EPISODIOS DE LA INDEPENDENCIA. GRACIAS A COLÓN POR FIN ALCANZAMOS LA VICTORIA.

El 5 de noviembre de 1903

Los caballeros que aquí aparecen eran los miembros de la Junta Revolucionaria de Colón, dependiente de la junta de la capital en 1903. Sentados, de izquierda a derecha: Porfirio Meléndez (1854-1915), el jefe, nacido en Colón y Juan Antonio Henríquez (1860-1915) nacido en Panamá; De pie y en el mismo orden, observamos a Orondaste L. Martínez (1858-1915), nacido en Cartagena (Colombia), pero afincado en la capital atlántica. Por último, Carlos Clemant (1858-1933), quien tenía el grado de Teniente Coronel, título ganado en el enfrentamiento de Coto tras haber sido invadida esta población chiricana por fuerzas costarricenses. Era también natural de la capital. Los caballeros que aquí aparecen eran los miembros de la Junta Revolucionaria de Colón, dependiente de la junta de la capital en 1903. Sentados, de izquierda a derecha: Porfirio Meléndez (1854-1915), el jefe, nacido en Colón y Juan Antonio Henríquez (1860-1915) nacido en Panamá; De pie y en el mismo orden, observamos a Orondaste L. Martínez (1858-1915), nacido en Cartagena (Colombia), pero afincado en la capital atlántica. Por último, Carlos Clemant (1858-1933), quien tenía el grado de Teniente Coronel, título ganado en el enfrentamiento de Coto tras haber sido invadida esta población chiricana por fuerzas costarricenses. Era también natural de la capital.

Los caballeros que aquí aparecen eran los miembros de la Junta Revolucionaria de Colón, dependiente de la junta de la capital en 1903. Sentados, de izquierda a derecha: Porfirio Meléndez (1854-1915), el jefe, nacido en Colón y Juan Antonio Henríquez (1860-1915) nacido en Panamá; De pie y en el mismo orden, observamos a Orondaste L. Martínez (1858-1915), nacido en Cartagena (Colombia), pero afincado en la capital atlántica. Por último, Carlos Clemant (1858-1933), quien tenía el grado de Teniente Coronel, título ganado en el enfrentamiento de Coto tras haber sido invadida esta población chiricana por fuerzas costarricenses. Era también natural de la capital.

Aquí vuelve a aparecer Porfirio Meléndez junto con su hija Aminta (1886-1979). Aminta iba a cumplir sus 18 años de edad, cuando su padre en momentos supremamente peligrosos la envió a Panamá. Viajó en un tren de carga portando una carta en donde se le pedía a militares estadounidenses que impidieran la acción de buena parte del ejército colombiano, que al mando de los generales Tobar y Amaya y del coronel Torres había arribado en dos barcos al puerto de Limón. Aminta cumplió su labor, pero en realidad fue su padre Porfirio Meléndez quien a base de su dinero hizo posible el viaje del coronel Torres y sus tropas a Colombia. Aminta Meléndez fue mi paciente hasta el último día de su vida, la que se apagó un domingo, cuando sentada en una silla de su sala escuchaba con otros miembros de su familia, el sorteo dominical de la lotería. Aquí vuelve a aparecer Porfirio Meléndez junto con su hija Aminta (1886-1979). Aminta iba a cumplir sus 18 años de edad, cuando su padre en momentos supremamente peligrosos la envió a Panamá. Viajó en un tren de carga portando una carta en donde se le pedía a militares estadounidenses que impidieran la acción de buena parte del ejército colombiano, que al mando de los generales Tobar y Amaya y del coronel Torres había arribado en dos barcos al puerto de Limón. Aminta cumplió su labor, pero en realidad fue su padre Porfirio Meléndez quien a base de su dinero hizo posible el viaje del coronel Torres y sus tropas a Colombia. Aminta Meléndez fue mi paciente hasta el último día de su vida, la que se apagó un domingo, cuando sentada en una silla de su sala escuchaba con otros miembros de su familia, el sorteo dominical de la lotería.

