Paco y sus dardos

El periodista Paco Gómez presenta mañana miércoles su libro ‘El malcontento, estas palabras’, en la Biblioteca Nacional.

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CONTENIDO. En su libro, Paco Gómez presenta 84 textos de su columna ‘El malcontento’ LA PRENSA/Ana Rentería CONTENIDO. En su libro, Paco Gómez presenta 84 textos de su columna ‘El malcontento’ LA PRENSA/Ana Rentería
CONTENIDO. En su libro, Paco Gómez presenta 84 textos de su columna ‘El malcontento’ LA PRENSA/Ana Rentería

Chico malo del periodismo. La clase de comunicador social que todo funcionario público perverso o empresario irresponsable quisiera ver a varios metros bajo tierra. Paco Gómez debe ser para unos un tipo molestoso y para otros un ser necesario para la buena salud democrática de Panamá.

Sus dardos salen todos los martes en el diario La Prensa y la primera columna de El malcontento fue publicada el 3 de abril de 2007. Este miércoles presenta en un libro 84 de esos golpes con los que hace reflexionar a más de uno. Será en la Biblioteca Nacional, a las 6:30 p.m., y la obra se titula El malcontento, estas palabras.

¿Cómo se escribe una buena columna?

—La teoría dice que debe tener una hipótesis de partida y los argumentos que la sustentan. Un estilo directo y un lenguaje lo más “amplio” posible. Una columna, como género, es diferente a un artículo de opinión y debe pesar mucho el encontrar un estilo personal, una complicidad con los lectores, una definición clara de posiciones ante la realidad.

¿Cómo seleccionas el tema que desarrollarás?

—Soy un lector compulsivo de medios y como activista de derechos humanos participo de muchos debates y discusiones sobre Panamá y su acontecer. Todo eso alimenta de ideas y luego hay una combinación de pertinencia y de cálculo de tiempos, ya que yo debo entregar mi columna al diario los sábados y sale publicada los martes.

¿Qué te motivó a publicar tu libro?

—El periodismo sufre de lo que Derrida califica del Mal de Archivo. Una vez que el periódico sale a la calle las historias, las denuncias, las voces quedan archivadas en el olvido. Publicar el libro es parte de la infructuosa lucha de los periodistas contra las mareas que diluyen lo escrito, pero también hay una intención de reivindicación del derecho a opinar en tiempos oscuros en los que parece que la profesión de censor tiene más atractivo que la de periodista.

¿Cuál fue la dinámica de selección?

—Una dinámica subjetiva y caprichosa, pero también he seleccionado aquellas columnas que me parecen que son más intemporales, aquellas que generaron más opinión, o aquellas que retratan mejor el momento que vivía el país.

¿Están divididos por temas?

—No, me parecía imposible. He abordado en El malcontento muchos temas. Muchos políticos, de derechos humanos, sobre el estilo de vida o sobre el planeta que nos ha tocado gestionar y vivir. Al final, decidí que el único orden posible es el cronológico.

¿Alguna re alimentación por tus columnas?

—La más llamativa fue la del presidente Martinelli y su gobierno tratando de sacarme del país, jejeje. La columna me ha ayudado a ser muy poco susceptible. Cada martes leo en prensa.com cómo algunos me desean lo peor y me consideran un mal muy poco contento. Pero imagino que es un fracaso mío que muchas veces los lectores se enzarzan en un debate sobre mí y no sobre las ideas que planteo.

Una anécdota hermosa.

—Una vez en Tonosí los maestros me contaron que colgaban la columna en la escuela y trabajan con los alumnos sobre ella y eso me hizo ver la necesidad de trabajar cada día más con el interior; y lo otro lindo fue sentir la solidaridad de los cuidacarros del Casco Antiguo o de gente de la calle cuando el Gobierno comenzó a hostigarme. Es emocionante sentir ese apoyo de la gente que uno piensa que no lee El malcontento.

¿Se han dado casos de observaciones que haces y después mejoran?

—Me encantaría que así fuera, pero no. Recuerdo una columna que escribí reconociendo la labor de la Anam en la administración anterior porque multó a la mina de Petaquilla por contaminación. A los dos días la Anam dio marcha atrás y le dio los permisos para operar. Tuve que escribir otra columna rectificando yo.

¿Son más las veces que criticas algo y se mantiene igual o peor?

—Sí, es así, pero no tiene nada que ver con el hecho de que yo lo critique o denuncie sino porque a la ficción democrática en Panamá se le acabó el periodo de garantía y estos últimos tres años han sido de retroceso institucional y de deterioro de la situación social. Mucha inversión y poca justicia social.

¿Cómo evalúas nuestra democracia?

—Un democracia formal en peligro de extinción o, como diría Julio Manduley, una Mafiocracia que excluye a todo el que no le sirve.

¿Qué situaciones atentan contra la democracia nacional?

—El excesivo presidencialismo, la falta de canales de participación real de la sociedad civil, la falta de transparencia en la gestión pública y los tintes autoritarios del Ejecutivo.

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