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Una indispensable actividad, ya que refleja la realidad.

Acerca de nuestros censos

Los censos de toda índole, población, comercio, industrias, escuelas y muchos más, son índices que constantemente se deben buscar, ya que no existe otra manera de cerciorarse de la verdadera situación de un país. Pero, aún hay más, tampoco existe otra manera según la cual no ya las naciones, sino los propios individuos, se pueden percatar de cuál es su estado real, qué debe incrementar para poder avanzar, o sea que también pequeños censos de nuestros haberes y necesidades con frecuencia los debemos también realizar. Raíces les presenta hoy imágenes de 1950. Primero, unos afiches publicados como bien se puede leer, con el fin de sensibilizar a la población respecto a los censos nacionales, y cuál debe ser su actitud o sea además cooperar con ellos. Y es que es digna de admirar, la labor que desde los empadronadores hasta los más altos directivos deben realizar. Es un trabajo sumamente difícil y complicado, en el cual todo con antelación, se debe disponer. Allí sí que no caben las improvisaciones y el relajo que ha caracterizado casi siempre y desde 1903, a nuestro poco engrasado y útil engranaje oficial. En las fotografías, y eran muchas más, podemos observar cómo no puede dejarse afuera todo rincón de la nación, en donde todo el personal de los censos debe acceder. Lástima que los censos sean tan costosos, pero ojalá hubiese forma efectiva de poder palpar constantemente, y con toda seriedad, si es que nos estamos saliendo de las metas que hay que lograr. Ojalá que los encargados y los que los dirigen, no nos vayan a abandonar. Los censos de toda índole, población, comercio, industrias, escuelas y muchos más, son índices que constantemente se deben buscar, ya que no existe otra manera de cerciorarse de la verdadera situación de un país. Pero, aún hay más, tampoco existe otra manera según la cual no ya las naciones, sino los propios individuos, se pueden percatar de cuál es su estado real, qué debe incrementar para poder avanzar, o sea que también pequeños censos de nuestros haberes y necesidades con frecuencia los debemos también realizar. Raíces les presenta hoy imágenes de 1950. Primero, unos afiches publicados como bien se puede leer, con el fin de sensibilizar a la población respecto a los censos nacionales, y cuál debe ser su actitud o sea además cooperar con ellos. Y es que es digna de admirar, la labor que desde los empadronadores hasta los más altos directivos deben realizar. Es un trabajo sumamente difícil y complicado, en el cual todo con antelación, se debe disponer. Allí sí que no caben las improvisaciones y el relajo que ha caracterizado casi siempre y desde 1903, a nuestro poco engrasado y útil engranaje oficial. En las fotografías, y eran muchas más, podemos observar cómo no puede dejarse afuera todo rincón de la nación, en donde todo el personal de los censos debe acceder. Lástima que los censos sean tan costosos, pero ojalá hubiese forma efectiva de poder palpar constantemente, y con toda seriedad, si es que nos estamos saliendo de las metas que hay que lograr. Ojalá que los encargados y los que los dirigen, no nos vayan a abandonar.

Los censos de toda índole, población, comercio, industrias, escuelas y muchos más, son índices que constantemente se deben buscar, ya que no existe otra manera de cerciorarse de la verdadera situación de un país. Pero, aún hay más, tampoco existe otra manera según la cual no ya las naciones, sino los propios individuos, se pueden percatar de cuál es su estado real, qué debe incrementar para poder avanzar, o sea que también pequeños censos de nuestros haberes y necesidades con frecuencia los debemos también realizar. Raíces les presenta hoy imágenes de 1950. Primero, unos afiches publicados como bien se puede leer, con el fin de sensibilizar a la población respecto a los censos nacionales, y cuál debe ser su actitud o sea además cooperar con ellos. Y es que es digna de admirar, la labor que desde los empadronadores hasta los más altos directivos deben realizar. Es un trabajo sumamente difícil y complicado, en el cual todo con antelación, se debe disponer. Allí sí que no caben las improvisaciones y el relajo que ha caracterizado casi siempre y desde 1903, a nuestro poco engrasado y útil engranaje oficial. En las fotografías, y eran muchas más, podemos observar cómo no puede dejarse afuera todo rincón de la nación, en donde todo el personal de los censos debe acceder. Lástima que los censos sean tan costosos, pero ojalá hubiese forma efectiva de poder palpar constantemente, y con toda seriedad, si es que nos estamos saliendo de las metas que hay que lograr. Ojalá que los encargados y los que los dirigen, no nos vayan a abandonar.