Aquí vuelve a aparecer Porfirio Meléndez junto con su hija Aminta (1886-1979). Aminta iba a cumplir sus 18 años de edad, cuando su padre en momentos supremamente peligrosos la envió a Panamá. Viajó en un tren de carga portando una carta en donde se le pedía a militares estadounidenses que impidieran la acción de buena parte del ejército colombiano, que al mando de los generales Tobar y Amaya y del coronel Torres había arribado en dos barcos al puerto de Limón. Aminta cumplió su labor, pero en realidad fue su padre Porfirio Meléndez quien a base de su dinero hizo posible el viaje del coronel Torres y sus tropas a Colombia. Aminta Meléndez fue mi paciente hasta el último día de su vida, la que se apagó un domingo, cuando sentada en una silla de su sala escuchaba con otros miembros de su familia, el sorteo dominical de la lotería.

Fueron numerosas las reuniones, las llamadas personales, las comunicaciones con la capital de Estados Unidos, que entre panameños y estadounidenses se realizaron para que al fin el 3 de noviembre de 1903 fuera el día escogido para proclamar nuestra separación de Colombia, país al cual Panamá se había unido voluntariamente desde el 10 de noviembre de 1821 se separara pacíficamente del país suramericano. Por cierto, hay que decir que muy poco se ganó con esa anexión.

El 3 de noviembre de ese año, los hermanos Domingo y Pedro Díaz organizaron una concurrida manifestación, que partiendo del parque de Santa Ana terminó en el de la Catedral, en donde en sus cercanías y más precisamente en el Palacio Municipal se efectuaba una reunión del Consejo Municipal bajo la presidencia de Demetrio H. Brid, en donde en forma oficial se proclamó la mencionada separación.

Al día siguiente, 4 de noviembre, y por medio de un Cabildo Abierto, centenares de ciudadanos en la misma plaza de la Catedral firmaron un manifiesto en que se apoyaba a la decisión edilicia.

Todo parecía irse desarrollando según lo planeado, la separación estaba por llegar.

Pero no fue así, ya que al amanecer del 3 de noviembre los barcos colombianos "Cartagena" y "Alexander Bixio", y el estadounidense "Nashville", arribaban a la Bahía de Colón.

Desembarcaron de los barcos colombianos 500 hombres bien armados y con ganas de luchar, comandados por los expertos generales Tobar y Amaya, con la intención de apoderarse de dicho puerto y marchar después hacia la capital, lo cual no fue posible porque las autoridades del ferrocarril (que era una especie de agencia de Estados Unidos, a falta de una en Panamá, por no ser aún una nación reconocida) se encargaron de buscar excusas a fin de que el traslado de las tropas de Colombia hacia la ciudad de Panamá no se pudiera efectuar. Tan sólo sus generales fueron trasladados y acá se convirtieron en prisioneros.

Los 500 hombres quedaron en Colón y al mando del coronel Torres no hubo forma de poderlos trasladar. El coronel se puso iracundo y vociferante, amenazando con matar a todo panameño, estadounidense o extranjero que se opusiera a lo anterior.

Comenzaron entonces las conversaciones entre los miembros de la Junta Revolucionaria colonense del alcalde Eleazar Guerrero y de otras autoridades locales, con el objetivo de convencer a los colombianos de que abandonaran Panamá, lo cual se logró con el sólido argumento pecuniario (ocho mil dólares) que logró pacificar al coronel Torres.

En el barco "Orinoco" partió este último y todos sus soldados.

Fue entonces cuando el miembro de la Junta Revolucionaria de Colón, Juan Antonio Henríquez, envió hacia Panamá un telegrama que decía así: "Sólo ahora, 7:30 p.m. puede decirse que la independencia de Panamá está asegurada".

Y como todo esto último sucedió el 5 de noviembre de 1903, ese día es el que conmemoramos hoy.

Si pensamos las horas de angustia y terror vividas en Colón, y el empeño puesto por panameños y norteamericanos en resolver la peligrosa situación, mientras en Panamá reinaba relativa tranquilidad, no podemos menos de exclamar: Recordemos a Colón no sólo hoy, sino por el resto del tiempo, y ayudémosle de verdad, que bastante él ha ayudado desde entonces al resto de la nación.

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