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01 mar [Videoblog] Hitckcock, un instructivo vehículo para descubrir a Alfred Hitchcock y a Psicosis

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Todos los seres humanos somos potenciales personajes de ficción. Nuestras caídas, vicios, virtudes y dobleces dan pie para que la imaginación nos visite en forma de libros, canciones o películas.

Algunas personas son más atractivas por sus particularidades que el resto, como es el caso de Alfred Hitchcock. Este director tan inglés como su colega Charlie Chaplin lo plantea de la siguiente manera: “un buen drama es como la vida, pero sin las partes aburridas”.

Por lo que hacer Hitchcock, un filme biográfico sobre el bautizado, justamente, maestro del suspenso, una pieza dirigida por Sacha Gervasi y protagonizada por Anthony Hopkins y Helen Mirren, es útil, en especial para un sector de las nuevas generaciones que no les atrae ver ninguna “película vieja”, como definen equivocadamente a cualquier producción que haya sido estrenada antes de la fecha de nacimiento del muchacho en cuestión.

Hitchcock, que le encantaba ser llamado El Mago, era único en su especie. Tenía una relación especial  con Alma Reville, quien era su esposa, ama de llaves, auditora, entrenadora personal y consejera artística del caballero que era desbordante por dentro y por fuera.

Hitch, como le decían sus íntimos al devoto del escritor Edgar Allan Poe, era vanidoso, inseguro, iracundo, odioso, macabro y genial.

Poseía un gusto irresistible por las actrices, sobre todo si eran rubias, porque opinaba que tenían un excelente sentido del humor, y bajo sus órdenes tuvo a guapas damas de cabellos dorados como Carole Lombard, Tippi Hedren, Grace Kelly y Julie Andrews, y hacerlas sufrir dentro y fuera del rodaje era su extraña forma de poseerlas.

Hitch pensaba que los intérpretes eran como vacas, y los trataba como tal. Su relación  con esos seres la resume así: “Cuando un actor viene a decirme que quiere discutir su personaje, le contesto: ‘Está en el guion’. Si me pregunta: ‘¿Cuál es mi motivación?’, simplemente le respondo: ‘Tu sueldo”.

Le encantaba realizar bromas pesadas, haciendo énfasis en aquellas mujeres de buen ver. Si no, pregúntenle a Tippi Hedren, su estrella de Los Pájaros Marnie, quien lo calificó de sádico. Casi nada.

VILLANO

Hitchcock (1899-1980) tenía una sentencia: “A mejor villano, mejor película”.

En  Hitchcock, el filme de Sacha Gervasi sobre el notable director inglés, los malos son los productores y dueños de distribuidoras de Hollywood, gremios que desde el nacimiento del séptimo arte deciden sobre los filmes sin saber necesariamente acerca del oficio de contar historias con palabras e imágenes en movimiento.

En  Hitchcock, Gervasi, documentalista que debuta en las labores de realizador de ficción, no desarrolla una biografía profunda sobre Hitch, lo que daría pie más bien a una miniserie televisiva de varios capítulos, sino que de forma inteligente se concentra en un solo aspecto: los entre telones que dieron como resultado uno de los clásicos del devenir cinematográfico:  Psicosis (1960).

Ese concentrarse en uno de los tantos largometrajes que llevan su sello, permite explorar cómo era y es el negocio del cine en Estados Unidos y en otras industrias de relevancia.

Por ejemplo, tanto ayer como hoy, tener más de 60 años es ya sinónimo de retiro, como le aconsejan los periodistas a Hitchcock antes de rodar Psicosis.

