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10 jun No estamos solos en el universo

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Cada vez que puedo me doy mi vuelta por los establecimientos de alquiler de dvd/blue-ray para ver qué encuentro. Me topé con varios títulos interesantes.

En esta ocasión comparto con ustedes uno de esos tesoros fílmicos en formato dvd: Otro Planeta (en algunos mercados la bautizaron Otra Tierra), dirigida y coescrita por el estadounidense Mike Cahill.

Esta película me recuerda a mi estimada producción argentina Hombre mirando al sudeste (1986), de Eliseo Subiela, de quien de paso también les recomiendo el drama surrealista El lado oscuro del corazón (1992).

Ambas pertenecen a la ciencia ficción, pero las hace miembros del llamado género de la anticipación su argumento y no las bondades que ofrecen los departamentos de efectos especiales.

Tanto en Otro Planeta (2011) como en Hombre mirando al sudeste apenas si hay efectos especiales de por medio, tampoco aparecen astronautas ni aliens, ni cohetes espaciales ni nadie usando máquinas que les permite trasportarse al pasado o al futuro.

Cada una maneja en su trama el presente a partir de una realidad de lo que podría ser y que en este momento se considera imposible. La norteña habla del descubrimiento de un nuevo planeta en nuestro sistema solar que es parecido a la Tierra, y la sureña es sobre la posibilidad de que un extraterrestre haya terminado en neuropsiquiátrico porque lo diagnosticaron loco por decir que no era de acá (siempre he pensado que la cinta K-Pax le plagió su contenido).

Otro Planeta,  que triunfó en los festivales de Sundance y Sitges,

es una hermosa metáfora sobre el dolor humano y cómo lidiamos con aquello que nos duele en el alma y en la conciencia.

Su guión es digno de haber sido escrito por el mexicano Guillermo Arriaga, un especialista en estudiar el sentimiento de pérdida en películas como Amores perros, 21 gramos y Babel.

En el fondo, Otro Planeta no es sobre aliens que viven cerca sino de los otros seres humanos que comparten con nosotros esta superficie terrestre y de los cuales no sabemos quiénes son realmente, porque ellos son un misterio como un misterio debemos ser nosotros para ellos.

En lo científico, esta producción analiza la posibilidad de múltiples universos, de que estamos en una de las tantas galaxias existentes donde hay vida. Porque observar la bóveda celeste sigue llevándonos a hacernos preguntas como las que se hacía aquel hombre primigenio que salió una noche de su cueva, miró asombrado al cielo y se cuestionó si alguien allá arriba lo estaba observando.

También plantea un tema recurrente de la ciencia ficción literaria y cinematográfica: la realidad alternativa y los universos paralelos. Es decir, que hay otro ser parecido a ti en este país o en otro planeta. En el caso que nos compete, que hay más de una Rhonda, la joven protagonista de esta película, que un día comete un error que le hará modificar su existencia y la de otros a su alrededor.

¿Es una exageración eso del doble de uno que anda por allí? Les pongo un ejemplo reciente que sirve para dar respuesta a esa pregunta.

El pasado 4 de junio me escribió a mi cuenta de Facebook (son bienvenidos a ser mis amigos cibernéticos) un istmeño residente en Nueva York y me cuenta que le asombra que somos bastante parecidos, aunque no seamos en lo absoluto familia.

Esto es un fragmento del mensaje que me envió el compatriota desde la unión americana: “tengo un nieto de la edad de dos años y medio, y como los niños no mienten, le mostré su foto y le pregunté ‘¿quién es?’...me contestó..’Pá’!..que es como él me llama”.

Por otro lado, esta película también nos recuerda que la vida es más interesante cuando conocemos a otros, cuando compartimos con personas especiales las alegrías y las tristezas, y cuánto se aprende de las virtudes y los defectos de los otros y viceversa.

Un tema extra de esta valiosa cinta: que tenemos un camino que hemos diseñado para nosotros, pero que las decisiones propias y las de otros pueden modificar las coordenadas de nuestro mañana. ¿Qué habría sido de mi vida si en vez de estudiar periodismo me hubiera inclinado por la docencia en español como lo hizo mi hermano y unos cuantos primos maternos? ¿Estaría ahora escribiendo estas palabras que ahora ustedes leen? ¿Habría visto Otro Planeta?

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