UN PELIGRO EN AUMENTO. DIFÍCIL SU CONTROL.

Orígenes de las cuarentenas

Para los pocos que no lo sepan, las cuarentenas son períodos de aislamiento preventivo, pero que no tienen porqué durar cuarenta días, lo cual sí era muy frecuentes en épocas anteriores. Hoy, los días que ellas toman varían y ya nunca llegan a tanto. Dicho aislamiento varía. Tenía y aún tiene por objeto, observar a personas o a los animales bajo sospechas de padecer enfermedades, sobre todo contagiosas que pudieran ser transmitidas o por ellos o a través de otras clases de vectores (mosquitos, ratas, piojos, garrapatas y demás).De modo que de manera especial los barcos al llegar a todo puerto, difícil control, deberían ser abordados por médicos que pedían certificados de vacunas contra ciertas enfermedades, indagaban si venían personas enfermas en ellos y, hasta inspeccionaban rincones y carga en busca de las mismas amenazas, en forma de las alimañas o insectos o aguas contaminadas y demás. Todo lo anterior viene al caso porque el lugar que en la fotografía de hoy les mostramos es nada menos que la isla de Culebra, situada en el golfo de Panamá, aquí enfrente de nosotros, a él también pertenecían Naos, Perico y Flamenco, las cuales están sufriendo una diferente invasión, pero de hoteles, bares, restaurantes, muelles, pequeños astilleros, carreteras, muchedumbres que ojalá no sea tan mortífera o tanto para la ecología de la isla, como para los que la visiten. El lugar no se ve muy alto como debiera ser, pero el nombre de Culebra aparece en la fotografía. Era allí, en esos edificios que se ven, otros serían depósitos u oficinas, y en los cuales en los primeros años de nuestra vida republicana bajo la égida de los estadounidenses era en donde se cumplían esas cuarentenas sirviendo las construcciones que se ven para alojar a los enfermos bajo observación. Más bien eran pocas las enfermedades que, en esos tiempos, se trataban de controlar. Hoy a pesar de tantas efectivas vacunas y otros medios de prevención, las enfermedades que nos pueden venir del exterior son hasta más numerosas. Y eso que el control de las epidemias ha avanzado en forma de cada vez mayor efectividad. De manera especial, las producidas por gran cantidad de virus, nos deparan y desgraciadamente nos depararán muchas más sorpresas desagradables y de gran peligrosidad. Además, los controles de barcos y aviones que llegan con miles de pasajeros hacen la labor más que imposible. Y no es una crítica, pero ya ni los vacunados se controlan como se hacía con anterioridad. Miles de miles de viajeros arriban continuamente durante noches o días y quién sabe qué enfermedades pueden acarrear. Acá encontrarán las maneras de propagarlas. Imagínese que esto puede suceder en puertos con todos los adelantos. ¿Qué podrá ocurrir en tanto lugar costero desocupado en donde cualquier embarcación puede arribar sin que se les inspeccione? Los esfuerzos y son bastantes que las autoridades efectúan podrán ser insuficientes. La complejidad y extensión del problema es enorme. Para los pocos que no lo sepan, las cuarentenas son períodos de aislamiento preventivo, pero que no tienen porqué durar cuarenta días, lo cual sí era muy frecuentes en épocas anteriores. Hoy, los días que ellas toman varían y ya nunca llegan a tanto. Dicho aislamiento varía. Tenía y aún tiene por objeto, observar a personas o a los animales bajo sospechas de padecer enfermedades, sobre todo contagiosas que pudieran ser transmitidas o por ellos o a través de otras clases de vectores (mosquitos, ratas, piojos, garrapatas y demás).De modo que de manera especial los barcos al llegar a todo puerto, difícil control, deberían ser abordados por médicos que pedían certificados de vacunas contra ciertas enfermedades, indagaban si venían personas enfermas en ellos y, hasta inspeccionaban rincones y carga en busca de las mismas amenazas, en forma de las alimañas o insectos o aguas contaminadas y demás. Todo lo anterior viene al caso porque el lugar que en la fotografía de hoy les mostramos es nada menos que la isla de Culebra, situada en el golfo de Panamá, aquí enfrente de nosotros, a él también pertenecían Naos, Perico y Flamenco, las cuales están sufriendo una diferente invasión, pero de hoteles, bares, restaurantes, muelles, pequeños astilleros, carreteras, muchedumbres que ojalá no sea tan mortífera o tanto para la ecología de la isla, como para los que la visiten. El lugar no se ve muy alto como debiera ser, pero el nombre de