La película  Hitchcock es sobre el dolor de cabeza de los directores cuando están en ese punto donde deben buscar desesperadamente un argumento que traslade a la pantalla grande antes de que te consideren “viejo”; sobre el olfato que deben tener para aceptar o rechazar proyectos externos (a Hitch en 1959 le propusieron hacer  Ana Frank Casino Royale y prefirió hacer Psicosis); es acerca de  cómo un artista de su talla no encuentra ningún productor grande tipo Warner Brothers y Paramount que lo apoye y debe financiar con su propio dinero los más de 800 mil dólares que costó Psicosis, y es evidenciar la pasión de un creador que confía en sus ideas, pues más de uno miraba con recelo su “necedad” de narrar la trama de un asesino que tiene una relación enferma con su madre.

MAGNETISMO

Si bien John Ford, el más grande creador del western fílmico norteamericano, allanó el camino para que los directores trataran de tomar de nuevo el control de sus proyectos en Hollywood (perdieron ese poder tras el descalabro económico que en 1916 representó la  Intolerancia de D.W. Griffith), fue Alfred Hitchcock quien se hizo visible ante los demás desde su condición de cineasta.

Tanto, que son míticos sus cameos (presencia actoral sin parlamentos) en sus películas o que en las giras de promoción de sus productos para la pantalla grande y chica, don Alfred era tan relevante o más que sus actores y productores.

¿Es que eran de transparente corporalidad los realizadores? De alguna manera, sí, pues gracias al sistema de estrellas, que toma forma en la década de 1920 en la Meca del cine, los intérpretes eran, y son, todo a la hora de hacer mercadeo a un título, ya que son el principal motivo para que el espectador promedio vaya a una taquilla a comprar un tiquete de cine.

Hoy es normal que Pedro Almodóvar, Steven Spielberg o Peter Jackson ofrezcan un nuevo producto cinematográfico, y más de uno quiera ir corriendo a las salas porque estos gigantes detrás de las cámaras tienen algo que mostrar. Los tres, y unos cuantos más, son igual de famosos que los actores a los que contratan para sus filmes, pero en la época de Hitchcock ese tipo de magnetismo no era tan frecuente y estaba más reservado para los actores.

RESULTADO

A la película de Sacha Gervasi se le puede acusar de que deseó abordar mucho y ahondó poco en la perversa relación que tuvo Hitchcock con sus actores (particularmente entre las mujeres), y que dejó de lado la relación entre este director con el compositor de música para cine Bernard Herrmann, con quien colaboró en  Vértigo, Psicosis Los Pájaros, entre otras.

También se le puede achacar a Gervasi que no supo aprovechar el talento de Anthony Hopkins, a quien sometió a un vestuario y maquillaje imposible de maniobrar, que le impidió ofrecer al ganador del Oscar un mejor Hitchcock. En ese aspecto, mejor le fue a Helen Mirren, que estuvo estupenda como Alma Revilla, la esposa de Hitch.

Algo que hizo de forma correcta Gervasi es evidenciar la influencia que tenía Alma sobre su marido. Lo asistía en algunas tomas, participó en la redacción final de un par de sus guiones, le aconsejaba a quién sí y a quién no contratar en sus elencos y era una especie de consultora en sus proyectos.

Una anécdota conocida, que no aparece en el filme porque no viene a cuento en el momento histórico en que se desarrolla Hitchcock, es que Alma le prohibió a su consorte, sí, prohibir, que mostrara en la pantalla grande las exquisitas piernas de la actriz Kim Novak, su estelar en  Vértigo, entre otras, porque Hitchcock siempre tenía relaciones imaginarias con sus actrices. ¿Qué respondió el caballero a la petición de su señora? Sí, querida.

Es que ya lo dijo el más grande crítico y estudioso de cine de América Latina de todos los tiempos, Guillermo Cabrera Infante, que se debe “recordar que detrás de cada cámara no está  el director de la película, sino la mujer del director. Un fotógrafo es una cosa buena, un productor es una cosa mala, pero una esposa es cosa decisiva”.

¿Han visto alguna película de Alfred Hitchcock? ¿Qué les pareció Hitchcock? ¿Qué les parece las películas biográficas?

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