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11 nov ¡Viva Calle 13!

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Hasta hace pocos años tenía en muy baja autoestima a los Grammy Latinos. Me daba igual quién ganaba o quién perdía porque pensaba que era otra de esas premiaciones tan simples y superficiales como es gran parte de la música en español que se transmite por las radioestaciones comerciales.

En tiempos libres de música on line y el aumento de artistas que se van por su cuenta, tenía la impresión de que el Grammy Latino no distinguía a los creadores del pentagrama que apostaban por el ingenio, la valentía y el correr riesgos.

Creía que el Grammy Latino solo abogaba por esos cantantes prefabricados y de corta vida que pertenecen a un sistema de quitar y poner, de te escucho ahora y te olvido mañana. Que la industria musical usaba este galardón para darle palmaditas en los hombros a esos analfabetas que con un coro pegajoso y una música contagiosa presumen que hacen música con mayúscula, que logran éxitos en ventas como pan caliente y que más benefician a las disqueras que a los propios músicos.

En  2009 quedé de una pieza cuando un disco divertido, irónico y trasgresor como es Los de atrás vienen conmigo se ganaba 10 premios, dejando en la gatera a tanto cantante con cara linda y cuerpo de pecado, pero con pocas neuronas funcionándoles, seres que se acomodan en su confort con tal de poder decir que son “artistas” triunfadores.

¿Los autores de ese álbum relevante? Calle 13, integrado por el dúo puertorriqueño René ‘Residente’ Pérez y su hermano Eduardo ‘Visitante’ Cabra, los amos y señores de la música urbana. Sin olvidar que también les colabora su hermana Ileana Cabra (conocida como PG-13).

Esta semana volví a ser testigo de otro acontecimiento inolvidable gracias a la magia de la televisión en directo, cuando Calle 13, el mayor emblema de la música más independiente que existe hoy en América Latina, vencía con ese prodigio que es Entren los que quieran.

Este exquisito disco obtuvo nueve de las diez categorías en las que estaba nominado, en una ceremonia que ocurrió en Las Vegas (Estados Unidos), logrando gramófonos dorados en apartes como mejor canción alternativa y video versión corta por Calma pueblo; canción urbana para El baile de los pobres; mejor canción y mejor grabación del año por Latinoamérica, entre otras distinciones.

Con dos álbumes, Calle 13 ha cosechado 19 Grammys Latinos (más dos Grammy anglosajones), dejando a otros músicos iberoamericanos en segundos y terceros lugares como el colombiano Juanes con 17 de estos premios y el español Alejandro Sanz con 16 de estas estatuillas.

Sí, Iberoamérica ha tenido en los últimos 30 años a monstruos consagrados como el cubano Silvio Rodríguez, los españoles Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, el panameño Rubén Blades y los puertorriqueños Tite Curet Alonso y Willie Colón (aunque nacido en Estados Unidos), entre otros, pero ninguno ha podido convertirse en un fenómeno mediático y multipremiado de forma tan espontánea y rápida como Calle 13.

No se trata de quién tiene más o menos talento de todos los antes mencionados dioses del ritmo, el punto es que las verdades escritas y cantadas por ellos no han podido llegar a tantos oídos en tan poco tiempo como sí lo ha conseguido Calle 13.

Nadie en la actualidad musical en castellano dice la verdad, así, de frente, sin importar las consecuencias como Calle 13. Ellos tienen el sentido social heredado de Tite Curet y la fuerza política de Rubén, el lado filosófico de Silvio y el sentido del humor cínico de Willie, pero ni estos maestros de la composición pusieron los puntos sobre las jotas con tanto descaro y rudeza como estos muchachos.

Este dúo no le teme a nadie, se enfrenta  a todos sin más protección que sus temas honestos y encima ocurre ese logro que los premia la misma industria de la que se burlan con tan justa razón.

No todo está perdido en la música mientras existan grupos como Calle 13, que están preocupados por denunciar los entuertos de  este mundo injusto y que no les preocupa demasiado si llegan al primer lugar de las listas de popularidad o si hay radio emisoras cobardes que censuran algunas de sus piezas.

Lo increíble es que Calle 13 consigue por igual el reconocimiento de todos los públicos, desde los seres más intelectuales hasta el denominado hombre de la calle.

Los de atrás vienen conmigo es más divertido, irresponsable, despreocupado y juguetón que Entren los que quieran. Yo por ser más formal, aunque no me guste admitirlo, me quedo con este último álbum porque siento que hay mas madurez en las letras y en su tono, lo siento más universal, como que se tomaron más en serio a ellos mismos.

Sí, aunque no lo crean los detractores de Calle 13, estos muchachos son cada vez menos soeces y más poetas sociales. Ojala vengan pronto otra vez a Panamá para que nos hagan mover el esqueleto, la conciencia, el alma y la mente. Salud, muchachos. No pierdan el camino.

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