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27 mar La eficaz 'Los juegos del hambre'

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Una película como Los juegos del hambre (The Hunger Games) nos recuerda que, por lo general, los peores malhechores son los que llevan las riendas de los Gobiernos.

Esta valiosa producción comercial estadounidense muestra las miserias humanas desde una puesta en escena tan fría y cortante, que recuerda desde los campos de concentración nazi hasta los sectores marginales del mundo actual, pasando por imágenes de los crack económico de la década de 1920 y del actual, así como los reality show, esos miserables programas de televisión en los que la audiencia disfruta ver a otros ser humillados por un recompensa en metálico o para obtener los 15 minutos de gloria de los que hablaba Warhol.

El estreno de esta película en la unión americana superó las expectativas que tenía la distribuidora y productora Lionsgate, que pensaba recaudar en el primer fin de semana en Norteamérica unos 100 millones de dólares, pero Los juegos del hambre logró 155 millones de dólares, más los 59.2 millones de dólares que logró en otros mercados entre viernes y domingo.

Según el sitio web especializado BoxOffice, The Hunger Games, dirigida por Gary Ross,  “se convirtió en el tercer film más taquillero de la historia en su debut en Estados Unidos, por detrás de Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2 (2011), que logró 169.2 millones de dólares en su debut y The Dark Knight (2008), con 158,4 millones en sus primeros tres días en cartel”.

A este ritmo pronto será la producción de acción con heroína como protagonista más rentable en territorio estadounidense, pues el primer lugar lo tiene Terminator 2: Judgment Day (1991, con la actriz Linda Hamilton a la cabeza), con 204.8 millones de dólares y le sigue Mr. & Mrs. Smith (2005, con la intérprete Angelina Jolie), con 186.3 millones de dólares.

El negocio ha salido tan redondo, que de acuerdo con un cable de la agencia de noticias EFE, Lionsgate subió casi el 4% en bolsa después del estreno de la película.

Los juegos del hambre, que tuvo un presupuesto de 78 millones de dólares, se le asocia en Hollywood con las sagas fílmicas de Twilight y Harry Potter, ya que las tres se basan en libros cuyo público central son los jóvenes, sus protagonistas son muchachos en busca  de resolver los problemas que los adultos crearon y combinan acción con aventuras y algo de sentido épico y suspenso.

En cuanto a resultados artísticos, ninguna de las entregas de Twilight ni de Harry Potter (salvo El prisionero de Azkabán y quizás el último capítulo del mago) le llegan a los talones a Los juegos del hambre.

Me gustó que el uso de los efectos especiales está bien comedido, no abusan de estos recursos sino que ayudan a ser creíble ese Estados Unidos del futuro que carece de alma.

La primera mitad de Los juegos del hambre me pareció más sobresaliente que el resto de la producción. Quizás porque a medio camino se puso tierna y sentimental. Me cuentan los que han leído las obras de Suzanne Collins, en las que se inspira la producción, que es parte del argumento y que tendrá sentido en las siguientes dos entregas. Será.

Otra razón válida es que si seguían con la propuesta inicial los productores corrían el riesgo de que Los juegos del hambre recibiera una censura de mayores de 15 o 17 años y a nadie le conviene ese tipo de restricciones (fue para mayores de 13 años en Estados Unidos).

Si bien a la actriz Jennifer Lawrence le sienta ser la valiente Katniss, la chica que debe vencer a una veintena de muchachos para poder seguir con vida y darle gloria a su decaído distrito, compuesto de humilde clase obrera, los que están en estado de gracia son el equipo de actores secundarios, en especial Woody Harrelson (encarna al siempre ebrio  Haymitch) y Stanley Tucci como un ridículo y manipulador presentador de televisión.

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