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03 mar Los mundos distintos de Mi novio es un zombie

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Mi novio es un zombie por pura carambolas. Mi plan era ver Fuerza Antigánster, pero cuando llegué a la taquilla de la multisala, la película no se proyectaba a la hora que indicaba el anuncio que aparecía en el periódico.

Regresar a casa no me agradaba en lo absoluto (tranques vehiculares y calles cerradas no ayudaban a que seleccionara esta opción) y dar vueltas durante dos horas por los almacenes del centro comercial tampoco me causaba demasiada emoción.

Por eso, le pregunté a la dependiente qué película estaba por comenzar y contesto: " Mi novio es un zombie".

Debo admitir que de salida no me hacía tanta gracia la propuesta, pero después me puse a pensar que no podía ser tan desagradable y compré el tiquete, pues total, me gusta el cine, y eso incluye, a veces, hasta las producciones que pintan poco interesantes.

No sé si fue porque ingresé a la sala con cero expectativa, pero me agradó Mi novio es un zombie. ¿Por qué? Un aspecto que lamento de la actualidad cinematográfica industrial estadounidense, es que ofrece pocos productos decentes a los adolescentes, uno de los sectores del público más fieles a las salas, y esta cinta los trata con respeto.

Los muchachos que consumen el séptimo arte de Hollywood están en un callejón sin salida. O los retratan como seres sin cerebro o los seducen con títulos menores que se hacen pasar por producciones inolvidables.

De allí que Mi novio es un zombie me atrapó lo suficiente como para admitirlo de manera pública. ¿Supera a los zombies hechos en el pasado por maestros como George A. Romero o Sam Raimi? No. ¿Como comedia de terror es tan estupenda como Pesadilla antes de Navidad, La novia cadáver o El joven Frankestein? Tampoco. ¿Daba para más? Claro, pero es suficiente lo que brinda, ya que es apta y atractiva dentro de sus limitaciones.

Mi novio es un zombie me pareció más honesta, encantadora, divertida y sensata que, perdonen que caiga en el lugar común de ponerla de ejemplo, a la saga de Crepúsculo y Hermosas Criaturas que acaba de ingresar a la oferta nacional.

Por un lado, porque su talentoso director Jonathan Levine (les recomiendo sus filmes 50/50 y The Wackness) abordó el subgénero temático de los zombis con decoro y a la par mantuvo las reglas y al mismo tiempo llevó a sus personajes y sus conflictos a otras regiones poco desarrolladas, una muestra clara, que es una comedia romántica para jóvenes, por más que parezca a simple vista otra película sobre zombies con desórdenes alimenticios.

Levine, además, maneja con excelente equilibrio la ternura con el humor negro, sabe cuándo ser delicado y en qué momento ofrecer algo de gore, todo esto sin violentar al espectador y evitando lo cursi a ultranza, y eso que hace énfasis en que el amor sana, transforma y nos regresa a la vida.

Fue exquisito que esta producción nos contara cómo ven el mundo los zombis, qué sensaciones y emociones tienen, qué añoran de su pasado humano y qué opinan de su presente de seres muertos que caminan con torpeza y no emiten palabras.

Ese darle voz y conciencia a los zombis fue una idea notable, pues nos acerca, a los vivos con los muertos y viceversa, y de paso hace mejores personas a los dos sectores por igual.

También nos remite Levine a que es la soledad, el desamor y la tristeza lo que de verdad acaba con el corazón humano, aunque la gente respire, tenga hambre o vaya puntual a su trabajo.

Además, ese romance entre una mortal y un zombi, una especie de Romeo y Julieta versión terror en una época post apocalíptica, nos recuerda que somos residentes en sociedades cerradas, donde los azules no se mezclan con los verdes, en la que los prejuicios y las ideologías nos llevan a la incomprensión y al desprecio hacia el otro; situaciones todas que impiden observar al semejante como humano y con derechos similares a los míos; hechos hipócritas que nos conducen a tolerar al distinto, pero no a compartir con él un espacio en común.

Después, cuando la función terminó, volví a la taquilla y pedí una entrada para ver Fuerza Antigánster y me pareció  por completo pretenciosa  (algo que detesto con toda mi alma de una película), salvo que debo rescatar que tiene una solvente puesta en escena, pero lamento que se desperdiciara un excelente elenco, y encima, a la larga, es una hueca, burda y barata copia de clásicos del género noir como Los Angeles al desnudo (1997), Uno de los nuestros (1990) y Los intocables de Elliot Ness (1987).

Al final agradecí al azar que fuera a ver Mi novio es un zombie.

¿Alguien fue a ver Mi novia es un zombie o Fuerza Antigánster?

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