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11 ago Los maestros de la risa

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Con motivo del centenario del nacimiento del actor y productor Mario Moreno Cantinflas (1911-1993), es válido recordar un poco los orígenes de muchos de los comediantes mexicanos de principios del siglo XXI que han hecho felices a más de una generación de cinéfilos iberoamericanos.
Mario Moreno ‘Cantinflas’, Germán ‘Tin Tan’ Gómez, Adalberto ‘Resortes’ Martínez, Alberto ‘Clavillazo’ Espino, Marco Campos Contreras ‘Viruta’ y Gaspar Henaine ‘Capulina’ fue gente que dio tantas alegrías a tantos espectadores, pero que sus vidas, por lo menos antes de ser famosos, estaban lejos de ser sinónimo de felicidad.
El comediante mexicano de la primera mitad del siglo XX comenzaba literalmente desde abajo.
Sus primeros aplausos los recibía en las carpas, hijas aún más pobres que los circos, pues no había leones ni malabaristas como atracciones principales, sino aspirantes a vedettes, comediantes debutantes y pichones de cantantes.
Todos los artistas de la carcajada laboraban en jornadas largas, de hasta cuatro funciones por día, de lunes a lunes, salvo cuando la carpa viajaba de una comunidad a otra.
Claro, que la carpa fuera viajera era una ventaja porque estos artistas noveles a malas podían costearse el traslado en autobús de sus casas a sus puestos de trabajo.
Algunos de esos creadores, con suerte, podían aspirar al siguiente nivel rumbo al Olimpo de la inmortalidad del entretenimiento: el teatro de variedades de barriada, y los más destacados iban a salas más dignas como el Apolo o El Follies, donde la paga era un poco mejor, con dos funciones por fecha, tenían sus propios camerinos, más algún día libre y sus fanáticos comenzaban a pulular por allí en busca de autógrafos o algo más.
Después, si el don de la gracia los ayudaba y el hado lo permitía, iban ascendiendo y llegaban a la radio para participar en rutinas divertidas o cercanas a las groserías algunas o se la pasaban imitando en plan de burla a los famosos de la política, la economía y el mundo del espectáculo.
Unos pocos pasaban al escalón más anhelado por la proyección que se conseguía: el cine, primero el mudo y más tarde el hablado, inicialmente en blanco y negro y acto seguido en colores.
Por entonces, buscaban el lado divertido a los clásicos de la literatura cuando los pasaban al séptimo arte o se decantaban en tramas de enredos y confusiones que les permitieran que sus improvisaciones y sus gags sobresalieran.
No importa si hacían reír en las carpas, en la radio o en la pantalla grande, en cada uno de estos escenarios los comediantes encarnaban, y hoy todavía lo hacen, a personajes que sudaban la gota gorda para seguir adelante.
Por eso, se desdoblaban y se convertían en taxistas, boxeadores, porteros, dependientes de almacenes o lustradores de calzado. De allí que sus ropajes fueron humildes, que les quedaran grandes o se les cayeran por pedazos.
Ellos representaban a los que tenían poco y encima no sabían lo que era una escuela completa, porque la mayoría de estos comediantes, en la vida real, nació en cunas de cartón, no habían terminado la secundaria y la universidad fue un sueño imposible.
Residían en un México donde saber leer y escribir era privilegio de apenas el 30% de la población en la década de 1930 y 1940, y donde la desigualdad social era más que apabullante (una realidad similar en el resto de América Latina).
En sus películas, estos señores de la risa eran torpes, astutos o tontos, pero todos eran de buen corazón, salvadores del barrio y hasta de la patria, y honestos en la medida de lo posible, salvo cuando tocaba poner en su lugar a las despóticas figuras del poder, llámese policías, alcaldes, empresarios, presidentes, etc.
Aunque no tuvieran un peso en sus bolsillos y su futuro fuera más que sombrío, si bien no eran excelsos bailarines ni podían ostentar títulos académicos, los comediantes se quedaban al final con la chica linda de la película, pues el sentido del humor es algo que valoran las muchachas, y porque además la risa es una manera de no perder la esperanza de que mañana será mejor que hoy.
Dicho sea de paso, ¿qué comediantes te parecen sobresalientes?

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