Los ritos funerales de los antiguos coclé

Dos sepulcros encontrados durante las excavaciones realizadas por los científicos de la fundación El Caño, parecen relatar cómo era para los antiguos coclé, la muerte y trascendencia espiritual.

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Cuenco para recibir los fluidos corporales del difunto. Cuenco para recibir los fluidos corporales del difunto.

Cuenco para recibir los fluidos corporales del difunto. Foto por: CORTESÍA

Pectoral torcido, probablemente por el enfardelamiento del cuerpo del difunto jefe guerrero, encontrada en la tumba T2. Pectoral torcido, probablemente por el enfardelamiento del cuerpo del difunto jefe guerrero, encontrada en la tumba T2.

Pectoral torcido, probablemente por el enfardelamiento del cuerpo del difunto jefe guerrero, encontrada en la tumba T2. Foto por: CORTESÍA

La fundación El Caño estudia la posibilidad de explorar en 2017 bajo el suelo donde se encuentran los monolitos. La fundación El Caño estudia la posibilidad de explorar en 2017 bajo el suelo donde se encuentran los monolitos.

La fundación El Caño estudia la posibilidad de explorar en 2017 bajo el suelo donde se encuentran los monolitos. Foto por: LA PRENSA/David Mesa

Bajo la tierra seca de El Caño, aún yacen elementos que narran la historia de la antigua civilización coclé, conocida también como los “guerreros de oro de Panamá”.

Así lo cree la arqueóloga Julia Mayo, cuyas investigaciones científicas en la necrópolis panameña, continúan desvelando cómo era la estructura social e identidad etnocultural de estos morados prehispánicos, cuya cultura sobrevivió hasta principios del siglo XVII, según sus pesquisas.

Piezas de oro, cerámica, piedra y resina, por ejemplo, confirman que se trata de una sociedad sofisticada, marcial, jerarquizada y de gran sensibilidad artística, cuyos entierros y ritos funerales podrían ayudar a comprender el modelo social ejecutado en la vetusta Jefatura de Río Grande.

En ese sentido, dos sepulcros encontrados durante las excavaciones de Mayo y los científicos que conforman la fundación El Caño, parecen relatar cómo era para los coclé la muerte y su consecuente trascendencia espiritual.

Se trata de las tumbas T2 y T7, halladas en 2009 y 2015, respectivamente, cuyas osamentas y contenidos hoy parecen detallar prácticas funerarias y episodios de ofrendas, que denotan la compleja estructura protocolar que ya existía en torno al fallecimiento.

Para la arqueóloga panameña Julia Mayo, los entierros forman parte de los ritos de paso, tan intrínsecos de las diversas sociedades del planeta.

El concepto, acuñado por el antropólogo francés Arnold van Gennep, incluye aquellas actividades que marcan la transición de un estado hacia otra circunstancia.

Para los antiguos coclé, la muerte daba pie a ceremoniales, con el ideal quizás, de conseguir que el alma de los difuntos se separe de su vida terrenal y arribe exitosamente “al más allá”, dice la experta.

Las exploraciones realizadas en El Caño, han desvelado sepulcros cuyas composiciones parecen relatar las costumbres funerarias de los antiguos moradores de Río Grande.

Se trata de ritos y entierros, que de acuerdo con Mayo, también incluían otros ceremoniales, que según la teoría antropológica se dividen en tres fases: Un período de separación, otro de transición y una etapa de transformación.

Para Mayo, quien este 26 de mayo disertará sobre este tema en el Museo del Oro del Banco de la República de Colombia, los cementerios resultan una fuente de información de provecho para estudiar los arquetipos sociales. Y en ese sentido, las tumbas encontradas en la necrópolis de El Caño, han comenzado a arrojar algunas pistas sobre sus ocupantes y “la vida vivida”, como dijera el escritor argentino Jorge Luis Borges.

La tumba T2, encontrada en 2009, pertenece a un guerrero importante al que se le han practicado hasta ocho ceremonias diferentes, adicional a su ritual funerario.

Artefactos y cuencos utilizados para recoger los fluidos resultantes de la preparación del cuerpo del difunto han determinado parte de la dinámica funeraria de los coclé.

La metodología aplicada por Mayo es de estratigrafía cultural, es decir, que cada pieza encontrada en una fosa fue estudiada como un elemento vinculante con esa tumba.

Aunque los sepulcros encontrados en El Caño son diferentes, también cuentan con elementos en común: Son grandes fosas dentro de un aluvión, con entierros múltiples y ofrendas posteriores a la sepultura.

Para el equipo científico, es de suma importancia, antes de abordar el ritual funerario, determinar a quién pertenece la oquedad.

Así, en la fosa T2 han podido conocer que su protagonista era un guerrero entre los 40 y 45 años, considerado mayor para la época. Mientras que en la tumba T7, hallada en 2015, se trata de un niño.

Los ajuares funerarios, por su parte, ayudaron a dar pistas sobre el rol social que cumplían. Según Mayo, en el caso del guerrero, se sabe que tras fallecer lo primero que se hizo fue vestirlo y a continuación, desecarlo.

Los restos de un gran cuenco, de 53 centímetros de diámetro y 28 centímetros de altura, que fue utilizado probablemente para acoger los fluidos corporales luego de haber sido deshidratado.

Estas costumbres son relatadas en las crónicas de González Fernández de Oviedo y Gaspar de Espinosa, quienes durante la colonia española fueron testigos de estas prácticas en diversos poblados.

Tras el desecado, el cuerpo era enfardelado y atado con cuerdas. De acuerdo con Mayo, algunos de los pectorales encontrados en la tumba del guerrero muestran señales de deformidad, producto quizás de estos amarres, hechos de derecha hacia la izquierda.

A continuación se trasladaba el cuerpo en barcas hasta El Caño, por afluente cercano al parque. “En ese viaje iban los oficiantes de ritual y las 27 personas que enterraban con el cuerpo”, afirma Mayo, quien señala el sitio donde hoy permanecen las esculturas de monolitos, como la zona ceremonial.

“Creemos que los entierros se realizaban durante la estación seca”, explica la arqueóloga, quien tiene la convicción de que las excavaciones previas al sepulcro eran realizadas en la estación lluviosa, por la sequedad de la tierra.

Para Mayo, El Caño aún no ha terminado de contar su historia pasada, y es por ello que tiene pensado explorar bajo el suelo donde se encuentran los monolitos, para comprender mejor el complejo.

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