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02 sep Un día para sobrevivir: lobos de compañía

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Un día para sobrevivir (The Grey) se concentra en el devenir de un grupo de sobrevivientes de un accidente aéreo y cómo en medio de un territorio hostil deben evitar sereliminados por una manada de lobos.

A partir de esta sinopsis, la película puede enmarcarse tanto en el cine de desastre tipo Titanic (barco que se hunde), Armageddon (asteroide destructor) o The Perfect Storm (tormenta despiadada), o de filmes sobre ataques de animales como Jurassic Park (dinosaurios resucitados), King Kong (gorila gigante de pocas pulgas) o Anaconda (serpiente tamaño familiar con hambre permanente).

Aunque me gusta más ubicarla dentro de un tercer subgénero temático: el de sobrevivencia. Si bien no tiene el aire de hondo existencialismo de Into The Wild (2007), de Sean Penn; ni el lado tragicómico de Cast Away (2000), de Robert Zemeckis, ni el sentido de la angustia de 127 Hours (2010), de Danny Boyle, The Grey es entretenida porque sus protagonistas siguen adelante después de que cayera su avión.

Este estereotipado colectivo debe enfrentarse no solo a una naturaleza que los va aniquilando poco a poco, como ocurre en los tres títulos antes citados, sino que además deben combatir contra una especie que domina en ese territorio nevado: los lobos.

Mientras el director y coguionista Joe Carnahan ofrece una metáfora sobre cómo el ser humano pasa de ser un depredador sin piedad a una víctima histérica en cuestión de minutos, The Grey funciona y bastante.

Carnahan nos recuerda lo interesante que es cuando una persona se siente valiente al tener un rifle en las manos y sale de cacería como si fuera el tipo más osados del planeta, pero cuando debe estar cara a cara con un animal salvaje como hacían sus antepasados de las cavernas, o sea, con pocos elementos defensivos a su favor, entonces el asunto lo atemoriza, comienza a rezar y huye como cualquier cervatillo que ve el peligro acercarse.

Lo que no viene a cuento, es cuando el realizador le da un innecesario toque de drama social a su filme, ya que buena parte de los tripulantes que siguen con vida eran trabajadores de una compañía de petróleo y en su empleo solo recibían bajos salarios y humillaciones de todo tipo por parte de sus superiores, cuando lo realmente importante de este thriller de aventuras es: ¿qué hago para seguir adelante y no ser la cena de unos mamíferos hambrientos?

Cuando Carnahan se enfoca en el combate entre animales endemoniados y hombres desesperados, el tiempo narrativa de The Grey es ágil, funcional, convincente y hasta le transmite temor y desesperación al espectador.

El detalle es que no termina de acentuar ese aspecto durante toda la trama, ya que a veces cae en la tentación de darle demasiado espacio a personajes esquemáticos: el sabelotodo trastornado (Liam Neeson), el pesimista, el creyente, el optimista, el débil, etc., quienes encima caen en el lugar común de ofrecer a la audiencia sentidos, pero patéticos discursos sobre la vida, los sueños perdidos, los momentos felices y la inminente muerte.

Por ejemplo, el extraordinario ímpetu que le imprimió a los últimos 15 minutos de proyección, en especial en la escena final, si ese sentimiento de perdida, desolación, miedo y resignación hubiera reinado durante toda la trama, The Grey sería una película por completo redonda.

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