Culebra aparece en la fotografía. Era allí, en esos edificios que se ven, otros serían depósitos u oficinas, y en los cuales en los primeros años de nuestra vida republicana bajo la égida de los estadounidenses era en donde se cumplían esas cuarentenas sirviendo las construcciones que se ven para alojar a los enfermos bajo observación. Más bien eran pocas las enfermedades que, en esos tiempos, se trataban de controlar. Hoy a pesar de tantas efectivas vacunas y otros medios de prevención, las enfermedades que nos pueden venir del exterior son hasta más numerosas. Y eso que el control de las epidemias ha avanzado en forma de cada vez mayor efectividad. De manera especial, las producidas por gran cantidad de virus, nos deparan y desgraciadamente nos depararán muchas más sorpresas desagradables y de gran peligrosidad. Además, los controles de barcos y aviones que llegan con miles de pasajeros hacen la labor más que imposible. Y no es una crítica, pero ya ni los vacunados se controlan como se hacía con anterioridad. Miles de miles de viajeros arriban continuamente durante noches o días y quién sabe qué enfermedades pueden acarrear. Acá encontrarán las maneras de propagarlas. Imagínese que esto puede suceder en puertos con todos los adelantos. ¿Qué podrá ocurrir en tanto lugar costero desocupado en donde cualquier embarcación puede arribar sin que se les inspeccione? Los esfuerzos y son bastantes que las autoridades efectúan podrán ser insuficientes. La complejidad y extensión del problema es enorme.
Para los pocos que no lo sepan, las cuarentenas son períodos de aislamiento preventivo, pero que no tienen porqué durar cuarenta días, lo cual sí era muy frecuentes en épocas anteriores. Hoy, los días que ellas toman varían y ya nunca llegan a tanto. Dicho aislamiento varía. Tenía y aún tiene por objeto, observar a personas o a los animales bajo sospechas de padecer enfermedades, sobre todo contagiosas que pudieran ser transmitidas o por ellos o a través de otras clases de vectores (mosquitos, ratas, piojos, garrapatas y demás).De modo que de manera especial los barcos al llegar a todo puerto, difícil control, deberían ser abordados por médicos que pedían certificados de vacunas contra ciertas enfermedades, indagaban si venían personas enfermas en ellos y, hasta inspeccionaban rincones y carga en busca de las mismas amenazas, en forma de las alimañas o insectos o aguas contaminadas y demás. Todo lo anterior viene al caso porque el lugar que en la fotografía de hoy les mostramos es nada menos que la isla de Culebra, situada en el golfo de Panamá, aquí enfrente de nosotros, a él también pertenecían Naos, Perico y Flamenco, las cuales están sufriendo una diferente invasión, pero de hoteles, bares, restaurantes, muelles, pequeños astilleros, carreteras, muchedumbres que ojalá no sea tan mortífera o tanto para la ecología de la isla, como para los que la visiten. El lugar no se ve muy alto como debiera ser, pero el nombre de Culebra aparece en la fotografía. Era allí, en esos edificios que se ven, otros serían depósitos u oficinas, y en los cuales en los primeros años de nuestra vida republicana bajo la égida de los estadounidenses era en donde se cumplían esas cuarentenas sirviendo las construcciones que se ven para alojar a los enfermos bajo observación. Más bien eran pocas las enfermedades que, en esos tiempos, se trataban de controlar. Hoy a pesar de tantas efectivas vacunas y otros medios de prevención, las enfermedades que nos pueden venir del exterior son hasta más numerosas. Y eso que el control de las epidemias ha avanzado en forma de cada vez mayor efectividad. De manera especial, las producidas por gran cantidad de virus, nos deparan y desgraciadamente nos depararán muchas más sorpresas desagradables y de gran peligrosidad. Además, los controles de barcos y aviones que llegan con miles de pasajeros hacen la labor más que imposible. Y no es una crítica, pero ya ni los vacunados se controlan como se hacía con anterioridad. Miles de miles de viajeros arriban continuamente durante noches o días y quién sabe qué enfermedades pueden acarrear. Acá encontrarán las maneras de propagarlas. Imagínese que esto puede suceder en puertos con todos los adelantos. ¿Qué podrá ocurrir en tanto lugar costero desocupado en donde cualquier embarcación puede arribar sin que se les inspeccione? Los esfuerzos y son bastantes que las autoridades efectúan podrán ser insuficientes. La complejidad y extensión del problema es enorme.

