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20 may Alicia Giménez Bartlett explora la prostitución y la crisis económica

Alicia Giménez Bartlett conversa sobre ‘Hombres desnudos’, que obtuvo el premio Planeta de novela, y que gira en torno a los retos de una España en crisis.

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Alicia Giménez Bartlett. Alicia Giménez Bartlett.
Alicia Giménez Bartlett. Cortesía

Ganar el premio Planeta fue para Alicia Giménez Bartlett (Albacete, España, 1951) una grata sorpresa, porque no pensaba que una novela como Hombres desnudos, ausente de sentimentalismo en su argumento y dura en su trama porque aborda la prostitución masculina, la crisis económica española, los avances de la mujer en la sociedad y los amores destrozados, iba a obtener este certamen iberoamericano.

Recibir esta distinción fue la ocasión de llevarse un “cúmulo de emociones” desde que supo esta buena nueva, así como la felicidad de llegar a lectores de todas partes donde se lee español.

“Ha sido una gran temporada, llena de muchas satisfacciones”, reitera en exclusiva para La Prensa Alicia Giménez Bartlett, una de las maestras de la novela negra en el mundo.

NARRATIVA

Lo que cuenta en Hombres desnudos carece de juicios de valor, ya que el narrador y su autora están ausentes, como una forma para que el lector sea el único responsable de valorar las decisiones de los personajes.

Esa era la base del libro desde un inicio. “No quería interferir entre la historia y el lector. No quería que el narrador diera pistas o se metiera en los pensamientos de los personajes”, permitiendo así que el receptor de Hombres desnudos interprete por sí solo los hechos.

Otro objetivo era que fuera una obra que no permitiera cualquier tipo de golpes bajos emocionales, pues lo suyo era ser descarnada al momento de narrar las dolencias, los retos y las aspiraciones de los seres de ficción que están en su obra.

Explica que sus personajes actúan, muchas veces, de una forma diferente a lo que se espera, o distinto a la realidad que les ha tocado vivir, al abocarse a un destino difícil y deteriorado.

Esto ocurre, opina la escritora, porque formamos parte de una sociedad global que aboga por el individualismo.

Alicia Giménez Bartlett plantea que es diferente el ambiente que rodea al hombre y a la mujer en el mundo de la prostitución.

UNA SOCIEDAD INDIVIDUALISTA

La escritora española Alicia Giménez Bartlett tiene 64 años y recuerda que cuando era joven había luchas claras a las cuales apoyar.

Por ejemplo, estaban convencidos de que debían hacerle frente a la dictadura de Francisco Franco (dominó España entre 1936 y 1975), recuperar la democracia mancillada, recobrar los derechos civiles perdidos, desafiar a los poderes económicos y tomar partido por los más débiles dentro del conglomerado social.

Ahora, comenta, es más complicado ser solidario, porque el desapego a las causas justas se ha ido disminuyendo hasta llegar a un individualismo rapaz.

Por estos días, “es complicado encausar las protestas de lo que no está bien. Esto afecta a todos los países y la internet ha colaborado al asilamiento en el que estamos”.

Preguntada sobre cuál era la finalidad del escritor en el presente, contesta que es escribir, y así entender la realidad que lo circunda, aunque eso sí, dejando por fuera su ideología.

Aunque lamenta que el artista, salvo marcadas excepciones, no posee el papel protagónico que tenía antes.

ROLES

Uno de los ejes temáticos de su novela Hombres desnudos es demostrar que los roles tradicionales de género cambian velozmente.

“Estos cambios se han hecho de una manera muy rápida, por lo que muchos hombres se sienten desconcertados sobre cuál es su rol”, comenta Giménez Bartlett, que publicó su primera novela en 1984: Exit.

Ofrece como muestra que hay oficios que antes solo ejercían los hombres y que ya las mujeres los llevan a cabo con acierto. Todo esto, agrega, puede afectar las relaciones sentimentales y avivar una guerra entre sexos.

Indica que cada vez es más frecuente encontrar mujeres en Europa que tienen metas claras, que están ansiosas de conseguir el éxito laboral y que no desean ser excluidas del progreso.

Aunque esta situación, indica, las lleve a postergar el tener familia o que busquen encuentros sexuales con hombres que alquilan sus pasiones, pues no tienen tiempo de construir relaciones permanentes o no quieren perder tiempo con un caballero que luego las engañará con otras o no las dejará crecer a nivel profesional.

Entonces, apunta, las mujeres del mundo industrializado tienen las mismas metas materialistas que el resto de la sociedad.

