HISTORIA DE LA SALUD

Más del Hospital Santo Tomás

Se trata de una de las múltiples salas que siempre ha tenido la venerable alma mater que para muchos médicos, enfermeras, laboratoristas, auxiliares y demás profesionales afines, lo ha sido el Hospital Santo Tomás. Esta más que claro que se trata de una sala de varones y casi con seguridad de medicina. En los tiempos en que fue tomada la fotografía no existían muchas especialidades, tan sólo cirugía, medicina, obstetricia, pediatría y un poco más tarde enfermedades infecciosas. Nótese el uniforme de la enfermera, tan diferente a los que se usan hoy. De seguro que era estadounidense o alemana, aún no existían las de Panamá. En otro aparte de esta página les hablaré un poco más de este tema. Como somos eternos en nuestras fallas, algunas camas, como la que está más cercana, está desprovista de sábanas, así como la que está colocada al frente. En cambio hay otras que poseen dos, la que cubre el colchón y la que cubre al enfermo. Nada de raro sería que en aquellos tiempos, los pacientes tuvieran que ingresar portando esas facilidades. No hemos podido identificar la sala, que arriba les decíamos que parecía de medicina, porque en nuestros tiempos de interno en el fondo de ella existía una tina de agua para llevar a cabo ciertos tratamientos, algo que aquí no se ve. Tampoco están las llamadas mesitas de noche, que hoy no pueden faltar aun cuando sea para colocar las Biblias y una que otra golosina que en ellas suelen esconder, sobre todo, los pacientes diabéticos. <div align=Se trata de una de las múltiples salas que siempre ha tenido la venerable alma mater que para muchos médicos, enfermeras, laboratoristas, auxiliares y demás profesionales afines, lo ha sido el Hospital Santo Tomás. Esta más que claro que se trata de una sala de varones y casi con seguridad de medicina. En los tiempos en que fue tomada la fotografía no existían muchas especialidades, tan sólo cirugía, medicina, obstetricia, pediatría y un poco más tarde enfermedades infecciosas. Nótese el uniforme de la enfermera, tan diferente a los que se usan hoy. De seguro que era estadounidense o alemana, aún no existían las de Panamá. En otro aparte de esta página les hablaré un poco más de este tema. Como somos eternos en nuestras fallas, algunas camas, como la que está más cercana, está desprovista de sábanas, así como la que está colocada al frente. En cambio hay otras que poseen dos, la que cubre el colchón y la que cubre al enfermo. Nada de raro sería que en aquellos tiempos, los pacientes tuvieran que ingresar portando esas facilidades. No hemos podido identificar la sala, que arriba les decíamos que parecía de medicina, porque en nuestros tiempos de interno en el fondo de ella existía una tina de agua para llevar a cabo ciertos tratamientos, algo que aquí no se ve. Tampoco están las llamadas mesitas de noche, que hoy no pueden faltar aun cuando sea para colocar las Biblias y una que otra golosina que en ellas suelen esconder, sobre todo, los pacientes diabéticos." />

