El último cromagnon De un trabajador romano

REFLEXIÓN I Nunca antes le había molestado el matar. "Creo que es la primera vez que me siento incómodo al matar a un hombre", pensó el legionario. Luculo miró detenidamente la cruz donde yacía un hombre llamado Jesús. Luculo era un soldado romano, nacido en la región de Catania, y criado en Sicilia. De niño le encantaba escuchar historias de la grandeza romana, nombres como Zama o Escipión le hacían temblar de orgullo. Roma era grandiosa, y él era parte de esa grandeza.Luculo sabía que Jesús moriría pronto; la mirada azul que tiene todo hombre antes de ver a Caronte le era familiar. Él sabía cómo matar a un hombre, él era un hastati, o legionario de primera línea. El arte de matar era su profesión.Luculo miraba atentamente al crucificado... ¿qué diferencia existía entre este enigmático orate y los otros miles de crucificados por Roma?Poncius Pilato había ordenado personalmente su crucifixión, bajo el cargo de rebelión contra el Estado, una rebelión que todos sabían era falsa; no es que importara mucho, pero este hombre era inocente.Luculo miraba los músculos fuertes y bronceados del crucificado buscando algo extraordinario en su musculatura, algo que lo hiciese diferente en un campo de batalla, para así poder entender por qué le tenían tanto temor a este hombre. Sólo encontró en sus ojos algo extraño y enigmático, algo que le recordaba el olor de los naranjos en su niñez.Los otros legionarios se acomodaron su lorica o coraza y dispusiéronse a jugarse el manto del crucificado. Luculo miró el letrero sobre la cruz que decía Jesús rey de los judíos. El letrero estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Una pequeña broma romana.

DEBER I El destino del soldado era matar o morir, no había otra opción. Triste la suerte del vencido. Las muestras de afecto y amor por la madre del crucificado le eran incómodas. Una mujer romana jamás se rebajaría a expresarse de esa manera en público.El cielo comenzó a ponerse extrañamente oscuro y las aves del cielo desaparecieron de los árboles; el firmamento parecía de luto y Luculo empuñó instintivamente su espada; como si al hacerlo encontraría en su mango la fortaleza del que lucha contra crepúsculos y sombras.Miró nuevamente los ojos de Jesús y para su sorpresa éste lo miró y dijo: "Tengo sed". Luculo le acercó el vinagre para que se lo diesen. Sabía que la muerte estaba sentada ya sobre Jesús. El nazareno levantó su mirada al cielo y bajando la barbilla dijo "consumado es". Su día de trabajo estaba por terminar. Se encontraba en una tierra distante a su patria, con costumbres tan diferentes, especialmente con sus mujeres. Cómo extrañaba a las mujeres romanas.Su guardia estaba por concluir, pero antes de retirarse remató a los otros dos crucificados, que no habían muerto aún y le clavó una lanza en el costado a Jesús. Cuestión de orgullo propio, en un trabajo bien hecho.

IMPORTANTE I Caviló en el poder de Roma y se enorgulleció de la importancia de su trabajo.Pobre loco, un maniático que decía que era hijo de Dios. Luculo suspiró profundamente y pensó en una copa de vino caliente y en lo mucho que le gustaba su trabajo, un poco aburrido a veces, pero no es cualquier trabajador el que puede darse el lujo de matar a un hijo de Dios todos los días... ¿o sí?

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