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26 feb El papel de los políticos de Estados Unidos en el premio Oscar 2013

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Fueron triunfos contados con los dedos de una mano: Life of Pi obtuvo cuatro estatuillas doradas; tres Argo y Les Misérables, y dos para Django Unchained, Skyfall y Lincoln.

Esto demuestra que solo había películas de calidad estándar y que no hubo una obra maestra entre los largometrajes que estaban en carrera.

Un resultado tan dividido, también deja en evidencia que los miembros de la Academia de Hollywood recibieron esta vez más presión de parte de los políticos que de los críticos de cine, los dueños de salas, los espectadores o los distribuidores de películas.

Esta edición será recordada como la que más atención recibió por parte de demócratas y republicanos, así como de representantes de la CIA y el Pentágono, que desde el estreno de Argo, Lincoln y Django Unchained las atacaron por no ser fieles a la historia real en la que decían basarse o por despertar el morbo de la audiencia.

Les echaban en cara las licencias dramatúrgicas que se usaron en sus argumentos, aunque los políticos no profundizaron en los temas polémicos de los derechos humanos que planteaban los citados títulos.

Ese cabildeo en contra influyó para que Ben Affleck, Kathryn Bigelow y Quentin Tarantino no fueran nominados como mejor realizador por Argo, Zero Dark Thirty y Django Unchained, respectivamente, y que Steven Spielberg, que sí estaba nominado en esa categoría por Lincoln, perdiera ante su colega Ang Lee por Life of Pi.

Lo de Lee fue una de las pocas sorpresas de un evento que le rindió tributo al musical, un género que la propia Academia ha obviado bastante en el aparte de mejor película, pero que en esta ocasión le servía como perfecto vehículo de evasión, marca de casa del cine industrial producido en la Meca del Cine.

Fue la virulenta campaña de algunos representantes republicanos y demócratas los que colaboraron a que Lincoln y Zero Dark Thirty fueran las grandes perdedoras del premio Oscar.

Ambas comenzaron la temporada de nominaciones con enormes posibilidades, y poco a poco fueron perdiendo fuerza, a medida que aumentaban las críticas provenientes del Congreso de Estados Unidos y la CIA contra sus libretos.

A veces la publicidad negativa es un aliado para el mercadeo de un largometraje espinoso (los títulos de Oliver Stone y Quentin Tarantino dan fe de eso), y en otras, es el peor de los enemigos como le pasó a Zero Dark Thirty de Kathryn Bigelow y el Lincoln de Steven Spielberg.

Otras producciones de Spielberg saben de tratos cuestionables por parte de los responsables del Oscar. El año pasado Caballo de guerra aspiraba a seis categorías, y en 1986 El color púrpura recibió 11 apartes, y en ambos casos no obtuvo nada.

Los más de 5 mil miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de forma histórica se alejan de la polémica como los elefantes de los ratones en las series animadas.

Por eso, trataron de ser salomónicos al darle la estatuilla dorada de mejor película a Argo, ya que al ser producida por Ben Affleck, George Clooney y Grant Heslov, era una manera de resarcir el daño de obviar a Affleck en el aparte de mejor director.

Argo llegaba al Oscar después de ganar dos Globo de Oro y tres Bafta; recibió el apoyo de los Sindicatos de Actores, Productores y Directores, por lo que la Academia de Hollywood iba a empeorarla si no le daba película del año.

Para seguir con su línea de evasión, le entregan a Ang Lee el premio a mejor director. Pero no lo hacen porque sea un creador ecléctico (hay diferencia de estilo entre las maravillosas Brokeback Mountain y El tigre y el dragón) sino porque su Life of Pi es políticamente correcta, es decir, no ofende a nadie y agrada a todos.

Si recuerdan, quien dio en el Teatro Dolby de Los Ángeles el verdadero discurso de agradecimiento como director fue Affleck, por más que estuviera hablando en nombre de los productores de Argo, y por más que Lee lo hizo cuando le correspondía.

¿PROMOCIÓN JUSTA?

También es conocido que un mayoritario sector de Hollywood apoya a los demócratas.

Son estas luminarias del cine, la televisión y la música los que recolectan sumas importantes de dinero para las contiendas presidenciales de Estados Unidos, en particular, las de los mandatarios Bill Clinton y Barack Obama.

Como los señores que se sientan en la Casa Blanca también pertenecen al sistema de estrellas, la monarquía que se ha construido Estados Unidos para sí misma y para venderla dentro y fuera de sus fronteras, fue increíble que este año pasaran hechos inauditos que comprueban la relación entre el entretenimiento norteño y sus gobernantes, fusión que no está claro si es saludable para la transparencia que deben tener los premios fílmicos.

Clinton presentó Lincoln en la pasada ceremonia del Globo de Oro, y Michelle Obama, la actual primera dama, en directo desde la Casa Blanca, informa que Argo fue el largometraje más relevante de 2012.

De paso, Affleck (Oscar junto a Matt Damon por el guión de Good Will Hunting) se convirtió en el primer productor en ganar Mejor película sin ser nominado por la dirección de su filme desde 1990, cuando Driving Miss Daisy de Bruce Beresford se llevó película y Oliver Stone director por Nacido el 4 de julio.

Algo más. La señora Obama hizo hace unas semanas lobby a favor de la cinta Bestias del sur salvaje, y el vicepresidente Joe Biden hizo lo propio con El lado bueno de las cosas. ¿Qué tal?

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