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21 jun Hasta luego, 'Dr. House'

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Gregory House salva vidas, no importa si debe romper las reglas. Le arranca a la muerte más de un enfermo, aunque lo haga más por curiosidad científica que por deseos reales de ayudar.

El protagonista del programa Dr. House, cuyo último episodio se transmitió el jueves en Panamá por el canal de cable Universal, es el hombre más infeliz, prepotente y egoísta de la televisión estadounidense.

Le gusta ganar las apuestas a costa de lo que sea, y es noble y justo desde su retorcido concepto del bien.

La dependencia al Vicodín y su condición de amargado, solitario y triste hace al jefe del Departamento de Medicina de Diagnóstico del Princeton Plainsboro Teaching Hospital uno de los mejores galenos del planeta.

El especialista en enfermedades infecciosas y nefrología propone los más descabellados tratamientos, y por lo general funcionan.

Es melancólico, aunque lo negaría si se le pregunta, y en la superficie no le importa nada ni nadie, pero por dentro quiere a su manera a los que lo soportan y toleran.

Es un profesor insoportable, pero sus jóvenes médicos/estudiantes lo admiran y lo odian por igual, una combinación que ha hecho posible que millones de televidentes lo adoren semana tras semana.

El hombre que cura casi todo

El punto de partida del programa Dr. House fue un artículo sobre el proceso de diagnosticar a pacientes, escrito por la doctora Lisa Sanders y publicado en el diario New York Times.

Aquel texto lo leyó David Shore, productor y guionista de series como Law & Order y Traders, y supo que esta información daba pie para una nueva serie.

Luego Shore construyó su personaje a partir de su detective novelesco preferido: Sherlock Holmes, creado por el escritor Arthur Conan Doyle.

Hay quienes, además, encuentran en House características de personajes de la literatura como Edward Rochester, de Jane Eyre; Heathcliff, de Cumbres Borrascosas; Edmundo Dantes, de El Conde de Montecristo; y el vampiro Lestat, de Entrevista con el vampiro.

Altas y bajas

Dr. House se transmite hoy día en 66 países, de acuerdo con el libro Guinness de los Récords.

Su punto más alto de audiencia mundial ocurrió en 2009 cuando cada capítulo era visto, en promedio, por 82 millones de personas alrededor del planeta.

En febrero pasado se anunció el adiós de las arrogancias y sinceridades de House. La decisión la tomaron sus productores David Shore, Katie Jacobs y Hugh Laurie (quien interpreta al galeno y cobraba 400 mil dólares por cada capítulo).

La noticia no sorprendió. Por un lado, cuando la serie se estrenó el 16 de diciembre de 2004 los productores no estaban seguros de que iba a durar una temporada por la personalidad de House.

Recordemos que el cine y la televisión estadounidenses siempre han preferido a los médicos bondadosos y graciosos, tipo películas como M.A.S.H. o Patch Adams, y programas como St. Elsewhere, Chicago Hope o La doctora Quinn.

Ese primer encuentro del personaje con la audiencia en 2004 convocó a 7 millones de estadounidenses y se ubicó en la posición número 62 de los programas más vistos ese mes.

El apoyo de los espectadores comenzó en la tercera temporada, cuando logró 12 millones hasta llegar a los 19 millones en la cuarta y caer entre 7 y 9 millones en 2011, según datos del sitio web TV by the numbers.

El adiós a Dr. House convocó a 9 millones de espectadores y su público tenía entre 18 y 49 años, de acuerdo con la empresa Nielsen.

La serie sufría un desgaste argumental severo desde hacía dos temporadas, no en los casos clínicos tratados (que son siempre fascinantes y complicados), sino por la propia existencia de House: los guionistas lo hicieron pasar del desamor a encuentros románticos (hasta donde la palabra cabe en tipos como House) con Lisa Cuddy y Stacy Warner; que si le duele la pierna y luego se le cura, que si cae al infierno de las drogas y después se rehabilita; que si ingresa a un sanatorio para enfermos mentales y más tarde se recupera, etc.

Matices

La extraña y contradictoria humanidad de House ofrece más matices que cualquier personaje protagónico de otros dramas televisivos norteños que giran en torno a la medicina, como Anatomía de Grey o E.R.

En cuanto a profundidad argumental sostenida, las únicas que pueden competir con Dr. House son: In Treatment (HBO, 2008-2010) y Nurse Jackie (Showtime, 2009-actualidad), pero me quedo con Gregory.

“Mantenme en tu corazón por un momento”, es el estribillo de la canción con la que termina el último capítulo de Dr. House. Gregory, estarás presente en nuestro imaginario por años.

Reunión de genios

Hay más de una semejanza entre el detective Sherlock Holmes, su asistente John H. Watson, el escritor Arthur Conan Doyle y el médico Gregory House.

El novelista ejecutaba el violín, y el galeno, el piano y la guitarra eléctrica.

Holmes y House creen en el razonamiento deductivo, son dueños de un sentido del humor agudo y son observadores eficaces.

Doyle es dado a la cocaína, y el galeno del siglo XXI al Vicodín. Uno ejerció la medicina antes de dedicarse a las letras por entero y ya sabemos cómo se gana los frijoles House.

Holmes y House son capaces de leer la mente y el alma de sus amigos y enemigos.

El detective del siglo XIX y el hombre dedicado a la salud en tiempo presente tienen un desorden controlado, y ambos tienen un amigo que hace las veces de equilibrio y de su conciencia. Holmes tiene a Watson y House a su colega Wilson (en algún momento cada pareja vivió bajo el mismo techo).

Como guiño, House, durante las temporadas cuatro y cinco, leyó las aventuras de Holmes.

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