No era que en épocas anteriores hubiesen menos enfermedades infecto contagiosas. Lo que sucedía es que eran muy pocas las que se conocían y mucho menos sus maneras de atacar.

En los años en que nuestra fotografía de hoy fue captada (primera o segunda década del siglo XX) apenas si se luchaba contra el cólera, la fiebre amarilla, la llamada peste bubónica, gripa, lepra, tifo o viruela.

Si alguno o varios pasajeros, eran sospechosos de sufrir de cólera se tenía en cuarentena durante 5 días, si de fiebre amarilla 6; si de peste bubónica 7; si de viruela 14; si de tifo 12; si de lepra en forma casi indefinida.

Casi todos esos males han desaparecido práctica o totalmente hoy.

Y ya no hay cuarentenas, entre otras cosas porque repetimos, ¿Cómo se sabe si los miles de pasajeros que ingresan a diario sufren de alguna enfermedad? ¿Cuántos médicos, a dónde y por cuántas horas tendrán que tratar de llevar un control?

Es otro de los ejemplos de cómo por un lado, los adelantos nos traen ventajas pero grandes inconvenientes también.

Además y a pesar de ciertas medidas preventivas efectivas, tantas nuevas vacunas, tantos nuevos avances farmacológicos, tanto nuevo procedimiento diagnóstico, ahí tenemos por ejemplo y de manera especial a los virus que no dan su brazo a torcer.

Que si el H6N1 de la gripa aviaria, que si el del dengue, que si el del hanta, que si el VIH, los de las hepatitis, los rotavirus. No nos obliguen a seguir.

Y estamos hablando de virus nada más. Y no es que nos hayamos levantado catastróficos hoy. Es que con tanta movilidad existente en la actualidad, cualquiera, para citar otro ejemplo, puede tener una aventura sexual en Asia y hoy, llegar a Panamá y mañana o a los pocos días, convertirse en un transmisor de su mal sin que este se hubiese detectado y mucho menos medicamentado.

Pero volvamos a lo de las cuarentenas para diferentes enfermedades, sus exigencias y condiciones, las cuales bajo pena de presidio se debían cumplir, fueron consignadas para la ex Zona del Canal en un amplio escrito firmado por el presidente Woodrow Wilson de EU y en la Casa Blanca el 31 de marzo de 1920. Poseemos copia de ese documento.

CORRECCIONES

Y hablemos de otro tema que se nos está convirtiendo en una verdadera epidemia también y que constituye un verdadero talón de Aquiles de esta página de "Raíces".

Nos referimos a los nombres de personas que aparecen con errores o porque les faltan o les sobran letras, lo cual nos mortifica, como es lo lógico también. Pero con la ayuda de nuestro público lector, conocedor de las raíces panameñas, podemos rectificarlos. Así por ejemplo el nombre completo y verdadero del Dios Momo de Colón —que desconocíamos— era el de José Antonio Grosso, y el de la duquesa de York es: Isabel Bowes — Lyon. Enrique Quique Zarak Linares es el nombre completo de quien nos cedió ciertas fotografías y Ricardo López Arias de quien las trabajó. Por último, pero no de último aun cuando sean unas pocas líneas (habrá unas próximas "Raíces" sobre él) Santiago Guerra "Súper" se nos adelantó en el viaje que a todos nos espera y que en el caso de él lamentamos profundamente. Santiago fue colaborador de estas páginas y un verdadero hombre de estudios y conocimientos.

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