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09 mar [Videoblog] 0z, el poderoso, desigual película

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Sam Raimi apostó y perdió con la película Oz, el poderoso, por lo menos en cuanto al pobre rendimiento que obtuvo por parte de los críticos de cine en Estados Unidos, que le han brindado un triste 63% a esta precuela de un clásico de todos los tiempos: El mago de Oz (1939), de Víctor Fleming.

El director estadounidense decidió retirarse de los grandes proyectos de cine industrial, motivo por el cual abandonó su gallina de los huevos de oro: la saga de El Hombre Araña.

¿Razón? Sentía que ya había dado todo lo que tenía para engrandecer al superhéroe de la Marvel. Su trilogía sobre Spiderman recaudó un total de dos mil 496 millones de dólares alrededor del globo terráqueo y dos de las tres entregas recibieron el visto bueno de los expertos. No había queja.

Después de tamaña decisión regresó a sus orígenes, el cine de terror de serie B que lo dio a conocer en las décadas de 1970 y 1980, cuando presenta la extraordinaria  Arrástrame al infierno (2009), que conquista a los expertos norteños (92% de aprobación) y fue rentable a nivel mundial (costó 30 millones de dólares y obtuvo en la boletería 90.8 millones de dólares).

Luego Sam Raimi se metió con un icono del séptimo arte, y el resultado ha sido desigual.

DESIGUAL

Sam Raimi pertenece a esa clase de directores de cine independiente que terminaron en las filas de las producciones industriales de Hollywod, familia   que también integran colegas suyos como Tim Burton, Christopher Nolan y Sam Mendes, entre otros.

Por eso, era de esperarse que la Meca del cine tentara a Raimi con un nuevo proyecto de gran presupuesto, luego de su decisión de suspender su colaboración con la franquicia fílmica de El Hombre Araña.

Su regreso es  Oz, el poderoso (Oz: The Great and Powerful) y el resultado ha sido un fiasco.

Decir que sí a esta precuela (una película que ocurre en un ambiente previo al argumento de una producción ya existente) ha sido una jugada equivocada para Raimi.

¿Por qué? Su propuesta le queda chiquita a la película que le dio razón de ser: el musical El mago de Oz (1939), de Víctor Fleming.

Raimi se equivoca en la puesta en escena, en la historia que brinda y en la selección de su estrella principal.

La estética del Oz de Raimi, ese mundo fantástico y surrealista creado por el escritor Frank L. Baum, es una copia al carbón de lo que ofreció Tim Burton en su solvente Alicia en el país de las maravillas (2010).

Se entiende que un cineasta influya sobre los miembros de su gremio, pero de allí a que el tono, la atmósfera y la paleta de colores de Oz, el poderoso sean demasiado parecidos a la Alicia de Burton no tiene perdón.

Siguiente punto: el argumento. Por cuestiones de falta de derechos de autor, Raimi no podía hacer referencias a las imágenes de Victor Fleming, por lo que como precuela se queda corta.  De allí que el espectador está en medio de un vacío ante la falta de referencias en torno a la dulce Dorothy, el león cobarde, el espantapájaros sin cerebro y el hombre de hojalata sin corazón.

Sí, hay un mago; el camino que recorren los personajes es amarillo; existe la Ciudad Esmeralda y Kansas; hay monos que vuelan y hay brujas; pero no es suficiente para que sea potable esta producción.

Mientras que James Franco estuvo admirable en dramas como 127 Horas (2010) y Milk (2008),   a su papel de mago le faltó brillo, encima fue  poco convincente y era como un capitán a bordo de una nave que se estrellará sin remedio.

FINANZAS

¿En lo económico? El lunes venidero, luego de restar y sumar dinero, se sabrá cómo le fue por las salas del mundo a Oz, el poderoso.

De repente, la audiencia global le dé un respaldo a Sam Raimi que los críticos de Estados Unidos no le dieron en esta ocasión. 

La meta es algo ambiciosa, ya que este retorno a Oz tuvo un presupuesto de 200 millones de dólares. ¿Cuánto se tardará en recuperar esta inversión y con qué rapidez? Esa es otra interrogante que el inexorable paso del tiempo podrá responder.

¿Qué les pareció Oz, el poderoso? ¿Qué recuerdos tienen de El mago de Oz

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