Psicólogo en casa Verdades a medias sobre los antidepresivos

DE LA MESITA DE NOCHE A LA BASURA I Esa fue la última ruta que siguió la caja de Prozac que hace unos meses Ana María había comprado a su hijo de 16 años diagnosticado de depresión. Para ella era la única opción después de haber leído y escuchado un montón de noticias que hablaban de los peligrosos efectos de los antidepresivos. Entre ellos, el mayor riesgo de cometer suicidio, sobre todo en jóvenes. Noticias que han causado un revuelo a nivel mundial y que han hecho poner este tipo de medicamentos en el banquillo de los acusados. En especial en países como Estados Unidos en los que se han abierto una serie de investigaciones. Así las cosas, encontrar en periódicos como The New York Times citas como esta: "Disponemos de muy buenas indicaciones de sus efectos nefastos y muy pocas de su eficacia", no es infrecuente.

CIFRAS ALARMANTES IAlgo que choca con sus estadísticas más recientes que estipulan que en un año los médicos emitieron cerca de 11 millones de recetas de antidepresivos destinados a menores de 18 años. También con las cifras que hablan de que la llamada "enfermedad del alma" afecta a más de 120 millones de personas en el mundo occidental.Además, y aunque sus efectos colaterales son innegables (van desde sequedad en la boca o problemas estomacales hasta cambios en el deseo sexual) hasta hace pocos años pocos ponían en duda su eficacia.De hecho, estas pastillas suponen la vía principal escogida por el colectivo de galenos para el tratamiento de esta afección en su modalidad endógena, un trastorno bioquímico cerebral que se manifiesta por incapacidad para enfrentarse a las tensiones ordinarias, alteraciones del sueño y el apetito, fatiga, falta de concentración y anhedonia (incapacidad para experimentar placer), entre otros síntomas. En ocasiones también son recetados para la depresión asociada al trastorno afectivo bipolar (maniaco-depresivo).

LO QUE HACE I Su mecanismo de acción consiste en actuar a nivel de la sinapsis (unión entre neuronas) favoreciendo la producción de un precursor de la serotonina (5HT), el neurotransmisor más involucrado actualmente en los cuadros depresivos. Este participa en muchos aspectos de las funciones cognoscitivas superiores como la planificación y el proceso de la toma de decisiones. Los modernos antidepresivos actúan bloqueando la recapturación de la serotonina en el espacio sináptico, favoreciendo una mayor producción de ella con menos reacciones adversas.Explica el doctor José A. Tejera —médico psiquiatra y psicoterapeuta— que "realmente estos medicamentos, desde los primeros, conocidos como tricíclicos (denominados así por su característico núcleo de 3 anillos) hasta los actuales (IRSS: inhibidores de la recaptura de serotonina, entre los que se encuentra el Prozac) no han mostrado ningún grado de peligrosidad. Eso contando que como cualquier otro tiene unos efectos secundarios que dependerán de la dosis que se sugiera y la idiosincrasia del paciente".

MIEDOS Y PREOCUPACIONES I Una preocupación que se genera de esto tiene que ver con potencial de dependencia. Un miedo que la mayoría de los especialistas considera necesario mitigar, ya que al parecer aunque la tolerancia que generan es considerable el peligro de dependencia es relativamente bajo, ya que sus efectos psicológicos no son determinantes y producen poca dependencia física.En lo que respecta a las noticias apocalípticas relacionadas con su uso, Tejera aclara: "es importante señalar que últimamente han comenzado a salir informaciones muy delicadas sobre que los antidepresivos producen suicidio, sobre todo en los adolescentes.

ALERTA I Sin embargo, hasta el momento no se ha podido demostrar que sea así. En lo que sí hay que tener cuidado tanto con respecto a esta población como con los niños y adultos es con el hecho clínico de que cuando una persona está deprimida puede tener ideas relacionadas con quitarse la vida pero por su estado anímico bajo no tiene fuerzas para ejecutar el acto. Sin embargo, una vez que va saliendo del cuadro mórbido se va llenando de la energía necesaria para hacerlo. Por lo tanto, los antidepresivos por sí mismos no producen riesgo de suicidio. Ahora bien, hay que estar muy pendientes de cuando el paciente vaya saliendo del cuadro severo. "Ello implica que toda persona que tome este fármaco necesita un seguimiento especializado llevado por un psiquiatra que debe, junto a la familia, ir monitoreando la recuperación clínica y evitando la posibilidad de que pueda hacerse daño".

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