibida de Scott Z. Burns) y se mantienen en puestos claves nombres como Damon y Stiles en la acción criminal de The Bourne Ultimatum.

Ahora a Greengrass le dan 110 millones de dólares y la boletería le favorece con 442.8 millones al lograr bastante convocatoria en Australia, Rusia, Estados Unidos, Corea del Sur, España Japón y México.

Las tres se inspiran en una novela de suspenso político de Robert Ludlum, que a su vez fue el punto de partida de una miniserie televisiva que se proyectó en la unión americana en 1988, en la que Richard Chamberlain encarna al espía Jason Bourne, quien ha perdido los recuerdos y no sabe quién o a qué se dedica.

En 2012 aparece un spin-off, The Bourne Legacy, protagonizada por Jeremy Renner, Rachel Weisz y Edward Norton, quienes hacen lo posible en un proyecto que le falta el poderío de la trilogía estelarizada por Damon.

Se trata más de un spin-off que de una precuela porque maneja una trama paralela a The Bourne Ultimatum. La forma en que tratan de crear hilos con Jason Bourne (lo mencionan, se escucha su voz en off y muestran sus fotografías) no termina de justificar lo suficiente esta relación temática.

A Greengrass lo sustituye tras las cámaras Tony Gilroy, que ha escrito interesantes guiones como el de Michael Clayton, así como las pasadas Bourne, quien le pide ayuda a su hermano Dan para redactar las palabras y situaciones que aparecen en la pantalla grande.

A Gilroy le dan la mayor cantidad dinero de la saga: 125 millones de dólares, pero en esta ocasión la cinta no funciona tanto en la boletería como los títulos anteriores, ya que alcanza los 160 millones de dólares. Sí, hay ganancias de por medio, aunque pocas para los entristecidos productores que pensaban que la gallina de los huevos dorados seguiría dándoles muchos dividendos.

Como cineasta, Gilroy hizo un estupendo trabajo en Michael Clayton (2007) y una buena labor en Duplicity (2009), pero esta vez el asunto le quedó un poco deslucido con The Bourne Legacy, al concentrarse en muchos diálogos innecesarios, en conflictos que pudieron recortarse y pocas escenas de acción (aunque no niego que las pocas tuvieron coreografías relevantes, en especial la que ocurre en Manila), lo que la hace por momentos lenta.

Ahora este Bourne, gracias a que hay un grupo de espías que han sido mejorados gracias a fantásticos medicamentos, le debe más al Hombre Nuclear o al Soldado Universal que a los títulos previos sobre un hábil espía que recupera paulatinamente la conciencia de quién es.

El personaje a cargo de Renner, Aaron Cross, sobrevive a una manada de lobos (debió darle lecciones a los obreros de la película Un día para sobrevivir), a las más bajas temperaturas y salta muros y desciende montañas como si fuera uno de los seres que habitan películas como Crouching Tiger Hidden Dragon (2000), de Ang Lee o Hero (2002), de Yimou Zhang.

De las cuatro, la que me agradó más fue The Bourne Ultimatum (2007) y está demás decirles que la menos atractiva ha sido The Bourne Legacy (2012).

¿Qué les han parecido las entregas de Bourne? ¿Qué opinan de The Bourne Legacy? ¿Supera esta entrega a la anterior trilogía?

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