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25 feb Las dos caras de 'Caballo de guerra'

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Tengo sentimientos encontrados con Caballo de guerra. Me pareció satisfactoria y normal al mismo tiempo.

Me gustó porque es una película familiar, en la medida de lo posible, tomando en cuenta que parte de su argumento tiene como escenario una contienda bélica.

En estos tiempos en que los jóvenes espectadores tienen acceso a películas tan simples en todos los sentidos, Caballo de guerra es la clase de producción que vale la pena que los muchachos recuerden con cariño.

La novela que la inspira, escrita por Michael Morpurgo, forma parte de esa herencia inmensa que nos dejaron las historias de Dickens sobre el coraje y la derrota. Se trata de una obra narrada con pulso y gracias a esta película será más conocida por los lectores de todas las edades, a los que les falta tener acceso a libros realmente necesarios como este.

Los temas de Caballo de guerra, en especial el de la amistad por encima de todo, el abuso de los poderosos y las tensas relaciones entre los miembros de un clan, son tratados con esmero por parte de uno de los más destacados directores que tiene Hollywood en la actualidad: Steven Spielberg.

La parte que me decepcionó fue cómo Spielberg, en nombre de no hacernos daño y al evitar que perdamos la inocencia, deja casi de lado uno de los grandes temas de la película, lo absurdo y terrible de un enfrentamiento bélico. Sí, esto trata de dejarlo en evidencia en escenas como la del fusilamiento injusto de dos chicos que tratan de protegerse mutuamente y cuando soldados rivales liberan al caballo Joey de los alambres.

Pero no es suficiente, pues el cineasta estadounidense pasa casi de largo por lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), como si lo más importante de todo fuera que un caballo y su dueño se vuelven a ver y no los más de ocho millones de personas que murieron en ese conflicto sin razón. Es decir, el Spielberg de Salvando al soldado Ryan (1998) se dejó guiar por el que hizo  E.T. (1982)  y ese es un rumbo cuestionable.

Si quieren ver mayor compromiso con la historia en mayúscula al presentar lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, les recomiendo ver clásicos como Senderos de gloria (Estados Unidos, 1957) de Stanley Kubrick y La gran ilusión (Francia, 1937) de Jean Renoir.

Sí, el director nos maravilla con una puesta en escena majestuosa, pero el argumento central termina siendo más elemental y sencillo que esas hermosas fotografías de campos, entre soñados y grotescos, que parecen sacados de alguna película de John Ford, a quien Spielberg rinde homenaje en Caballo de guerra.

Si me ponen a elegir, prefiero al creador de Minority Report (2002), Munich (2005) y La lista de Schindler (1993), pues la vida puede ser contradictoria en ocasiones y la muerte por lo general es un acto de dolor y evitarnos ambas realidades no hará que estas verdades cambien.

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