Eloy Alfaro Delgado.

Notas de una gran biografía

Quien tiene ante sí la efigie de este verdadero varón, no podrá nunca imaginarse la clase de vida que él se construyó. Con él sí que se cumple aquello que dice, lo cual no deja de ser verdad, que cada uno es dueño de su propio destino, el cual va amoldándolo año tras año hasta encontrarse con el resultado final. Pues bien, el ciudadano ecuatoriano que aquí aparece y que respondía al nombre de Eloy Alfaro Delgado, nació en Montecristo, Ecuador, la tierra en donde se elaboran los famosos sombreros de "jipijapa", mejor conocido con el impropio nombre de sombreros Panamá o ‘Panamá hats’ para decirlo en el idioma que se está tragando entero al que realmente nos debería tocar hablar. Y porque, para los pocos que de él nunca han oído hablar, ¿lo traemos hoy hasta aquí? Pues porque su vida lo amerita y porque además se casó con dama panameña, aquí pasó largas temporadas, aun cuando todas obligadas, por lo que le solía suceder y porque sus hijos fueron nacidos todos aquí, en estas tierras se quedaron y muchos de ellos, también han sobresalido en las variadas actividades a las cuales se dedicaron a desarrollar. Tuvo un horrible fin que lo aterroriza a uno el tenerlo que recordar. Lo provocó un salvaje, bárbaro e inhumano populacho convenientemente envenenado por los que en aquellos momentos, infortunadamente, gobernaban materialmente y dizque espiritualmente a su nación. Pero Eloy Alfaro fue y seguirá siendo una figura de proyecciones internacionales y por eso de él no se puede dejar de hablar, aun comprendiendo cómo dolerá a sus familiares que se vuelva a remover el injusto desenlace de su larga pasión.  Quien tiene ante sí la efigie de este verdadero varón, no podrá nunca imaginarse la clase de vida que él se construyó. Con él sí que se cumple aquello que dice, lo cual no deja de ser verdad, que cada uno es dueño de su propio destino, el cual va amoldándolo año tras año hasta encontrarse con el resultado final. Pues bien, el ciudadano ecuatoriano que aquí aparece y que respondía al nombre de Eloy Alfaro Delgado, nació en Montecristo, Ecuador, la tierra en donde se elaboran los famosos sombreros de "jipijapa", mejor conocido con el impropio nombre de sombreros Panamá o ‘Panamá hats’ para decirlo en el idioma que se está tragando entero al que realmente nos debería tocar hablar. Y porque, para los pocos que de él nunca han oído hablar, ¿lo traemos hoy hasta aquí? Pues porque su vida lo amerita y porque además se casó con dama panameña, aquí pasó largas temporadas, aun cuando todas obligadas, por lo que le solía suceder y porque sus hijos fueron nacidos todos aquí, en estas tierras se quedaron y muchos de ellos, también han sobresalido en las variadas actividades a las cuales se dedicaron a desarrollar. Tuvo un horrible fin que lo aterroriza a uno el tenerlo que recordar. Lo provocó un salvaje, bárbaro e inhumano populacho convenientemente envenenado por los que en aquellos momentos, infortunadamente, gobernaban materialmente y dizque espiritualmente a su nación. Pero Eloy Alfaro fue y seguirá siendo una figura de proyecciones internacionales y por eso de él no se puede dejar de hablar, aun comprendiendo cómo dolerá a sus familiares que se vuelva a remover el injusto desenlace de su larga pasión.
Quien tiene ante sí la efigie de este verdadero varón, no podrá nunca imaginarse la clase de vida que él se construyó. Con él sí que se cumple aquello que dice, lo cual no deja de ser verdad, que cada uno es dueño de su propio destino, el cual va amoldándolo año tras año hasta encontrarse con el resultado final. Pues bien, el ciudadano ecuatoriano que aquí aparece y que respondía al nombre de Eloy Alfaro Delgado, nació en Montecristo, Ecuador, la tierra en donde se elaboran los famosos sombreros de "jipijapa", mejor conocido con el impropio nombre de sombreros Panamá o ‘Panamá hats’ para decirlo en el idioma que se está tragando entero al que realmente nos debería tocar hablar. Y porque, para los pocos que de él nunca han oído hablar, ¿lo traemos hoy hasta aquí? Pues porque su vida lo amerita y porque además se casó con dama panameña, aquí pasó largas temporadas, aun cuando todas obligadas, por lo que le solía suceder y porque sus hijos fueron nacidos todos aquí, en estas tierras se quedaron y muchos de ellos, también han sobresalido en las variadas actividades a las cuales se dedicaron a desarrollar. Tuvo un horrible fin que lo aterroriza a uno el tenerlo que recordar. Lo provocó un salvaje, bárbaro e inhumano populacho convenientemente envenenado por los que en aquellos momentos, infortunadamente, gobernaban materialmente y dizque espiritualmente a su nación. Pero Eloy Alfaro fue y seguirá siendo una figura de proyecciones internacionales y por eso de él no se puede dejar de hablar, aun comprendiendo cómo dolerá a sus familiares que se vuelva a remover el injusto desenlace de su larga pasión.

