El último cromagnon Cielos lejanos y amores perros

LÍMITE MATERNO. Nunca sabré a ciencia cierta el porqué a mi madre se le terminaba el horizonte en la cerca del patio de nuestra casa. A lo mejor lo hacía para protegernos de demonios inexistentes o del vocabulario de los otros niños. Quizás era una forma de no mezclar sus hijos con otros niños, que podrían contaminar a su familia con las realidades del barrio.

AFECTO CON PATAS GRANDES. La niebla del tiempo borra mi memoria, y lo único que recuerdo es a mi perra Mancha como compañera inseparable de mis juegos infantiles.La falta de otros niños a la hora de la diversión era suplida con sus saltos y sus ladridos. Las tardes estaban llenas de sus juegos interminables y de su carácter amistoso. Al volver de la escuela aun sin verme ya Mancha sabía que el bus me había dejado en la esquina.Mi pequeño mundo estaba formado por nuestro cariño mutuo, por nuestras ganas de querer sudar, y esa forma nuestra de entendernos a punta de amores perros. Las noches fueron llenas con sus patas; y los atardeceres de soledad desaparecieron gracias a mi perra.

POR UNA MORDIDA. Una tarde mi perra mordió a otro niño, quien descuidadamente se atrevió a entrar al patio sagrado de mi madre. La solución fue regalarla, deshacerse del problema peludo. A partir de ese momento tendría yo un atardecer sin risas ni pulgas. Busqué a mi perra desesperadamente. La busqué como busca el amigo a su hermano perdido en un parque. Espere durante días y meses el retorno de Mancha; no solo la esperé sino que también la lloré. Amores perros, sé que es de locos, pero es amor.

CRECER, QUÉ DOLOR. Dos años después visité a mi tía en una finca en Chilibre y encontré a mi perra casi muerta, descuidada y con heridas mortales infligidas por un animal salvaje. Allí amarrada, fundiéndose con el cemento, la abracé y me estigmaticé con su sangre y me manché de dolor. Algo que nunca había sentido se apoderó de mi corazón. Ese día dejé de ser un niño. Comprendí la maldad del adulto, la indolencia de aquellos que no entienden la amistad.

AMOR REINCIDENTE. Nunca quise tener otro animal hasta que 20 años después, en el lago de Maracaibo, Venezuela, encontré deambulando como una loca a una perra cubierta de petróleo. Todos la pateaban y la largaban porque manchaba las aceras. Sus ojos brillaban por el hambre, y la irritación causada por los químicos impregnados en su pelaje la hacían revolcarse de dolor.Conseguí una soga y me la llevé al barco donde estaba trabajando en ese momento, y me quedé con ella.Las largas travesías del Atlántico fueron maravillosas con la compañía de mi nueva amiga. Los atardeceres fueron compartidos con un buen hueso que robaba de la cocina. Jugábamos al escondite entre las bodegas y las jarcias. Buena amiga, buena compañera.

SEGUNDA PARTE DE UNA PÉRDIDA. Pero nuestra amistad no iba a durar para siempre; al igual que todo lo lindo de esta vida, llegaría a término.Mi canina amiga fue detenida en la ciudad de Marsella, Francia, por no tener papeles. Flopy era una indocumentada. Traté de explicarles a las autoridades las razones para no separarnos. Llegué a pelearme, y por último, con la amenaza de una orden para mandarme preso si no obedecía, la abandoné a un gendarme comprensivo, quien permitió que me ladrase por última vez mientras nos despedíamos desde un lejano muelle. Allá la dejé. En un puerto donde hablaban un idioma desconocido para ella, un lugar donde no había delfines. Amores perros, son diferentes a los que inspira una una falda, pero igual son amores.

Escribiendo este artículo veo a mi perro Drako, un pointer alemán, mirando las cristalinas aguas de Isla Grande. Permanece inmóvil durante horas, observando los peces en el fondo del arrecife, rogándole a san Pedro que le mandé un equipo de buceo para poder comérselos todos. Su vida, al igual que la mía, contemplando el cielo eterno, tiene algo en común: nuestra amistad. Pronto él dejará a los peces tranquilos, y yo dejaré de soñar con las estrellas. Me gustaría, al morir, descubrir que existe un cielo.Me encantaría que al llegar allí estén los seres que he amado y que también estén mis perros saltando y ladrando como cuando fuimos amigos. Un cielo con perros. Me gusta la idea. A lo mejor es posible... ojalá.

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