‘Hombres desnudos’ deja en evidencia la desigualdad social que se registra hoy en España.

PROSTITUCIÓN

Para construir los señores que se dedican a la prostitución en Hombres Desnudos conversó con damas que les piden sus servicios.

En los tres años que invirtió en investigar su obra, se enteró que en ciudades españolas como Madrid y Barcelona “hay mujeres triunfadoras que seguían los mismos patrones de los hombres”, en cuanto a buscar en el negocio de la prostitución la ocasión de satisfacer sus necesidades más íntimas.

Mientras que amigas de sus amigas les dieron acceso a estos muchachos, descubrió que más de uno había perdido su empleo original o no conseguían un puesto de trabajo y se veían abocados a la prostitución.

“Los hombres sobreviven en una economía en estado difícil y la mujer busca relaciones fugaces, no de esas que le hacen ilusiones. Ellas aprendieron que los hombres modernos no tienen compromiso con el amor y algunas mujeres hacen ahora exactamente lo mismo”, plantea Alicia Giménez Bartlett, cuyo primer galardón literario en su carrera fue el Premio Femenino Lumen por Una habitación ajena (1979).

Conoce damas, tanto solteras como divorciadas, que se hacen acompañar a una fiesta o a una obra de teatro con un caballero de alquiler, aunque no siempre el destino último de ambos es compartir una cama.

Destaca que la prostitución masculina en Europa no se desarrolla en un ambiente tan sórdido como en el que sí sobreviven muchas de las féminas.

Este tipo de prostitución se registra, por lo general, en ambientes “más selectos, pero en el fondo es igual que le pasa a las mujeres, dudo de que haya alguien que se prostituya por puro placer”.

Mientras que las servidoras sexuales son llevadas a este empleo “por la tragedia de la pobreza, se prostituyen por poco y con cualquiera. Eso no ha llegado tanto al sector masculino, donde se les paga buen dinero por tener sexo”.

Además, sus clientas son discretas y “luego todos continúan con sus vidas”.

POLÍTICA

Alicia Giménez Bartlett considera que los jóvenes españoles pertenecen a una “generación casi perdida. Muchos de ellos han perdido sus trabajos o tienen empleos precarios donde les pagan cuatro céntimos”.

Le da tristeza que más de uno ha tenido que irse de España o no ha podido abandonar la casa paterna o ha retornado al hogar de su infancia.

“No quisiera ser joven ni tener entre 25 y 45 años porque es un sector que la está llevando muy mal con esta crisis económica. Por eso son individualistas y por eso buscan metas propias. Estoy escandalizada”, señala quien ha recibido premios de alto calibre como el Grinzane Cavour en Italia y el Raymond Chandler en Suiza.

Con una tasa de desempleo superior al 20% en España, comenta que el sistema capitalista le ha quitado capacidad de maniobrar a la democracia.

“En los últimos años hemos pensado que habían fracasado los sistemas tradicionales, y por eso se creyó que el sistema de mercado era capaz de arreglarlo todo, y se ha visto que no es así. Hay una enorme burbuja que afecta a los más desfavorecidos”, indica la también autora de ensayos como El misterio de los sexos y La deuda de Eva.

Consultada sobre cómo evalúa el presente político de ese movimiento de los indignados contra la austeridad, que nació hace cinco años en España, y que removió los cimientos políticos del país, respondió que a la larga han utilizado los beneficios y los límites de los partidos políticos de mayor edad.

Le parece increíble que España esté sin gobierno desde hace 10 meses, aunque le parece una “maravilla” que nadie se ha puesto a repartir “bofetadas”.

Sobre las elecciones generales del 26 de junio en España, que se darán luego que los actores políticos fueron incapaces de formar una coalición de gobierno, dice que le alegra estar en promoción por Latinoamérica para olvidarse de ese embrollo, que ha provocado que sus coterráneos estén en medio de “un estado de escepticismo y desilusión”.

Le parece positivo que se unieran algunos líderes de la izquierda española, que hace unas semanas crearon una alianza con la que buscarán competir en la votación del 26 de junio, bajo el nombre de Unidos Podemos.

“Veamos qué sucede con esta izquierda mejorada”, indica.

Mientras que el Partido Socialista Obrero Español, el colectivo de los afectos de esta novelista, sigue desde hace años perdiendo votos en las urnas. “Me duele mucho que este partido histórico, que defiende tanto a la cultura y a la educación, los ciudadanos le han ido perdiendo la fe”.

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