Nació Eloy Alfaro Delgado el 25 de junio de 1842, en la población de Montecristo, allá en el Ecuador. De su padre Manuel Alfaro, ciudadano español, heredó nuestro personaje su espíritu revolucionario y luchador.

Se casó con Natividad Delgado, ecuatoriana, con la cual tiene varios hijos, siendo el quinto y último, Eloy.

El sanguinario Gabriel García Moreno (1821-1875), gobernaba dictatorialmente al país. El tratar de derrocarlo a él, fue el primer acto revolucionario que emprendió Eloy Alfaro a los 20 años de edad.

No viendo resultados en sus esfuerzos, emigra a Panamá en donde establece un muy productivo negocio de venta del elegante, fresco y cómodo sombrero tejido de paja, conocido (parece que era aquí en donde más se comercializaba) como sombrero Panamá, o de jipijapa en el Ecuador donde se elaboraba.

Tuvo también que ver con negocios derivados de la minería, con todo lo cual se hizo al poco tiempo con una gran fortuna, la cual invirtió en su totalidad en su principal pasión: el liberar a su patria de su gobierno dictatorial y establecer un gobierno verdaderamente liberal.

Se casó con Ana Paredes Arosemena, panameña, en 1872 y tiene con ella a Esmeralda, América, Colombia, Olmedo y Colón Eloy. Pero sin abandonar ni un momento sus ideas revolucionarias en su país natal.

Su vida fue un constante peregrinar de aquí o de Centroamérica al Ecuador y de este país hacia acá. Cuando no se marchaba para ir a batallar personalmente y al frente de sus tropas en el Ecuador, despachaba barcos y armas para que fueran utilizadas allá.

García Moreno es asesinado y Eloy Alfaro se traslada, y ya van dos veces, a su tierra natal para iniciar una nueva lucha por uno de sus grandes ideales. ¡Que diferencias con todo lo que, dizque con la misma bandera, vemos a nuestro alrededor! Y es que ni para esa noble causa (cuando es verdadera) ni para ninguna otra los políticos se quieren sacrificar. Pero en fin, cambiemos el tema y no vayamos a comenzar.

Pronto y volviendo a nuestro verdadero tema, Eloy Alfaro regresó para Panamá. Quiso rehacer sus negocios, pero sus afanes políticos no lo dejan descansar y nuevamente volvió a su nación. Es tomado preso y encerrado en un calabozo. Los vamos a cansar, pero al salir libre de nuevo regresó a Panamá, en donde, como era de esperarse, de sus negocios poco era ya lo que se había podido salvar.

Entrando por las espesas y peligrosas selvas cruzó el sur de Colombia y de nuevo se encuentra listo para la pelea en el Ecuador. Es derrotado otra vez. Adivinaron, nueva vuelta hacia acá. Y nuevo regreso a su país otra vez. A todas estas, cada nuevo regreso, cada nueva aventura nunca estuvieron provistas de comodidades. Los barcos que conseguía estuvieron siempre en pésimas condiciones, el peligro de hundirse no los abandonaba jamás.

Tampoco llegaba a puertos seguros, ni era recibido con manifestaciones. Una vez en tierra, o lo exiliaban a los países vecinos o tenía que tratar de regresar, escondido o cruzando selvas, montañas, sin ropas adecuadas y sangre en las lesiones que conseguía por tanto caminar sin zapatos que lo pudieran ayudar. A todas estas, también los esfuerzos que tenía que hacer para obtener financiamientos, eran difíciles de verse retribuidos.

Amigos políticos de otros países lo solían ayudar. Y así continúa hasta que logra después de constantes luchas, acceder a la Presidencia de su nación. Tenía además el grado de general. Más de veinte años duraron esas primeras luchas a las que siempre se enfrentó.

Pero además de las batallas militares, debió enfrentarse, toda su vida, a las ambiciones, políticas, las traiciones, las zancadillas, la maledicencia, el odio que no cesaban de aumentar. Todo porque quería hacer avanzar su país.

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