Se trata de una de las múltiples salas que siempre ha tenido la venerable alma mater que para muchos médicos, enfermeras, laboratoristas, auxiliares y demás profesionales afines, lo ha sido el Hospital Santo Tomás. Esta más que claro que se trata de una sala de varones y casi con seguridad de medicina. En los tiempos en que fue tomada la fotografía no existían muchas especialidades, tan sólo cirugía, medicina, obstetricia, pediatría y un poco más tarde enfermedades infecciosas. Nótese el uniforme de la enfermera, tan diferente a los que se usan hoy. De seguro que era estadounidense o alemana, aún no existían las de Panamá. En otro aparte de esta página les hablaré un poco más de este tema. Como somos eternos en nuestras fallas, algunas camas, como la que está más cercana, está desprovista de sábanas, así como la que está colocada al frente. En cambio hay otras que poseen dos, la que cubre el colchón y la que cubre al enfermo. Nada de raro sería que en aquellos tiempos, los pacientes tuvieran que ingresar portando esas facilidades. No hemos podido identificar la sala, que arriba les decíamos que parecía de medicina, porque en nuestros tiempos de interno en el fondo de ella existía una tina de agua para llevar a cabo ciertos tratamientos, algo que aquí no se ve. Tampoco están las llamadas mesitas de noche, que hoy no pueden faltar aun cuando sea para colocar las Biblias y una que otra golosina que en ellas suelen esconder, sobre todo, los pacientes diabéticos.
Para no equivocarnos, fuimos hasta el Santo Tomas para preguntarle a los colegas radiólogos si lo que vemos aquí es un cuarto de radiología. Todos estuvimos de acuerdo en que sí. ¡Cómo ha avanzado en lo que a procedimientos diagnósticos se refiere nuestra profesión! Qué aspecto tan primitivo que aquí se puede observar. La especie de cubículo que está cerca de nosotros, parece que correspondía a un lugar para protegerse. Las paredes debieron ser de plomo, a fin de evitar las radiaciones que en los primeros años de la radiología —y aún hoy— constituían un peligro enorme para los profesionales y todos los seres que frecuentaban el lugar. La caja que se observa al fondo, debería ser para guardar placas no usadas. Puede que no existiese aire acondicionado, pero si se prende el potente abanico que también alcanzamos a ver, el ambiente de aquel lugar se convertirá en lo más parecido a un vendaval. Que las radiografías le resulten normales, es lo menos que le podemos desear al desdichado ciudadano que vemos aquí. Ojalá que tanto avance tecnológico actual, muy pronto pueda estar al alcance de toda nuestra población. Aquello de “salud igual para todos”, aún le falta mucho para que se convierta en una realidad. Confiamos en que las actuales autoridades lo puedan obtener. <div align=Para no equivocarnos, fuimos hasta el Santo Tomas para preguntarle a los colegas radiólogos si lo que vemos aquí es un cuarto de radiología. Todos estuvimos de acuerdo en que sí. ¡Cómo ha avanzado en lo que a procedimientos diagnósticos se refiere nuestra profesión! Qué aspecto tan primitivo que aquí se puede observar. La especie de cubículo que está cerca de nosotros, parece que correspondía a un lugar para protegerse. Las paredes debieron ser de plomo, a fin de evitar las radiaciones que en los primeros años de la radiología —y aún hoy— constituían un peligro enorme para los profesionales y todos los seres que frecuentaban el lugar. La caja que se observa al fondo, debería ser para guardar placas no usadas. Puede que no existiese aire acondicionado, pero si se prende el potente abanico que también alcanzamos a ver, el ambiente de aquel lugar se convertirá en lo más parecido a un vendaval. Que las radiografías le resulten normales, es lo menos que le podemos desear al desdichado ciudadano que vemos aquí. Ojalá que tanto avance tecnológico actual, muy pronto pueda estar al alcance de toda nuestra población. Aquello de “salud igual para todos”, aún le falta mucho para que se convierta en una realidad. Confiamos en que las actuales autoridades lo puedan obtener." />

Para no equivocarnos, fuimos hasta el Santo Tomas para preguntarle a los colegas radiólogos si lo que vemos aquí es un cuarto de radiología. Todos estuvimos de acuerdo en que sí. ¡Cómo ha avanzado en lo que a procedimientos diagnósticos se refiere nuestra profesión! Qué aspecto tan primitivo que aquí se puede observar. La especie de cubículo que está cerca de nosotros, parece que correspondía a un lugar para protegerse. Las paredes debieron ser de plomo, a fin de evitar las radiaciones que en los primeros años de la radiología —y aún hoy— constituían un peligro enorme para los profesionales y todos los seres que frecuentaban el lugar. La caja que se observa al fondo, debería ser para guardar placas no usadas. Puede que no existiese aire acondicionado, pero si se prende el potente abanico que también alcanzamos a ver, el ambiente de aquel lugar se convertirá en lo más parecido a un vendaval. Que las radiografías le resulten normales, es lo menos que le podemos desear al desdichado ciudadano que vemos aquí. Ojalá que tanto avance tecnológico actual, muy pronto pueda estar al alcance de toda nuestra población. Aquello de “salud igual para todos”, aún le falta mucho para que se convierta en una realidad. Confiamos en que las actuales autoridades lo puedan obtener.

Tal como ya lo expresamos en los pies de la fotografía, la enfermera que aparece en una de ellas debió ser estadounidense a juzgar por su aspecto y por sus vestimentas.

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