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29 nov La seriedad del ridículo

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La obra Vamos a darnos con todo, mi amor, que el fin del mundo ya está aquí, dirigida por Winnie T. Sittón, transita por la cuerda floja, esa tambaleante línea que separa y une al ridículo inteligente con la farsa más tonta, y sale airoso en este salvaje ejercicio escénico intencionalmente ajeno al buen gusto,

Son caraduras los intérpretes Noelia Vittori, Ariel Gigena y Winnie T. Sittón porque no le temen al qué dirán y eso les permite convertirse en una tropa cómica capaz de ir contra todo lo establecido (política, sexo, religión, etc.) y hacerlo con graciosa solvencia.

Lo del fin del mundo es más un punto de partida que el argumento central de esta picaresca propuesta que se presenta hasta el 2 de diciembre en la Sala Mojica del Teatro La Quadra.

Las funciones de jueves a sábados son las 8:00 p.m., y el domingo a las 6:00 p.m.. La entrada es $15 dólares, los estudiantes pagan $10 y los jubilados $7.

ESTRUCTURA

El montaje está compuesto por episodios cortos, que por su forma y fondo está más cercano al sketch que a una dramaturgia formal.

Con evidentes influencias del vodevil tradicional, el humor disparatado de los hermanos Marx, la sátira a lo Mel Brooks, un tono desenfrenado a lo Saturday Night Live y el absurdo hecho comedia bizarra a lo Monty Phyton, esta puesta en escena se burla con acidez de la política, de las llamadas sanas costumbres y todo lo que huela a podrido en este planeta que dicen las profecías mayas desaparecerá ahora en diciembre.

Un aspecto admirable de este transgresor y simpático montaje, es que no le teme a nada en aspectos temáticos y desmitifica lo que para otros es sagrado o intocable.

Sus breves historias están integradas por personajes descaradamente estereotipados, o a lo mejor son parientes de Beavis y Butthead, de los cuatro niños que residen en South Park o de los hombres y mujeres creados por las peculiares mentes de Bobby y Peter Farrelly.

Estos seres hablan sin corrección política de copular con familiares, del desalojo de dos hermanas decadentes por vía del engaño para construir una carretera que pasa por su vivienda, la vida desafortunada de un travesti que muere y resucita o la lucha de un esforzado espermatozoide por sobresalir, todo esto contado con una naturalidad apabullante.

RENOVACIÓN

Los recursos de esta puesta en escena parecen que jamás terminan y eso se consigue gracias a su esqueleto narrativo de poner y quitar.

Winnie T. Sittón ha diseñado una caja de sorpresas en la que el espectador, incluso el que ha visto este espectáculo dos o tres veces, siempre va encontrar algo nuevo.

Primero, porque cada semana tienen un invitado nuevo (ahora es el turno del cantautor Carlos Mendes) y eso le da frescura y a la par renueva este trabajo teatral, ya que cada integrante recién llegado le aporta algo a partir de sus fortalezas.

Segundo, porque hay episodios que no son fijos dentro de la trama, y porque en cada función le añaden chistes nuevos, ya que cada 24 horas, o incluso en mucho menos tiempo, siempre hay motivos para burlarse de los poderosos como un justo acto de venganza o para reír para no llorar sobre situaciones que preocupan.

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