CELEBRACIONES DEL PASADO. UN VISTAZO A LO QUE VIVIMOS.

Raíces Los eternos carnavales

Esta fotografía fue tomada entre 1910 y 1914, tal como fueron marcadas en otras de la misma colección. El carro alegórico que aquí aparece se llama “Carro de los príncipes”. Se trata tal como ustedes pueden ver de una bonita carroza arreglada en forma muy original. La punta del navío, o sea el mascarón de la proa, representa a una reina con una corona puesta y otra que quién sabe qué uso tendría o a quién se la va a entregar. Puede que el par de elegantes señores que vemos cerca de nuestras miradas sean el conductor y un paje como parte del desfile que pronto se va a iniciar. Esta toma a juzgar por una pequeña parte del edificio que se ve al fondo, parece que pertenece al área de lo que se llama El Malecón, al lado del Palacio de Gobierno en donde hoy hay un amplio estacionamiento a orilla del mar y de muy poco uso. También es vecino del Teatro Nacional. Esta fotografía fue tomada entre 1910 y 1914, tal como fueron marcadas en otras de la misma colección. El carro alegórico que aquí aparece se llama “Carro de los príncipes”. Se trata tal como ustedes pueden ver de una bonita carroza arreglada en forma muy original. La punta del navío, o sea el mascarón de la proa, representa a una reina con una corona puesta y otra que quién sabe qué uso tendría o a quién se la va a entregar. Puede que el par de elegantes señores que vemos cerca de nuestras miradas sean el conductor y un paje como parte del desfile que pronto se va a iniciar. Esta toma a juzgar por una pequeña parte del edificio que se ve al fondo, parece que pertenece al área de lo que se llama El Malecón, al lado del Palacio de Gobierno en donde hoy hay un amplio estacionamiento a orilla del mar y de muy poco uso. También es vecino del Teatro Nacional.
Esta fotografía fue tomada entre 1910 y 1914, tal como fueron marcadas en otras de la misma colección. El carro alegórico que aquí aparece se llama “Carro de los príncipes”. Se trata tal como ustedes pueden ver de una bonita carroza arreglada en forma muy original. La punta del navío, o sea el mascarón de la proa, representa a una reina con una corona puesta y otra que quién sabe qué uso tendría o a quién se la va a entregar. Puede que el par de elegantes señores que vemos cerca de nuestras miradas sean el conductor y un paje como parte del desfile que pronto se va a iniciar. Esta toma a juzgar por una pequeña parte del edificio que se ve al fondo, parece que pertenece al área de lo que se llama El Malecón, al lado del Palacio de Gobierno en donde hoy hay un amplio estacionamiento a orilla del mar y de muy poco uso. También es vecino del Teatro Nacional.

La verdad es que ya casi estamos muy cansados de volver a tener que escribir sobre el Carnaval y de esa misma palabra pero en plural.

De lo primero y de sus orígenes allá en las antiguas Roma y Grecia, es muy poco lo que se puede aportar.

De lo segundo y, si nos fuéramos a referir a los que se "celebran" acá en la capital lo que dan son ganas de llorar.

Menos mal que nuestras fotografías de hoy se refieren a festividades carnestolendas en esta misma ciudad, pero muchos años atrás, cuando todo se desarrollaba con gran altura y dignidad.

La otra foto es en el interior durante carnavales aún presentables, pero con peligro de cambiar no para lo mejor.

Si me fueran a preguntar, con gusto diría lo que para muchos podría resultar una barbaridad, y es que hemos debido trabajar todos estos días y esperar a ver si para el año entrante al fin resulta algo digno de celebrar.

A los que venden licores y vulgaridad electrónica, los volvemos a felicitar, pero al pueblo que se deja embaucar, a éste sí que no.

Estamos para sacrificios y no para brincotear. Y ahorremos aunque sea agua para que haya para tan siquiera bañarse después, ya que los que es plata será para gasolina, teléfono, electricidad y pare de contar.

"Raíces" está dispuesta a sufrir el costo "político" —palabra que está ahora de moda—.

Pero si las deudas del país, la "pichicumería" de los ricachones para pagar impuestos, los trabajos que pasan los pobres, el problema del Seguro y tantos otro más, no son suficientes para no pensar en carnavalear, entonces si ya uno ni sabe qué es lo que se debe pensar.

¿O será que este pueblo está tonto, hipnotizado, manipulado y otros "ados" o "idos" más?

Hay que hacer sacrificios gústenos o no nos guste, pero comenzando desde las alturas.

Que llegue la deseada transparencia, la eliminación de privilegios ofensivos, el castigo a los que no cumplan con lo establecido —una vida menos pletórica de lujos inútiles y demás—.

Lástima que por falta de ingenio y hasta de dinero no se aprovechen los carnavales para decir todo aquello por medio de tonadas, de versos, de comparsas que adecuadamente salieran a expresar lo que el pueblo verdadero —no los falsos y adinerados representantes— supieran expresar.

Un ejemplo nos proporcionan los carnavales del Brasil: hay exceso de lujo es verdad, pero los motivos que se cantan y se bailan tienen siempre una carga de protesta digna de imitar.

Pero protesta que nazca desde abajo y que esté desprovista de oscuros intereses económicos, políticos y otros cuantos e inaceptables motivos más.

Esto que se convirtió en una arenga, no tiene otro objetivo que el desear que se dejen las pasiones más que interesadas, vengan desde donde vengan, y que se espere unos cuántos meses más para ver si aparece el mejoramiento, pero para todos y qué tanto vamos a necesitar. ¡Caramba! Y eso que dizque no quería escribir sobre el Carnaval.

Textos: Harry Castro StanziolaFotografías: Ricardo López Arias, de Archivos y de Luis H. Moreno

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