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Hemos podido leer que desde hace miles de años, los griegos y los egipcios ya ejecutaban acciones similares a los censos y que 200 años antes del nacimiento de Cristo, algo similar ejecutaban los chinos también, y que casualmente, este último personaje nació durante la celebración de un censo de los romanos, ordenado por un edicto del emperador César Augusto.

José, el padre de Jesús, había viajado desde Galilea, fue a Nazareth y Belén, en donde María dio a luz y de paso, debieron quedar censados ya.

Las primeras cifras que hemos encontrado referentes al número de habitantes de Panamá, datan de 1607, cuando todo el Istmo contaba con 25 mil habitantes, sin embargo es digno de anotar que en esos obscuros tiempos a los indígenas no se les incluía. Vaya usted a saber porqué.

Pero sí vemos a qué grados de ignorancia han podido llegar el racismo y la inhumanidad gobernada por la falta de saber.

Las últimas cifras arriba anotadas aparecen en una Relación de la Real Audiencia y son de la colección de Serrano y Sanz (Madrid 1908).

Con posterioridad, se pueden encontrar datos de 1851, en donde se lee (Felipe Pérez: Geografía Física y Política de los Estados Unidos de Colombia, Bogotá 1872) que la ciudad de Colón aparecía con 800, y esta capital, con cinco mil habitantes.

Entonces es necesario llegar a 1911 cuando ya Panamá era una República. Se lee que en todo el territorio vivían 336 mil 742 seres, de los cuales, lo que hoy es Bocas del Toro aportaba 22 mil 732, Coclé 35 mil 11, Colón 32 mil 92, Chiriquí 63 mil 364, Darién ocho mil 992, Herrera 23 mil 7, Los Santos 30 mil 75, Panamá 61 mil 855 y Veraguas 59 mil 614.

¿En qué vehículos y en esos tiempos se podía censar a este territorio? ¿Estaban acaso ya delimitadas políticamente las provincias? ¿O sería que como se dice comúnmente: el papel es mucho lo que aguanta? Y nada de lo anterior sería realidad.

En todo caso, también se puede leer que con fines electorales se añadían un total de 25 mil habitantes. ¡Ah! es que con los procesos eleccionarios aquí siempre han sucedido muchas cuestiones y asuntos milagrosos o extraordinarios y los que seguirán sucediendo en el futuro también.

Y volviendo un poco atrás, para 1911 ya se pudo organizar algo similar a un censo, ya que por decretos expedidos en 1907, siendo presidente de la República Manuel Amador Guerrero, y secretario de Fomento Manuel Quintero Villarreal (general), todos estaban para ello un poco más preparados.

Insistiendo en la importancia de los censos, por medio de ellos se puede conocer qué tipo de viviendas se ocupan, de qué materiales están construidas. De sus habitantes, si han cursado estudios y cuáles, si saben leer y escribir, qué tipo de educación completaron. Cuál es el estado civil de ellos, cuántos hijos tienen, a qué sexo pertenecen, a que religión, ¿son criollos o foráneos?, ¿tienen incapacidades?, cuántos viven en áreas rurales, cuántos en urbanas.

¿Tienen servicio de agua, teléfono, electricidad? Cómo se movilizan, a qué profesiones o trabajos se dedican. Qué tipo de asistencias educacionales, sociales y de salud reciben, ya que a la vez, con el correr de los años se puede observar cómo los factores encontrados para bien o para mal se van modificando, o continúan estacionarios.

Y pasando a otro tema. En las Raíces del domingo pasado, la dedicada al pillo de William Walker, escribimos que había sido fusilado en septiembre y lo fue en diciembre, el año y el lugar sí estaban correctos.

Y más datos sobre Leopoldo Aragón: vivía en la Avenida A y calle 10 Oeste (?), en las cercanías del Templo Masónico; se graduó en el Colegio de la Salle, aún viven algunos de sus condiscípulos.

En un viaje que por avión hizo Omar Torrijos a La Habana, Aragón se coló, burlándose de los mal llamados servicios de inteligencia de aquel gobierno.

Textos: Harry Castro Stanziola Fotografías: Contraloría General de la República, procesadas por Ricardo López Arias Comentarios: vivir+@prensa.com

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