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18 ago Mi semana con Marilyn

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Encarnar a un personaje que surge de la imaginación de un escritor es un gran reto para cualquier actor. Entrar en la piel de un ser humano que existió en la vida real es una prueba aún mayor para un intérprete, ya que es posible que de esa persona existan retratos, fotografías o grabaciones y las comparaciones entre uno y otro estarán siempre a la orden del día.

Por eso, Michelle Williams hizo una labor simplemente brillante en Mi semana con Marilyn (Reino Unido, 2011), un drama por el cual obtuvo este año una nominación al premio Óscar en la categoría de mejor actriz principal, una categoría por la cual ya había sido tomada en cuenta por una producción aún más admirable: Blue Valentine (Estados Unidos, 2010).

Mi semana con Marilyn se basa en un libro homónimo autobiográfico de Colin Clarks  y gira en torno al rodaje de la comedia The Prince and the Show Girl (1957), que Monroe protagonizó junto a su colega sir Laurence Olivier, quien además dirigió el filme.

Por eso, esta producción dirigida por Simon Curtis entra dentro del subgénero llamado cine dentro del cine, al cual también pertenecen títulos como Cinema Paradiso, Cantando bajo la lluvia y El Artista, entre otras.

Michelle Williams logra transmitirnos toda la vulnerabilidad, fortaleza, inseguridad, rudeza y ternura de la que era dueña la bella Monroe. Ella nos permite acercarnos a ese mundo, entre irreal y concreto que es el cine, en el que navegaba la rubia más sexy de la historia del cine con más desorientación que certezas.

Quizás la película en su conjunto no esté en todo momento a la altura del desempeño de Williams, ni de Kenneth Branagh (hace las veces de Olivier) y Judi Dench (la actriz Dame Sybil Thorndike), pero sí está perfecta para retratar ese lado cero glamuroso de ese ícono del séptimo arte que murió en circunstancias sospechosas.

En The Prince and the Showgirl Monroe era una estrella mediática en toda regla, adorada por el público de ambos sexos, de todas partes del mundo (en una época sin internet ni redes sociales) y hasta requerida por gente que no la aceptaba por completo como era ese club de artistas en mayúscula que la veían por encima del hombre.

Aunque el mayor potencial de la linda artista se deja ver en mis títulos preferidos de ella: Some Like It Hot y The Seven Year Itch, ambas dirigidas por el maestro Billy Wilder, el más grande cineasta de comedias del cine norteño del siglo XX.

Mi semana con Marilyn deja en evidencia que ser un símbolo dentro del universo del celuloide no es tan dulce e idílico como se podría pensar; que al fin y al cabo son seres que están expuestos a las drogas, a la adulación sin límites, a ser hermosos y espontáneos en todo momento, aunque no estén de ánimos, y que por más que estén tristes o melancólicos deben estar alegres porque son productos que respiran, son una marca que genera dividendos a granel y deben hacer feliz a todos, más allá si ellos no lo son.

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Twitter: @DanielDomnguez1

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