Refugios de vida, fuentes de servicios ambientales

El 2 de febrero, Día Mundial de los Humedales, se presentará el ‘Inventario de humedales continentales y costeros de Panamá’.

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Agua y alimento. Necesidades que suplen los humedales, que además proveen escenarios ideales para la recreación y el turismo, y servicios ambientales. Son sumideros de carbono, purifican agua, ayudan a controlar inundaciones. Y, pese a sus bondades, las actividades humanas los están degradando y reduciendo.

Un documento de la Convención de Ramsar sobre Humedales [tratado internacional del que Panamá es signatario, y que promueve la preservación de Humedales de Importancia Internacional] señala que estos están siendo reemplazados con campos agrícolas y construcciones. Algunos son sobreexplotados o contaminados. Una realidad de la que no escapa Panamá.

El biólogo Jorge Abadía, de la Dirección de Ordenación y Manejo Integral de la Autoridad de los Recursos Acuáticos (Arap) señala que, en el caso de los manglares, a veces, la gente los destruye por ignorancia. “No saben que hay reglas para su tala y que estos estabilizan las costas, son la primera defensa contra tormentas y reducen el impacto de los vientos”.

Por eso, enfatiza la necesidad de políticas de educación ambiental y de divulgación sobre la importancia de todo tipo de humedal. “El cambio climático es una alerta. Debemos tener planes de mitigación y adaptación”.

Precisamente, en este, el Año Internacional de la Biodiversidad, el lema del Día Mundial de los Humedales, que es el 2 de febrero, es “Cuidar los humedales, una respuesta al cambio climático”.

En esa fecha, el Comité Nacional de Humedales ­integrado por representantes de instituciones de Gobierno, el Instituto Smithsonian y ONG­ presentará el Inventario de Humedales Continentales y Costeros de Panamá, un trabajo documental y de campo (preliminar) que describe unos 39 humedales del país (no incluye aquellos exclusivamente marinos, como los arrecifes), su estado de conservación, amenazas, las especies que albergan, e incluye mapas y datos socioeconómicos de cada región.

También se presentará la “Política Nacional de Humedales”, iniciativa que arrancó este mes y con la que se pretende lograr un manejo productivo de estos recursos, con conservación. Según el funcionario de Arap, se hará una consultoría y varios talleres donde participarán instituciones y representantes de sectores involucrados con los humedales. Al final, se elaborará un documento “nutrido”, que será revisado por el Comité Nacional de Humedales para su aprobación. Algunos datos podrían añadirse al inventario.

La vegetación de los humedales panameños incluye distintos tipos de bosque, con especies como helechos, árboles de espavé, marañón, mangle, bambú, cuipo y guarumo, entre muchos otros.

La fauna está representada por mamíferos (manatí, jaguar, monos, perezoso, etc.); reptiles (tortugas, cocodrilos, serpientes, etc.); peces (bagre, chogorro, corvina, anchoveta, etc.); crustáceos (camarón, langosta, cangrejos, etc.) y aves (gavilán, caracara, ibis, etc.).

Rosabel Miró, directora de la Sociedad Audubon Panamá y miembro del Comité Nacional de Humedales, agrega que además de las miles de aves playeras migratorias que llegan a las costas de la bahía de Panamá, hay aves escurridizas que habitan ciénagas, como los rascones, otras no tan escurridizas como la garza-tigre cuellinuda, y patos locales y migratorios que visitan lagunas como la de Matusagaratí, en Darién.

Según el inventario, en Panamá hay cuatro humedales de Importancia Internacional Ramsar, que abarcan 2,050.34 km2: el Golfo de Montijo, San San Pond Sak, Punta Patiño y bahía de Panamá. Además, hay 17 humedales en áreas protegidas, que ocupan 874.078 km2; y 18 humedales de importancia fuera de áreas protegidas, con una superficie de 2 mil 200.27 km2 (ver mapa).

Ya hay propuestas para incluir como nuevos sitios Ramsar a Damani-Guariviara y al paisaje protegido Isla Escudo de Veraguas.

Una de las recomendaciones que plantea el documento es profundizar la información de los humedales inventariados con datos limitados, como los de Cerros Fábrega, Itamut y Echandi, y abordar los humedales netamente marinos.

También señala que es “impostergable” estudiar los acuíferos subterráneos, sobre todo en zonas de expansión agrícola y urbana, para regular su uso, “teniendo en cuenta las condiciones climáticas actuales y las proyecciones de cambio a futuro”; y que los humedales de tipo kárstico, como los que “aparentemente” hay en el Bosque Protector y Paisaje Protegido San Lorenzo, “merecen un estudio sistemático”.

Bahía de Panamá: un año como área protegida

Por su importancia internacional como sitio de escala y estadía para aves playeras migratorias, la Anam declaró el Humedal Bahía de Panamá como Área Protegida, a través de la Resolución Nº AG-0072-2009 de 3 de febrero de 2009. Son unas 85 mil 652 hectáreas de ambientes terrestres, fluviales, lacustres, estua- rinos y marino costeros, con categoría de manejo de “Refugio de Vida Silvestre”. Pero en esta zona, hay varios usos de suelo y se han dado casos de tala de manglar y relleno de pantanos.

El inventario de humedales señala que entre las presiones que podrían poner en peligro la integridad ecológica de este sitio Ramsar están la contaminación, la expansión urbana sobre manglares, la deforestación en la cuenca alta de los ríos, concesiones para extraer arena y la sobreexplotación pesquera.

También preocupa el cambio climático. “Muchas de las zonas coste- ras que están en la mira de los desarrollos urbanos son las mismas iden- tificadas por la Anam como vulnerables. Tenemos que trabajar ­promotores de proyectos, autoridades y ONG­ en buscar alternativas que no pongan en riesgo de inundaciones a las comunidades existentes, ni a las inversiones que se quieren hacer”, dice la directora de la Sociedad Audubon Panamá, Rosabel Miró.

Después de la declarato- ria como área protegida, añade Miró, se empezó a trabajar en un proyecto para crear un Plan de Conservación para este humedal. Los avances se presentarán en un foro, el 3 de febrero, al que asistirán más de 30 científicos y representantes de Wetlands International, BirdLife Internacional, el US Forest Service, el US Fish and Wildlife Service, el US Canadian Wild- life Service y varias ONG. “La bahía de Panamá es importante para todo el hemisferio occidental. Debemos contribuir en la conservación de sus humedales, ciénagas, manglares y fangales”, concluye Miró.

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